Contacto: Seat Ibiza

Las primeras impresiones con el nuevo Seat Ibiza, que se pondrá a la venta el próximo mes de febrero y que costará entre 10.800 y 15.700 euros –la versión más barata y la más cara–, confirman algunas cosas y permiten vislumbrar otras. Por un lado, la habitabilidad es algo mejor que en el anterior, la línea muy agresiva, el comportamiento, bastante bueno a priori, los motores rinden bien y no hay una ganancia especialmente significativa de lo que se percibe en calidad de rodadura con la actual generación.

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Por dentro está bien resuelto. Hay más espacio que antes, pero tampoco algo que se perciba como una ganancia notoria. Si acaso, algo más de anchura. El mecanismo para subir y bajar los asientos es cómodo y la regulación, por primera vez en un Ibiza, del volante en profundidad y altura, permiten ver un esfuerzo de la marca en ofrecer algo más. Aunque ello contrasta con la tercera plaza trasera, sin reposacabezas. El salpicadero está bien hecho, aunque los plásticos saltan a la vista como un poco ásperos. Hay diferencia de acabado final entre la versión Signo y las Sport y Stella. La versión Sport tiene voltímetro –algo raro en el equipamiento hoy día de los coches- y los aros que rodean los relojes pueden ser del color de la carrocería. La facilidad para hacer funcionar los mandos es buena, aunque el elevalunas del lado derecho resulta menos cómodo de accionar que el de la puerta de la izquierda. El cambio se maneja correctamente y la dirección es rápida y directa. Esta es electrohidráulica y oficialmente se adapta de forma “inteligente" a la forma de conducir, pero en la práctica no es más directa o rápida que la de última generación. Por dentro está bien resuelto. Hay más espacio que antes, pero tampoco algo que se perciba como una ganancia notoria. Si acaso, algo más de anchura. El mecanismo para subir y bajar los asientos es cómodo y la regulación, por primera vez en un Ibiza, del volante en profundidad y altura, permiten ver un esfuerzo de la marca en ofrecer algo más. Aunque ello contrasta con la tercera plaza trasera, sin reposacabezas. El salpicadero está bien hecho, aunque los plásticos saltan a la vista como un poco ásperos. Hay diferencia de acabado final entre la versión Signo y las Sport y Stella. La versión Sport tiene voltímetro –algo raro en el equipamiento hoy día de los coches- y los aros que rodean los relojes pueden ser del color de la carrocería. La facilidad para hacer funcionar los mandos es buena, aunque el elevalunas del lado derecho resulta menos cómodo de accionar que el de la puerta de la izquierda. El cambio se maneja correctamente y la dirección es rápida y directa. Esta es electrohidráulica y oficialmente se adapta de forma “inteligente" a la forma de conducir, pero en la práctica no es más directa o rápida que la de última generación. Por dentro está bien resuelto. Hay más espacio que antes, pero tampoco algo que se perciba como una ganancia notoria. Si acaso, algo más de anchura. El mecanismo para subir y bajar los asientos es cómodo y la regulación, por primera vez en un Ibiza, del volante en profundidad y altura, permiten ver un esfuerzo de la marca en ofrecer algo más. Aunque ello contrasta con la tercera plaza trasera, sin reposacabezas. El salpicadero está bien hecho, aunque los plásticos saltan a la vista como un poco ásperos. Hay diferencia de acabado final entre la versión Signo y las Sport y Stella. La versión Sport tiene voltímetro –algo raro en el equipamiento hoy día de los coches- y los aros que rodean los relojes pueden ser del color de la carrocería. La facilidad para hacer funcionar los mandos es buena, aunque el elevalunas del lado derecho resulta menos cómodo de accionar que el de la puerta de la izquierda. El cambio se maneja correctamente y la dirección es rápida y directa. Esta es electrohidráulica y oficialmente se adapta de forma “inteligente" a la forma de conducir, pero en la práctica no es más directa o