Toyota Auris

Es el sustituto del Corolla, sí, pero el Auris nace además con el ambicioso objetivo de superar en ventas a los más exitosos compactos del mercado (C4, Focus, Golf, Astra, 307, Mégane...). Recién coronada en Detroit, Toyota pretende ahora el trono europeo y ha puesto en este modelo todas las armas necesarias para conseguir el triunfo. En España se pone a la venta el 1 de marzo con un precio de salida más que competitivo: 14.710 euros.
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Sentarse a los mandos del nuevo Auris es una experiencia que la marca promete “cautivadora”. La verdad es que, sin llegar a las hipérboles que suelen trufar las informaciones oficiales, el acomodo en el puesto de conducción –ese lugar a partir del cual los diseñadores del ED2 han generado el nuevo modelo de Toyota- es una operación sencilla, gracias a las regulaciones del volante, al anatómico diseño del asiento –bastante alto-, al agradable tacto del volante, a lo ergonómico de la palanca de cambios y a la sencillez de la instrumentación en general. Desmerece algo en este apartado el original diseño del freno de mano, cuyo accionamiento, sin embargo, no resulta demasiado práctico.

La instrumentación, por otro lado, a pesar de su diseño sencillo, con dos grandes diales y las típicas informaciones mediante iconos luminosos, tiene el inconveniente de que el velocímetro no resulta fácil de interpretar en marcha, ya que el trazado de números y líneas fraccionarias (en iluminación naranja con agujas rojas) resulta apretado en exceso, lo que dificulta la legibilidad de las cifras y en ocasiones impide comprobar de una ojeada la velocidad exacta a la que se circula (en estos tiempos de radares sutiles…).

Ya en marcha, hay que alabar el tacto de la dirección asistida eléctricamente, que transmite precisión y sensación de control sobre las trazadas. Igualmente nos ha resultado muy agradable el manejo de la palanca de cambios, de recorridos cortos y precisos, así como el volante, que no llega a las tres vueltas de tope a tope.

En el apartado de las suspensiones, los ingenieros de Toyota han conseguido un justo equilibrio entre el dinamismo y la seguridad, entre la agilidad que proporciona un gran placer de conducción y la estabilidad con que el coche responde en casi cualquier circunstancia.

Durante las jornadas de conducción convocadas por Toyota en trazados de montaña cercanos a Barcelona, tuvimos la ocasión de probar las versiones de motores Diesel de 2,2, 2,0 y 1,4 litros y la nueva mecánica de gasolina de la marca japonesa, el 1.6 Dual VVT-i. Diferencias de potencia aparte, el 2.0 y el 1.4 Diesel resultan sumamente agradables de conducir, con comportamientos irreprochables tanto en carreteras reviradas (la arquitectura de las suspensiones es idéntica en estos dos casos) como en autopistas y tramos urbanos. El 2.2, el tope de la gama, no nos ha sorprendido tanto como esperábamos, en especial sus aceleraciones, que podrían ser más brillantes; dotado de suspensiones traseras específicas, su comportamiento es tan noble como el de sus hermanos y permite buscar algún límite más lejano en pasos por curva y trazados muy cerrados. En cuanto al 1.6 de gasolina, sus desarrollos son extremadamente cortos y exige inserción de nuevas marchas mucho antes de lo que parecería lógico; si no, castiga con una rumorosidad algo excesiva, sobre todo porque aparece poco más allá de las 2.000 revoluciones. No obstante, aquí las opiniones son diversas entre los colegas que han participado en este primer contacto con el Auris y hay quien incluso alaba –por más deportiva- esta banda sonora que a nosotros nos ha parecido más bien molesta.

El mercado de los coches compactos está lleno de competidores… y de clientes, estos últimos muy variopintos y, precisamente por eso, a la búsqueda de nuevos nichos que satisfagan plenamente sus necesidades. Una gran parte de la oferta y de la demanda del mercado se encuentra frente a frente en este segmento que antes era el de los cuatro metros y que cada vez se acerca más a los cuatro y medio. En tales circunstancias, el Auris nos parece más capaz de conseguir un triunfo por su regularidad que por su brillantez puntual en determinados apartados.

El compacto de Toyota raya alto en los apartados más importantes: espacio, tecnología, prestaciones, equipamiento… y con una política comercial de precios competitivos. No nos ha parecido la gran revolución que supera y rompe con el Corolla al que sustituye, sino una gran evolución (sensata, lógica, cuidada al máximo) tras el gran salto que supuso el Corolla saliente.
El Auris supera a su antecesor y puede enfrentarse sin miedo al reto de incorporarse al selecto club de los Top 5 más vendidos.

