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Veinte kilómetros en el nuevo Toyota Avensis

Lleva toda la semana rodando casi sin parar en la redacción preparando la prueba para el próximo número de la revista Autopista, así que ahora que lo veo parado no puedo dejar pasar la oportunidad de “robarlo” durante unos minutos. “¿Me dejáis que lo “descongele” para acercar al niño al cole?”
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Veinte kilómetros en el nuevo Toyota Avensis
Veinte kilómetros en el nuevo Toyota Avensis

Si la primera impresión es la que cuenta, la del nuevo Toyota Avensis marca. Las percepciones son increíblemente positivas, propia de una gran berlina de estos tiempos. Y lo digo desde el conocimiento de haber rodado algunos miles de kilómetros con su antecesor.

Contacto y punto muerto: ¿pero qué pasa, cuanto pesa la palanca? A ver si no hemos ganado nada. La primera impresión no gusta, más conociendo los problemas de cambio que tuvimos con nuestro Avensis durante la prueba de 100.000 km.

Arranque con sordina. Será por el frío, pero el motor hace ruido. Se nota un trabajo en su aislamiento, que lo presenta más sordo, más filtrado y más de coche “gordo”. Ralentiza a altas vueltas para ganar rápido en temperatura, pero incluso después de un recorrido de unos minutos a medio régimen constante, tarda en calentarse y al primer semáforo, otra vez ralentí a 1.200 rpm.

Limpias enrasados, salpicadero de una pieza con diseño, espejos con cerco de goma en el cristal… todo lo que miras parece digno de un coche maduro.

¿Llevamos papeles? Y, si queremos, una guía telefónica. Un verdadero cajón, enorme, de cierre suave, rígido y consistente… precisamente en lo que otros fabricantes están siendo cicateros.

Pozo sin fondo. ¡Casi puedes meter la mano y tocar el suelo! Entre los asientos hay un hueco enorme, profundo. Habría que estudiar su verdadera practicidad, no sea que lo que queda al fondo se quede “para siempre” tapado por otras cosas, como en un congelador horizontal. Por cierto, qué frío en la zona más profunda, al menos con estas gélidas temperaturas.

Piso trasero plano. Da igual lo que digan las cifras, aquí entran cinco mejor que en cualquier berlina, lo que ya decíamos en el anterior Citroen C5, porque hay sitio para pies y piernas.

Mandos escondidos. En el Lexus IS-F hay que estar detenido para desconectar el control de estabilidad y pulsar el botón durante unos segundos, en el Avensis el botón de desconexión también se ubica escondido para evitar tentaciones o errores.

Para esto no hay foto: no es espectacular en el andar, la dirección se nota muy eléctrica en maniobras, como con “enganchones”, el tren delantero ha mejorado en precisión y tracción, el tren posterior se muestra mucho más en su sitio.

A ver si terminan todos los implicados en que la prueba salga publicada el próximo martes en el kiosco, desde el redactor al Centro Técnico y consigo darme un homenaje de algunos cientos de kilómetros.

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