Claroscuros de la Opep

Cada vez que suben los combustibles, las compañías petroleras ponen cara de póker y dicen que es culpa de la coyuntura internacional, el mercado, la Opep.

La Opep reúne a 11 países repartidos por tres continentes. Algunos son muy pequeños, como Kuwait; otros, enormes, como Nigeria, Venezuela o Arabia Saudí. Entre todos reúnen más de 500 millones de habitantes y sus intereses siempre son distintos. Esta disparidad provoca tensiones. Con el sistema de cuotas de producción asignadas a cada país se producen las principales indisciplinas. Los países suelen saltarse los máximos que se fijan y producir más petróleo. Esto es porque su capacidad instalada es muy alta y les sobra el crudo. Lo que hace la Opep de vez en cuando es anunciar a bombo y platillo subidas de la producción que tranquilizan los mercados y, en realidad, sólo sirven para "blanquear" los excesos de los miembros más díscolos. Otras veces, las indisciplinas tienen carácter más político. Por ejemplo, en la reunión de ministros de marzo de 2000 Arabia Saudí, obligada por Estados Unidos, hizo valer su peso de mayor productor mundial y forzó una subida de la producción. Irán, enemigo visceral del coloso norteamericano, se negó a firmar el acuerdo, rompiendo por primera vez la unanimidad de decisión que caracteriza a la Opep. Las tensiones más habituales tienen lugar al decidir si se produce más o menos petróleo. Países con crudo en abundancia y poca población, como Arabia Saudí o Kuwait, suelen abogar por mantener los precios bajos. No necesitan demasiados ingresos y saben que eso frena la inversión occidental en nuevas fuentes de energía, con lo que perpetúan su control sobre el mercado. Otros, como Libia y Argelia, que tienen petróleos muy buenos pero escasos, quieren subir los precios a toda costa. Los que tienen mucha población y un nivel económico deprimido, como Irán o Nigeria, también presionan al alza.

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