Contacto: Maserati Coupé

Pese a su similitud con el extinto 3200 GT, el nuevo Coupé de Maserati es mucho más que un escueto cambio de mecánica. Sustanciales retoques en bastidor, mecánica y electrónica lo convierten en un Gran Turismo de alto contenido tecnológico.

Los materiales nobles son parte integrante del entorno de los ocupantes y la terminación raya a buena cota. El nivel sonoro no es bajo y, aunque da gusto oír cómo brama el V8 bajo carga, hay otros factores en este capítulo no tan agradables. Las prestaciones son dignas del mejor deportivo, pero los frenos —pese a las pinzas de cuatro pistones— acaban perdiendo algo de eficacia en tramos de fuerte exigencia. La conducción transmite gloriosas sensaciones, con gran facilidad para adaptarse al uso de las palancas de mando del cambio tras el volante.

El comportamiento no presenta lagunas y tanto en rutas despejadas, donde el coche se acerca a su velocidad máxima con extrema diligencia, como en zonas retorcidas, muestra un aplomo digno y una rapidez encomiable. No es un deportivo extremo, ni está puesto a punto como tal, y todo su equipamiento electrónico —sólo le falta el ESP— impide que el conductor se vea abocado a situaciones delicadas, si no es a causa de un error de apreciación mayúsculo.

Con respecto al 3200 GT, este Coupé consigue un dinamismo aún mayor, un sensible crecimiento del placer de conducción y un comportamiento más noble. La ganancia es apreciable. Ahora le toca luchar frente a Porsche y Jaguar por un lugar en el paraíso.