rápida que la de última generación. Por dentro está bien resuelto. Hay más espacio que antes, pero tampoco algo que se perciba como una ganancia notoria. Si acaso, algo más de anchura. El mecanismo para subir y bajar los asientos es cómodo y la regulación, por primera vez en un Ibiza, del volante en profundidad y altura, permiten ver un esfuerzo de la marca en ofrecer algo más. Aunque ello contrasta con la tercera plaza trasera, sin reposacabezas. El salpicadero está bien hecho, aunque los plásticos saltan a la vista como un poco ásperos. Hay diferencia de acabado final entre la versión Signo y las Sport y Stella. La versión Sport tiene voltímetro –algo raro en el equipamiento hoy día de los coches- y los aros que rodean los relojes pueden ser del color de la carrocería. La facilidad para hacer funcionar los mandos es buena, aunque el elevalunas del lado derecho resulta menos cómodo de accionar que el de la puerta de la izquierda. El cambio se maneja correctamente y la dirección es rápida y directa. Esta es electrohidráulica y oficialmente se adapta de forma “inteligente" a la forma de conducir, pero en la práctica no es más directa o rápida que la de última generación. Por dentro está bien resuelto. Hay más espacio que antes, pero tampoco algo que se perciba como una ganancia notoria. Si acaso, algo más de anchura. El mecanismo para subir y bajar los asientos es cómodo y la regulación, por primera vez en un Ibiza, del volante en profundidad y altura, permiten ver un esfuerzo de la marca en ofrecer algo más. Aunque ello contrasta con la tercera plaza trasera, sin reposacabezas. El salpicadero está bien hecho, aunque los plásticos saltan a la vista como un poco ásperos. Hay diferencia de acabado final entre la versión Signo y las Sport y Stella. La versión Sport tiene voltímetro –algo raro en el equipamiento hoy día de los coches- y los aros que rodean los relojes pueden ser del color de la carrocería. La facilidad para hacer funcionar los mandos es buena, aunque el elevalunas del lado derecho resulta menos cómodo de accionar que el de la puerta de la izquierda. El cambio se maneja correctamente y la dirección es rápida y directa. Esta es electrohidráulica y oficialmente se adapta de forma “inteligente" a la forma de conducir, pero en la práctica no es más directa o rápida que la de última generación. Por dentro está bien resuelto. Hay más espacio que antes, pero tampoco algo que se perciba como una ganancia notoria. Si acaso, algo más de anchura. El mecanismo para subir y bajar los asientos es cómodo y la regulación, por primera vez en un Ibiza, del volante en profundidad y altura, permiten ver un esfuerzo de la marca en ofrecer algo más. Aunque ello contrasta con la tercera plaza trasera, sin reposacabezas. El salpicadero está bien hecho, aunque los plásticos saltan a la vista como un poco ásperos. Hay diferencia de acabado final entre la versión Signo y las Sport y Stella. La versión Sport tiene voltímetro –algo raro en el equipamiento hoy día de los coches- y los aros que rodean los relojes pueden ser del color de la carrocería. La facilidad para hacer funcionar los mandos es buena, aunque el elevalunas del lado derecho resulta menos cómodo de accionar que el de la puerta de la izquierda. El cambio se maneja correctamente y la dirección es rápida y directa. Esta es electrohidráulica y oficialmente se adapta de forma “inteligente" a la forma de conducir, pero en la práctica no es más directa o rápida que la de última generación. Por dentro está bien resuelto. Hay más espacio que antes, pero tampoco algo que se perciba como una ganancia notoria. Si acaso, algo más de anchura. El mecanismo para subir y bajar los asientos es cómodo y la regulación, por primera vez en un Ibiza, del volante en profundidad y altura, permiten ver un esfuerzo de la marca en ofrecer algo más. Aunque ello contrasta con la tercera plaza trasera, sin reposacabezas. El salpicadero está bien hecho, aunque los plásticos saltan a la vista como un poco ásperos. Hay