Coches y ciudad, amor y odio

A lo largo del siglo XX, las ciudades han crecido sin control, a lo ancho, a lo largo y a lo alto. Esta expansión se ha sustentado en el crecimiento del automóvil como medio de transporte. Ahora empiezan a verse los límites a este proceso. Hay que replantearse la relación entre el coche y la ciudad, entre la automoción y el urbanismo.

Coches y ciudad, amor y odio
Coches y ciudad, amor y odio

A la hora de establecer nuevas bases, surge una duda. ¿Quién debe resultar beneficiado en este debate? Aquí, los expertos ya no se ponen de acuerdo. Habitualmente hay posturas “anti-coche" que abogan por dar preponderancia al entorno frente al vehículo.
Norman Foster propone una “ciudad ideal" en la que la superficie debe reservarse para el uso humano, para los peatones y, en todo caso, para los vehículos de emergencias y los de las personas incapacitadas. Son ciudades verdes, limpias, recorridas por automóviles no contaminantes y prácticamente invisibles, pues estarán “condenados" a circular por los subterráneos.

Sin embargo, el propio Foster se da cuenta de lo complicado que es sacar los coches de las calles. De hecho, reconoce que los proyectos de peatonalización “radical" han fracasado casi siempre. Rafael Moneo, menos militante que Foster, propone que los arquitectos tengan más en cuenta al coche. El creador español recuerda que el vehículo privado se ha transformado en un símbolo de libertad individual, en un instrumento que sirve para que su propietario, el conductor, se realice. Por esta razón, Moneo pide a los arquitectos que respeten al coche, que lo integren en su obra, que construyan pensando en que es preciso vivir con el coche y no contra el coche. “No creo que nadie se sorprenda si digo que la arquitectura poco ha hecho hasta ahora por convivir con el automóvil", asegura.
Moneo cita el ejemplo positivo de Le Corbusier, uno de los principales arquitectos del siglo XX, quien ya en 1928 había diseñado la Villa Savoye, un edificio concebido sobre el giro de los coches que utilizaban su garaje. "Que los arquitectos vuelvan a ver el automóvil como un aliado y no como un instrumento odioso del que hay que desprenderse pronto", pidió Moneo durante las conferencias organizadas por la Fundación Barreiros.Un paso más allá, Vicente Verdú explica en sus obras sobre el estilo de vida de nuestro tiempo que el coche se ha convertido en uno de los ejes de la sociedad moderna. “La vida dentro del coche es una vida dentro de la vida", asegura Verdú. “En Estados Unidos, tiene mucho de rito de iniciación para los jóvenes de ambos sexos", subraya.Por su parte, Juan Miguel Antoñanzas, presidente de la Asociación Española de Profesionales de la Automoción, hace hincapié en que el automóvil es un “medio que ayuda a ejercer mejor la libertad, es símbolo de prosperidad y de estatus". “Nadie está dispuesto a prescindir del coche", apostilla. Los fríos datos son asombrosos: en España hay 25 millones de vehículos para 22 millones de posibles conductores. Es decir, crece más el parque móvil que la población. Además, en las ciudades, los coches privados ocupan mucho más espacio del que emplean sus conductores, por ejemplo, para trabajar.
Pero no sólo eso. A lo largo de nuestra vida habremos pasado entre 10 y 12 años en un coche. Y, de esa estancia motorizada, un 92 por ciento del tiempo habremos estado solos en el vehículo. Así, parece claro que la ciudad no puede prescindir de los coches. Entonces, lo que hacen falta son ideas para hacer más fácil la convivencia. Soluciones a la pregunta que plantea Antoñanzas: ¿Cuántos coches podemos soportar?