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Sentarse a los mandos del nuevo Auris es una experiencia que la marca promete “cautivadora”. La verdad es que, sin llegar a las hipérboles que suelen trufar las informaciones oficiales, el acomodo en el puesto de conducción –ese lugar a partir del cual los diseñadores del ED2 han generado el nuevo modelo de Toyota- es una operación sencilla, gracias a las regulaciones del volante, al anatómico diseño del asiento –bastante alto-, al agradable tacto del volante, a lo ergonómico de la palanca de cambios y a la sencillez de la instrumentación en general. Desmerece algo en este apartado el original diseño del freno de mano, cuyo accionamiento, sin embargo, no resulta demasiado práctico.

La instrumentación, por otro lado, a pesar de su diseño sencillo, con dos grandes diales y las típicas informaciones mediante iconos luminosos, tiene el inconveniente de que el velocímetro no resulta fácil de interpretar en marcha, ya que el trazado de números y líneas fraccionarias (en iluminación naranja con agujas rojas) resulta apretado en exceso, lo que dificulta la legibilidad de las cifras y en ocasiones impide comprobar de una ojeada la velocidad exacta a la que se circula (en estos tiempos de radares sutiles…).

Ya en marcha, hay que alabar el tacto de la dirección asistida eléctricamente, que transmite precisión y sensación de control sobre las trazadas. Igualmente nos ha resultado muy agradable el manejo de la palanca de cambios, de recorridos cortos y precisos, así como el volante, que no llega a las tres vueltas de tope a tope.

En el apartado de las suspensiones, los ingenieros de Toyota han conseguido un justo equilibrio entre el dinamismo y la seguridad, entre la agilidad que proporciona un gran placer de conducción y la estabilidad con que el coche responde en casi cualquier circunstancia.

Durante las jornadas de conducción convocadas por Toyota en trazados de montaña cercanos a Barcelona, tuvimos la ocasión de probar las versiones de motores Diesel de 2,2, 2,0 y 1,4 litros y la nueva mecánica de gasolina de la marca japonesa, el 1.6 Dual VVT-i. Diferencias de potencia aparte, el 2.0 y el 1.4 Diesel resultan sumamente agradables de conducir, con comportamientos irreprochables tanto en carreteras reviradas (la arquitectura de las suspensiones es idéntica en estos dos casos) como en autopistas y tramos urbanos. El 2.2, el tope de la gama, no nos ha sorprendido tanto como esperábamos, en especial sus aceleraciones, que podrían ser más brillantes; dotado de suspensiones traseras específicas, su comportamiento es tan noble como el de sus hermanos y permite buscar algún límite más lejano en pasos por curva y trazados muy cerrados. En cuanto al 1.6 de gasolina, sus desarrollos son extremadamente cortos y exige inserción de nuevas marchas mucho antes de lo que parecería lógico; si no, castiga con una rumorosidad algo excesiva, sobre todo porque aparece poco más allá de las 2.000 revoluciones. No obstante, aquí las opiniones son diversas entre los colegas que han participado en este primer contacto con el Auris y hay quien incluso alaba –por más deportiva- esta banda sonora que a nosotros nos ha parecido más bien molesta.

El mercado de los coches compactos está lleno de competidores… y de clientes, estos últimos muy variopintos y, precisamente por eso, a la búsqueda de nuevos nichos que satisfagan plenamente sus necesidades. Una gran parte de la oferta y de la demanda del mercado se encuentra frente a frente en este segmento que antes era el de los cuatro metros y que cada vez se acerca más a los cuatro y medio. En tales circunstancias, el Auris nos parece más capaz de conseguir un triunfo por su regularidad que por su brillantez puntual en determinados apartados.

El compacto de Toyota raya alto en los apartados más importantes: espacio, tecnología, prestaciones, equipamiento… y con una política comercial de precios competitivos. No nos ha parecido la gran revolución que supera y rompe con el Corolla al que sustituye, sino una gran evolución (sensata, lógica, cuidada al máximo) tras el gran salto que supuso el Corolla saliente.
El Auris supera a su antecesor y puede enfrentarse sin miedo al reto de incorporarse al selecto club de los Top 5 más vendidos.