diferencia de acabado final entre la versión Signo y las Sport y Stella. La versión Sport tiene voltímetro –algo raro en el equipamiento hoy día de los coches- y los aros que rodean los relojes pueden ser del color de la carrocería. La facilidad para hacer funcionar los mandos es buena, aunque el elevalunas del lado derecho resulta menos cómodo de accionar que el de la puerta de la izquierda. El cambio se maneja correctamente y la dirección es rápida y directa. Esta es electrohidráulica y oficialmente se adapta de forma “inteligente" a la forma de conducir, pero en la práctica no es más directa o rápida que la de última generación. Por dentro está bien resuelto. Hay más espacio que antes, pero tampoco algo que se perciba como una ganancia notoria. Si acaso, algo más de anchura. El mecanismo para subir y bajar los asientos es cómodo y la regulación, por primera vez en un Ibiza, del volante en profundidad y altura, permiten ver un esfuerzo de la marca en ofrecer algo más. Aunque ello contrasta con la tercera plaza trasera, sin reposacabezas. El salpicadero está bien hecho, aunque los plásticos saltan a la vista como un poco ásperos. Hay diferencia de acabado final entre la versión Signo y las Sport y Stella. La versión Sport tiene voltímetro –algo raro en el equipamiento hoy día de los coches- y los aros que rodean los relojes pueden ser del color de la carrocería. La facilidad para hacer funcionar los mandos es buena, aunque el elevalunas del lado derecho resulta menos cómodo de accionar que el de la puerta de la izquierda. El cambio se maneja correctamente y la dirección es rápida y directa. Esta es electrohidráulica y oficialmente se adapta de forma “inteligente" a la forma de conducir, pero en la práctica no es más directa o rápida que la de última generación. Por dentro está bien resuelto. Hay más espacio que antes, pero tampoco algo que se perciba como una ganancia notoria. Si acaso, algo más de anchura. El mecanismo para subir y bajar los asientos es cómodo y la regulación, por primera vez en un Ibiza, del volante en profundidad y altura, permiten ver un esfuerzo de la marca en ofrecer algo más. Aunque ello contrasta con la tercera plaza trasera, sin reposacabezas. El salpicadero está bien hecho, aunque los plásticos saltan a la vista como un poco ásperos. Hay diferencia de acabado final entre la versión Signo y las Sport y Stella. La versión Sport tiene voltímetro –algo raro en el equipamiento hoy día de los coches- y los aros que rodean los relojes pueden ser del color de la carrocería. La facilidad para hacer funcionar los mandos es buena, aunque el elevalunas del lado derecho resulta menos cómodo de accionar que el de la puerta de la izquierda. El cambio se maneja correctamente y la dirección es rápida y directa. 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La facilidad para hacer funcionar los mandos es buena, aunque el elevalunas del lado derecho resulta menos cómodo de accionar que el de la puerta de la izquierda. El cambio se maneja correctamente y la dirección es rápida y directa. Esta es electrohidráulica y oficialmente se adapta de forma “inteligente" a la forma de conducir, pero en la práctica no es más directa o rápida que la de última generación. Por dentro está bien resuelto. Hay más espacio que antes, pero tampoco algo que se perciba como una ganancia notoria. Si acaso, algo más de anchura. El mecanismo para subir y bajar los asientos es cómodo y la regulación, por primera vez en un Ibiza, del volante en profundidad y altura, permiten ver un esfuerzo de la marca en ofrecer algo más. Aunque ello contrasta con la tercera plaza trasera, sin reposacabezas. El salpicadero está bien hecho, aunque los plásticos saltan a la vista como un poco ásperos. Hay diferencia de acabado final entre la versión Signo y las Sport y Stella. La versión Sport tiene voltímetro –algo raro en el equipamiento hoy día de los coches- y los aros que rodean los relojes pueden ser del color de la carrocería. La facilidad para hacer funcionar