Coches a la carta

Conseguir un coche perfectamente adaptado es una tarea mucho más sencilla y barata de lo que podríamos suponer. En un tiempo en el que es posible elegir los genes de un futuro hijo, no sería concebible no ofertar una solución “a la carta" para los problemas de movilidad que sufren las personas con alguna discapacidad. Sin embargo, aún queda mucho camino por recorrer.

Coches a la carta
Coches a la carta

No son muchas las empresas que se dedican a adaptar vehículos de serie para individuos con problemas graves y permanentes de movilidad. Apenas una docena lo hacen en exclusiva y bastantes más lo combinan con el transporte de minusválidos que utilizan sillas de ruedas. Teniendo en cuenta que en España hay un millón de usuarios potenciales de estos servicios, la medida obtenida no es muy alta, pero, eso sí, suficiente para atender a la actual demanda. Una de las firmas que más tiempo lleva en el negocio es Industrial del Minusválido, que fue fundada hace más de treinta años por José María Morte, que quedó parapléjico a los 24 años después de un accidente de coche. Morte ingresó en el Instituto Guttman de Barcelona para su rehabilitación y allí fraguó la idea de crear una empresa para facilitar la movilidad a personas con sus mismos problemas. Se propuso fabricar y montar mandos en turismos y adaptar coches para el transporte de personas en silla de ruedas. Años después, firmó un importante convenio con una empresa italiana, GuidoSimplex, con el objetivo de ampliar sus horizontes. Hoy en día, Industrial del Minusválido-GuidoSimplex tiene más de 70 talleres en nuestro país dedicados, por una parte, a la adaptación de mandos para la conducción y, por otra, a la instalación de dobles mandos en coches adaptados para autoescuelas. En el primer caso, las modificaciones cuestan entre 3.500 y 6.000 euros dependiendo de la complejidad de las mismas; en el segundo, salen por unos 300 a 400 euros. La adaptación más cara tarda una semana en realizarse y comprende diversas modificaciones electrónicas: en el acelerador o en el cambio. También hay otro tipo de adaptaciones, bastante más económicas, como la colocación de elementos mecánicos. Precisamente a este tipo de modificaciones se dedica Valverauto. En esta firma defienden a “capa y espada" las adaptaciones mecánicas: “Huímos de la electrónica, porque da problemas al interactuar con otros sistemas del vehículo", según nos explica el director comercial de la compañía, Fidel Villacastín. En Valverauto, se realizan una veintena de adaptaciones, cuyo precio está entre 180 y 900 euros. En esta compañía se rigen por la filosofía de que “lo más caro no es lo mejor". Sin embargo, reconocen que hay discapacitados que no pueden optar a determinadas adaptaciones mecánicas, porque no tienen mucha fuerza en las manos. Para ellos, las adaptaciones electrónicas sí son más comunes, ya que, mediante bombas hidráulicas (servoasistencia), se consigue una manipulación más sencilla de elementos como el volante.Antes de escribir este reportaje, visitamos el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo para recopilar información. Además, era el 25 aniversario de Aspaym (Asociación de Parapléjicos y Grandes Minusválidos), que se celebró el pasado mes de octubre. Allí comprobamos, en contra de lo que creíamos, que las clases de autoescuela para una persona con discapacidad física son muy parecidas a las del resto de conductores. La escuela de conducción Juárez va a buscar a sus alumnos al mismo Hospital de Toledo. Marifé es una de los dos profesores que trabajan con discapacitados de esta escuela. Según esta docente, las adaptaciones que requiere un coche de autoescuela para minusválidos no son muy diferentes: eso sí, equipan doble mando y las modificaciones “más profundas" se producen en el puesto del conductor. “Normalmente, las adaptaciones están muy generalizadas", así que todos sus alumnos utilizan el mismo vehículo.

Lo que sí se ha elegido sin dudas es la marca de los coches que forman la flota de unidades adaptadas. Los tres son Fiat Punto, porque incluyen la dirección con la modalidad de uso City (mucha servoasistencia, que facilita las maniobras a velocidades más bajas).

En las clases de la autoescuela encontramos dos tipos de alumnos: los que ya tenían el carné de conducir antes del accidente y aquellos que quieren obtenerlo partiendo desde cero. A los primeros se les enseña a montarse en el coche, dejando la silla de ruedas en la parte trasera o en el mismo hospital, y, sobre todo, a manejar los nuevos mandos (la Dirección General de Tráfico los obliga a examinarse de nuevo con el coche adaptado). En el segundo caso, hay que empezar desde el principio. La conducción puede costar más o menos, como a cualquier conductor novel hasta que “se le coge el tranquillo al embrague", y las condiciones de circulación son iguales que para todos. En definitiva, en uno u otro caso, en nada se diferencian de “los otros futuros conductores".

Marifé nos ha contado que no sólo tiene alumnos del Hospital Nacional. Su horizonte es más amplio, ya que hasta esta escuela se trasladan alumnos de toda la provincia de Toledo. “Lo que hacemos es juntarles dos clases en un día", con el objetivo de que no tengan que estar viviendo a la capital toda la semana. Instruye a unos ocho pupilos al mes, aunque todo depende, claro, de la época del año. Las clases, nos aclara Marifé, no son más caras que para personas que no tienen estas dificultades y los exámenes, nos asegura, son los mismos. “Se examinan con el coche de la escuela que, en su caso, está adaptado", nos explica.