¿Cómo afectará Kioto a los conductores?

Empieza la puja. España se prepara para cumplir el protocolo de Kioto y todas las industrias discuten cuántas emisiones contaminantes les dejarán emitir. La automoción también compite, y el reparto no es baladí: los españoles podrían llegar a pagar el doble por la gasolina o, incluso, asumir fuertes impuestos si su vehículo contamina más de la cuenta.

El RACC pide ventajas fiscales para los coches menos contaminantes
El RACC pide ventajas fiscales para los coches menos contaminantes

No estamos listos, todos lo aceptan. El protocolo de Kioto establece que España sólo podrá emitir en el año 2010 un 15 por ciento más del CO2 que lanzaba a la atmósfera en 1990. Y, sólo el año pasado, esta cifra ya se había superado en un 40 por ciento. Durante todo este tiempo, según los socialistas, el antiguo Gobierno del PP “no ha hecho sus deberes". Llega la recta final y deben decidir cómo se reparten las emisiones. Así de simple: a quién dejan echar más humo. La siderurgia, la química, la construcción y, por supuesto, la industria de la automoción se miran con recelo. Si alguien se pasa con las emisiones, deberá pagar una fuerte multa o comprar “derechos" de emisión a otros sectores. Casi con toda probabilidad, los fabricantes deberán pagar más para adaptarse al protocolo de Kioto, pero ¿qué pasará con los conductores?Todavía no hay nada decidido, pero seguramente la reducción de CO2 afecte directamente a nuestros bolsillos. En el entorno del Gobierno ya “ha dejado caer" que los impuestos de los carburantes podría subir un 50 por ciento. Según estimaciones de UGT, el sector del refino necesitaría que le concedieran una emisión de más de 14 millones de toneladas. Y sólo estamos hablando de la producción de gasolina. El problema del transporte es mucho mayor. Según este sindicato, los vehículos son los responsables del 60 por ciento de las emisiones contaminantes de nuestro país. Sin embargo, se trata de un “sector difuso", como lo define el propio ministro de Industria, José Montilla. No está incluido en la Directiva europea sobre Comercio de Derechos de Emisión, es decir, no podría entrar en la compra-venta de estos permisos para difundir más CO2. José Montilla ha admitido que el mercado petrolífero sigue cubierto de “nubarrones". La inestabilidad geopolítica, una producción al límite y una demanda insaciable siguen lastrando al crudo. Ayer, Nueva York cerró con un incremento del tres por ciento en el precio del barril.En Irak, el terrorismo ha elegido una particular diana, las instalaciones petrolíferas, y todo Occidente tiembla al pensar que podríamos estar ante otra guerra del Yom Kippur (el enfrentamiento árabe-israelí que desencadenó la más dura crisis energética que se recuerda en 1973). Cada país intenta controlar los precios de los combustibles como buenamente puede. En España, se ha acordado abrir más gasolineras. Se pretende que aumente la competencia y, con ello, bajen los precios. Sin embargo, según reconoció el propio Montilla, “estas medidas difícilmente van a tener efecto en la coyuntura actual. Son pensando en el medio plazo".