los mandos es buena, aunque el elevalunas del lado derecho resulta menos cómodo de accionar que el de la puerta de la izquierda. El cambio se maneja correctamente y la dirección es rápida y directa. Esta es electrohidráulica y oficialmente se adapta de forma “inteligente" a la forma de conducir, pero en la práctica no es más directa o rápida que la de última generación. Por dentro está bien resuelto. Hay más espacio que antes, pero tampoco algo que se perciba como una ganancia notoria. Si acaso, algo más de anchura. El mecanismo para subir y bajar los asientos es cómodo y la regulación, por primera vez en un Ibiza, del volante en profundidad y altura, permiten ver un esfuerzo de la marca en ofrecer algo más. Aunque ello contrasta con la tercera plaza trasera, sin reposacabezas. El salpicadero está bien hecho, aunque los plásticos saltan a la vista como un poco ásperos. Hay diferencia de acabado final entre la versión Signo y las Sport y Stella. La versión Sport tiene voltímetro –algo raro en el equipamiento hoy día de los coches- y los aros que rodean los relojes pueden ser del color de la carrocería. La facilidad para hacer funcionar los mandos es buena, aunque el elevalunas del lado derecho resulta menos cómodo de accionar que el de la puerta de la izquierda. El cambio se maneja correctamente y la dirección es rápida y directa. Esta es electrohidráulica y oficialmente se adapta de forma “inteligente" a la forma de conducir, pero en la práctica no es más directa o rápida que la de última generación. Por dentro está bien resuelto. Hay más espacio que antes, pero tampoco algo que se perciba como una ganancia notoria. Si acaso, algo más de anchura. El mecanismo para subir y bajar los asientos es cómodo y la regulación, por primera vez en un Ibiza, del volante en profundidad y altura, permiten ver un esfuerzo de la marca en ofrecer algo más. Aunque ello contrasta con la tercera plaza trasera, sin reposacabezas. El salpicadero está bien hecho, aunque los plásticos saltan a la vista como un poco ásperos. Hay diferencia de acabado final entre la versión Signo y las Sport y Stella. La versión Sport tiene voltímetro –algo raro en el equipamiento hoy día de los coches- y los aros que rodean los relojes pueden ser del color de la carrocería. La facilidad para hacer funcionar los mandos es buena, aunque el elevalunas del lado derecho resulta menos cómodo de accionar que el de la puerta de la izquierda. El cambio se maneja correctamente y la dirección es rápida y directa. Esta es electrohidráulica y oficialmente se adapta de forma “inteligente" a la forma de conducir, pero en la práctica no es más directa o rápida que la de última generación. Por dentro está bien resuelto. Hay más espacio que antes, pero tampoco algo que se perciba como una ganancia notoria. Si acaso, algo más de anchura. El mecanismo para subir y bajar los asientos es cómodo y la regulación, por primera vez en un Ibiza, del volante en profundidad y altura, permiten ver un esfuerzo de la marca en ofrecer algo más. Aunque ello contrasta con la tercera plaza trasera, sin reposacabezas. El salpicadero está bien hecho, aunque los plásticos saltan a la vista como un poco ásperos. Hay diferencia de acabado final entre la versión Signo y las Sport y Stella. La versión Sport tiene voltímetro –algo raro en el equipamiento hoy día de los coches- y los aros que rodean los relojes pueden ser del color de la carrocería. La facilidad para hacer funcionar los mandos es buena, aunque el elevalunas del lado derecho resulta menos cómodo de accionar que el de la puerta de la izquierda. El cambio se maneja correctamente y la dirección es rápida y directa. Esta es electrohidráulica y oficialmente se adapta de forma “inteligente" a la forma de conducir, pero en la práctica no es más directa o rápida que la de última generación. Por dentro está bien resuelto. Hay más espacio que antes, pero tampoco algo que se perciba como una ganancia notoria. Si acaso, algo más de anchura. El mecanismo para subir y