Tu próximo coche será chino

¿Estarías dispuesto a comprarte un coche chino? Ahora, quizá no, pero ¿dentro de unos años? ¿Cuántos? Para un país tres veces milenario, tus plazos no cuentan. No lo dudes: los coches chinos ya están aquí y se van a quedar. Descubre cómo es la industria automovilística que más crece en el mundo.
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Tu próximo coche será chino
Tu próximo coche será chino

China es un país de dimensiones abracadabrantes. Pero, sin duda, la que más impresiona es la de su población. Los casi 1.300 millones de personas que pueblan esa nación constituyen el mayor mercado unificado del mundo, apenas seguido por la India, que es el Hércules que todavía está en la cuna.

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p> Y, sin embargo, a pesar de su aparente unidad, el mercado chino es también uno de los más dispares y sorprendentes del mundo. Sometidos a la estricta disciplina del sistema comunista, los consumidores de aquel país no tienen las mismas nociones que tenemos en Occidente sobre lo que supone comprar un bien de consumo. Si hablamos de coches, las diferencias de percepción y conocimiento son abismales.

Albrecht Stalmann, un dirigente de Volkswagen que trabajó mucho tiempo en su filial china, explica que la gran mayoría de los consumidores “ignora sencillamente los riesgos técnicos que se pueden correr debido a una falta de mantenimiento o de reparación, o bien los asumen con una resignación fatalista”. Stalmann, en cambio, recuerda que los chinos confieren una importancia máxima a la estética de sus coches. “Para los diseñadores de automóviles chinos, unos complejos efectos de alumbrado son más importantes que una protección anticorrosiva de larga duración; y unos asientos blandos con tapicerías de aspecto caro se anteponen a los sistemas electrónicos antibalanceo”, comenta el directivo a modo de ilustración.

Esta manera de entender la automoción ha estado patente en la forma en que los fabricantes anunciaban sus vehículos. En los anuncios abundaban los paisajes exóticos, los pájaros, las imágenes bucólicas… y, sencillamente, escaseaban los coches. Es decir, hasta ahora, el automóvil ha sido un signo de estatus y, por tanto, sus características estéticas han sido más importantes que las técnicas.

Esto empieza a cambiar poco a poco. Gracias a Internet, los chinos tienen más acceso a la información y empiezan a preocuparse por aspectos como la seguridad y la sofisticación técnica. Este cambio en la tendencia es lento, pero no puede desatenderse, así que los fabricantes ya aceleran el paso para construir coches cada vez más modernos.

Como ya hemos dicho, en China hay sólo 7 coches por cada 1.000 habitantes, mientras que en España la relación es 457-1.000 y en países como Estados Unidos ronda los 900-1.000. Pero, a pesar de ser una relación baja, dada la enorme población de China, hay muchos coches. Y es más: se concentran en áreas urbanas gigantescas donde el tráfico es, literalmente, un disparate.

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p> Conducir en una ciudad como Pekín es poco menos que una proeza, sobre todo, si tenemos en cuenta la escasa cultura automovilística de los chinos.
Este lío sobre ruedas no deja de crecer y hace que nos lleguen noticias pavorosas. Por ejemplo: 60.000 personas mueren cada año en China por no llevar el cinturón de seguridad. En 2005, murieron 100.000 personas en las carreteras chinas y se produjeron 470.000 accidentes.

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p> Esto, según datos oficiales, porque la Organización Mundial de la Salud eleva la cifra de muertes hasta las 250.000 durante 2005, una cantidad que las autoridades locales no reconocen. Por si fuera poco, 15.000 nuevos conductores obtienen el carnet de conducir cada día…
Así las cosas, y si nadie toma medidas, la OMS calcula que podrían contarse hasta 500.000 muertes anuales a la altura de 2020.

A pesar de su relativo atraso, los chinos lo tienen claro: quieren tener coches. La población rural emigra masivamente a las ciudades y, allí, descubren que sus conciudadanos ya no van en bici, sino en rutilantes coches de marcas propias y ajenas. Inmediatamente deciden que ellos también tienen derecho. Y así es.

Esta progresiva transformación de la sociedad permite calcular a las autoridades que, a día de hoy, unos 30 millones de familias chinas tienen acceso a la compra de un vehículo. Hace seis años eran sólo 8 millones y, para 2010, serán 50 millones de familias.

Como se puede comprender, hace falta una enorme cantidad de recursos para abastecer este deseo de motorización. Hacen falta muchas fábricas produciendo coches, muchísimos obreros trabajando en ellas, infinidad de materiales, un mar de petróleo… Pero China puede con todo. El pueblo que se hizo grande en bicicleta se hará enorme cuando popularice el motor. Y, desde aquí, sólo podemos ser rápidos para evitar que nuestra industria acabe barrida por ese empuje. Eso sí, que no te quede duda: pronto conduciremos sus coches.

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