Túneles de carretera, el miedo subterráneo

Suiza e Italia viven estos días bajo la conmoción y el miedo. Los accidentes de los túneles alpinos de San Gotardo y San Bernardino han puesto en estado de sitio sus sistemas circulatorios. Mientras se rescatan los cuerpos de los muertos, todo el mundo se pregunta qué falla en la seguridad de estas colosales infraestructuras.
Autopista -
Túneles de carretera, el miedo subterráneo

En el túnel de San Gotardo , 17 kilómetros de doble sentido entre Italia y Suiza, buscan todavía a más de 120 desaparecidos. La colisión entre dos camiones provocó también 11 muertos, y eso que estaba considerado como un ejemplo en seguridad. En el de San Bernardino ha muerto una persona tras el choque entre un camión, un autobús y un turismo. Hace dos años, en el túnel de Mont Blanc , en Francia, 39 personas perdieron la vida en un accidente que tomó tintes pavorosos. Ahora se plantean reabrirlo

Los túneles siempre son infraestructuras conflictivas. Es raro entrar en uno y no sentir un cierto estremecimiento. Sin embargo, los expertos los consideran generalmente seguros. Manuel Romana, profesor de Carreteras de la Escuela de Caminos de la Politécnica de Madrid, señala que los accidentes en los túneles son “relativamente raros”. Concede Romana que, siendo estos siniestros menos numerosos que, por ejemplo, los choques en cadena en carretera abierta, son mucho más espectaculares y su repercusión en la sociedad es mayor.

Siempre que se produce un percance de esta magnitud surge el mismo debate: ¿de quién es la culpa? Inevitablemente, siempre hay quién acusa a los conductores y quién acusa a las infraestructuras. Manuel Romana considera que la culpa debe repartirse a partes iguales. “Lo lógico es repartir riesgos y precauciones”.

Otros colegas de Romana, como Felipe Mendaña, ingeniero de Caminos especializado en túneles, aseguran que el problema es el tráfico que soporta la infraestructura. Denuncia Mendaña que el 90 por ciento de los accidentes en túneles se debe al incumplimiento de las normas de tráfico.

En medio de esta disputa casi bizantina, hay un problema capital: la educación de los usuarios. Manuel Romana asegura que es preciso invertir dinero en educar a los automovilistas. No sólo en convencerles del peligro latente que existe al circular dentro de un túnel, sino también en explicarles cómo reaccionar y cómo comportarse en una situación de peligro. “San Gotardo tenía galería de seguridad, pero quizá la gente no lo sabía”, apunta.

Por supuesto, al tiempo que se educa es preciso mejorar las infraestructuras, pero “hay que ajustar las medidas que se toman al tráfico del túnel”, explica Romana. Los especialistas parecen ponerse de acuerdo en este punto: gastar sí, pero no despilfarrar. “Es un problema de coste de infraestructuras que debe ser asumido por la sociedad. Es ella quien debe decidir cuánto se gasta en túneles”, propone el profesor de la Politécnica de Madrid.

Lógicamente, al calor de los acontecimientos la sociedad siempre demanda inversiones muy altas. Sin embargo, en ocasiones no son factibles, puesto que resultan desproporcionadas. Algunas obras son extremadamente caras (como desdoblar San Gotardo), otras, un tanto inútiles por la poca densidad de tráfico que soportan. En el punto medio está la clave, y por ese punto medio transita la educación.

Manuel Romana propone que se evalúe cada paso de este tipo y se decida qué grado de peligrosidad entraña y qué medidas se pueden tomar para mejorar la seguridad. Entre las soluciones más eficaces está la separación entre los vehículos. Esto es un problema de mentalidad de los conductores, pero se puede regular de forma exógena. En algunos puentes y túneles funcionan ya sistemas de semáforos que se encargan de graduar la distancia que separa a los coches.

Otra solución pasa por establecer horarios para camiones y para coches, con los problemas que esto puede acarrear a zonas ya de por sí aisladas. Más drástico, e infinitamente más caro, es el proyecto de construir túneles exclusivamente para camiones. No falta quien pide la prohibición de estas galerías para este tipo de vehículos. Esta solución presenta un nuevo, y mayor, problema. En las zonas donde hay rutas alternativas, éstas suelen ser pasos de montaña muy peligrosos para los camiones. Quizá fuese peor el remedio que la enfermedad.

A pesar de todas estas soluciones, el peligro existe y difícilmente se va a erradicar. Por esta razón, los expertos consultados por Autopista Online aseguran que el trabajo más duro debe realizarse educando e instruyendo a los conductores. En España, Protección Civil trabaja en un programa de prevención ante estos riesgos que estará pronto en funcionamiento.

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