bajar los asientos es cómodo y la regulación, por primera vez en un Ibiza, del volante en profundidad y altura, permiten ver un esfuerzo de la marca en ofrecer algo más. Aunque ello contrasta con la tercera plaza trasera, sin reposacabezas. El salpicadero está bien hecho, aunque los plásticos saltan a la vista como un poco ásperos. Hay diferencia de acabado final entre la versión Signo y las Sport y Stella. La versión Sport tiene voltímetro –algo raro en el equipamiento hoy día de los coches- y los aros que rodean los relojes pueden ser del color de la carrocería. La facilidad para hacer funcionar los mandos es buena, aunque el elevalunas del lado derecho resulta menos cómodo de accionar que el de la puerta de la izquierda. El cambio se maneja correctamente y la dirección es rápida y directa. Esta es electrohidráulica y oficialmente se adapta de forma “inteligente" a la forma de conducir, pero en la práctica no es más directa o rápida que la de última generación. Por dentro está bien resuelto. Hay más espacio que antes, pero tampoco algo que se perciba como una ganancia notoria. Si acaso, algo más de anchura. El mecanismo para subir y bajar los asientos es cómodo y la regulación, por primera vez en un Ibiza, del volante en profundidad y altura, permiten ver un esfuerzo de la marca en ofrecer algo más. Aunque ello contrasta con la tercera plaza trasera, sin reposacabezas. El salpicadero está bien hecho, aunque los plásticos saltan a la vista como un poco ásperos. Hay diferencia de acabado final entre la versión Signo y las Sport y Stella. La versión Sport tiene voltímetro –algo raro en el equipamiento hoy día de los coches- y los aros que rodean los relojes pueden ser del color de la carrocería. La facilidad para hacer funcionar los mandos es buena, aunque el elevalunas del lado derecho resulta menos cómodo de accionar que el de la puerta de la izquierda. El cambio se maneja correctamente y la dirección es rápida y directa. Esta es electrohidráulica y oficialmente se adapta de forma “inteligente" a la forma de conducir, pero en la práctica no es más directa o rápida que la de última generación. Por dentro está bien resuelto. Hay más espacio que antes, pero tampoco algo que se perciba como una ganancia notoria. Si acaso, algo más de anchura. 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El salpicadero está bien hecho, aunque los plásticos saltan a la vista como un poco ásperos. Hay diferencia de acabado final entre la versión Signo y las Sport y Stella. La versión Sport tiene voltímetro –algo raro en el equipamiento hoy día de los coches- y los aros que rodean los relojes pueden ser del color de la carrocería. La facilidad para hacer funcionar los mandos es buena, aunque el elevalunas del lado derecho resulta menos cómodo de accionar que el de la puerta de la izquierda. El cambio se maneja correctamente y la dirección es rápida y directa. Esta es electrohidráulica y oficialmente se adapta de forma “inteligente" a la forma de conducir, pero en la práctica no es más directa o rápida que la de última generación. Por dentro está bien resuelto. Hay más espacio que antes, pero tampoco algo que se perciba como una ganancia notoria. Si acaso, algo más de anchura. 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El salpicadero está bien hecho, aunque los plásticos saltan a la vista como un poco ásperos. Hay diferencia de acabado final entre la versión Signo y las Sport y Stella. La versión Sport tiene voltímetro –algo raro en el equipamiento hoy día de los coches- y los aros que rodean los relojes pueden ser del color de la carrocería. La facilidad para hacer funcionar los mandos es buena, aunque el elevalunas del lado derecho resulta menos cómodo de accionar que el de la puerta de la izquierda. El cambio se maneja correctamente y la dirección es rápida y directa. Esta es electrohidráulica y oficialmente se adapta de forma “inteligente" a la forma de conducir, pero en la práctica no es más directa o rápida que la de última generación.