Con la cabeza en su sitio

Casi nunca nos preocupamos de regularlo correctamente y pocas veces nos damos cuenta de que está ahí, pero es un elemento de seguridad fundamental para evitarnos lesiones de gravedad en caso de accidente. Su nombre: el reposacabezas

Para evitar que nada de esto nos ocurra, la primera norma a seguir es colocar de forma correcta el reposacabezas. Para ello el asiento debe estar lo más vertical posible sin comprometer en demasía la comodidad del conductor. Conseguido esto, la altura superior del reposacabezas debe estar a la misma altura que la parte superior de la cabeza del ocupante con una distancia con la nuca inferior a 4 centímetros. De no poder lograrse esa altura máxima, el reposacabezas debe ajustarse lo más alto posible sin sobrepasar la altura máxima de la cabeza, pero tampoco debería quedar nunca por debajo de la altura de los ojos del ocupante. Esta regulación, evidentemente, sólo la podremos hacer en aquellos que lo permitan, los llamados ajustables. Los otros dos tipos de reposacabezas existentes en el mercado son los conocidos como independientes (configurados como elementos aislados del propio asiento) y fijos (aquellos que forman parte inseparable de la estructura del asiento). Los primeros son los menos frecuentes, mientras que los fijos son, en opinión de los expertos, los que proporcionan una mayor protección a los ocupantes. Tanto unos como otros pueden ser pasivos (no tiene ningún sistema interno que actúe en caso de accidente) o activos (incorporan algún sistema que intenta evitar lesiones una vez producida la colisión). Entre estos, destaca el sistema combinado de asiento y reposacabezas desarrollado por Volvo y denominado WHIPS que ha obtenido las mejores puntuaciones en diferentes pruebas de choque EuroNCAP. El sistema WHIPS, acrónimo inglés procedente de la expresión "Whiplash Protection System" o Sistema de Protección contra Latigazos Cervicales, lo incorpora la marca en todos sus vehículos.