California abre camino al control de las emisiones en EE.UU.

Hasta 2005 no estará en vigor y no será hasta el año 2009 que los coches tengan que cumplirla, pero los fabricantes automovilísticos están que "trinan" con la nueva normativa de control de emisiones contaminantes que se ha aprobado en el estado de California.

Aún está pendiente de la firma del gobernador, pero la norma aprobada en la Asamblea de California para regular las emisiones de dióxido de carbono (CO2) ya ha levantado ampollas entre los fabricantes automovilísticos.

Desde que se presentó el proyecto de ley, las críticas han sido constantes, sobre todo porque la norma no sólo afectará a California sino que tendrá repercusiones en todo el país.

Según la polémica norma, la reducción de las emisiones de los vehículos que se fabriquen en el estado deberá llevarse a cabo a partir de 2009. Sin embargo, este amplio plazo no es suficiente para los fabricantes, que ya han puesto en marcha una campaña publicitaria que "deja caer" que con esta medida se prohibirán los deportivos y los vehículos grandes.

El principal problema para las compañías automovilísticas es que en California se venden cada año unos dos millones de vehículos y, lógicamente, no se va a fabricar una partida de coches especial para este estado, con lo que las plantas de todo el país tendrán que ir adecuándose para cumplir la normativa californiana.

La principal novedad de esta ley es que es la primera en Estados Unidos que permite limitar las emisiones de dióxido de carbono, ya que la norma estatal que George Bush presentó en febrero como alternativa al Protocolo de Kioto ni fijaba límites para las emisiones de gases con efecto invernadero ni citaba el dióxido de carbono.

Con esta falta de regulación clara, en Estados Unidos quedaba un vacío legal que daba pie a seguir "saltándose" cualquier medida de protección al medio ambiente. Sin embargo, con el texto de California las cosas tendrán que cambiar.

Las organizaciones ecologistas consideran esta normativa un importante paso hacia el control de las emisiones, mientras que los fabricantes la ven inviable.

De todas formas, junto a la nueva ley, se ha firmado un compromiso por el que los fabricantes de coches podrán "comprar" el derecho a seguir contaminando. Es decir, las compañías del sector podrán pagar a otras empresas para que reduzcan sus emisiones y, de esa manera, mantener sus niveles. Esta medida también se contempla en el Protocolo de Kioto.