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Sentarse a los mandos del nuevo Auris es una experiencia que la marca promete “cautivadora”. La verdad es que, sin llegar a las hipérboles que suelen trufar las informaciones oficiales, el acomodo en el puesto de conducción –ese lugar a partir del cual los diseñadores del ED2 han generado el nuevo modelo de Toyota- es una operación sencilla, gracias a las regulaciones del volante, al anatómico diseño del asiento –bastante alto-, al agradable tacto del volante, a lo ergonómico de la palanca de cambios y a la sencillez de la instrumentación en general. Desmerece algo en este apartado el original diseño del freno de mano, cuyo accionamiento, sin embargo, no resulta demasiado práctico.

La instrumentación, por otro lado, a pesar de su diseño sencillo, con dos grandes diales y las típicas informaciones mediante iconos luminosos, tiene el inconveniente de que el velocímetro no resulta fácil de interpretar en marcha, ya que el trazado de números y líneas fraccionarias (en iluminación naranja con agujas rojas) resulta apretado en exceso, lo que dificulta la legibilidad de las cifras y en ocasiones impide comprobar de una ojeada la velocidad exacta a la que se circula (en estos tiempos de radares sutiles…).

Ya en marcha, hay que alabar el tacto de la dirección asistida eléctricamente, que transmite precisión y sensación de control sobre las trazadas. Igualmente nos ha resultado muy agradable el manejo de la palanca de cambios, de recorridos cortos y precisos, así como el volante, que no llega a las tres vueltas de tope a tope.

En el apartado de las suspensiones, los ingenieros de Toyota han conseguido un justo equilibrio entre el dinamismo y la seguridad, entre la agilidad que proporciona un gran placer de conducción y la estabilidad con que el coche responde en casi cualquier circunstancia.

Durante las jornadas de conducción convocadas por Toyota en trazados de montaña cercanos a Barcelona, tuvimos la ocasión de probar las versiones de motores Diesel de 2,2, 2,0 y 1,4 litros y la nueva mecánica de gasolina de la marca japonesa, el 1.6 Dual VVT-i. Diferencias de potencia aparte, el 2.0 y el 1.4 Diesel resultan sumamente agradables de conducir, con comportamientos irreprochables tanto en carreteras reviradas (la arquitectura de las suspensiones es idéntica en estos dos casos) como en autopistas y tramos urbanos. El 2.2, el tope de la gama, no nos ha sorprendido tanto como esperábamos, en especial sus aceleraciones, que podrían ser más brillantes; dotado de suspensiones traseras específicas, su comportamiento es tan noble como el de sus hermanos y permite buscar algún límite más lejano en pasos por curva y trazados muy cerrados. En cuanto al 1.6 de gasolina, sus desarrollos son extremadamente cortos y exige inserción de nuevas marchas mucho antes de lo que parecería lógico; si no, castiga con una rumorosidad algo excesiva, sobre todo porque aparece poco más allá de las 2.000 revoluciones. No obstante, aquí las opiniones son diversas entre los colegas que han participado en este primer contacto con el Auris y hay quien incluso alaba –por más deportiva- esta banda sonora que a nosotros nos ha parecido más bien molesta.

El mercado de los coches compactos está lleno de competidores… y de clientes, estos últimos muy variopintos y, precisamente por eso, a la búsqueda de nuevos nichos que satisfagan plenamente sus necesidades. Una gran parte de la oferta y de la demanda del mercado se encuentra frente a frente en este segmento que antes era el de los cuatro metros y que cada vez se acerca más a los cuatro y medio. En tales circunstancias, el Auris nos parece más capaz de conseguir un triunfo por su regularidad que por su brillantez puntual en determinados apartados.

El compacto de Toyota raya alto en los apartados más importantes: espacio, tecnología, prestaciones, equipamiento… y con una política comercial de precios competitivos. No nos ha parecido la gran revolución que supera y rompe con el Corolla al que sustituye, sino una gran evolución (sensata, lógica, cuidada al máximo) tras el gran salto que supuso el Corolla saliente.
El Auris supera a su antecesor y puede enfrentarse sin miedo al reto de incorporarse al selecto club de los Top 5 más vendidos.

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Sentarse a los mandos del nuevo Auris es una experiencia que la marca promete “cautivadora”. La verdad es que, sin llegar a las hipérboles que suelen trufar las informaciones oficiales, el acomodo en el puesto de conducción –ese lugar a partir del cual los diseñadores del ED2 han generado el nuevo modelo de Toyota- es una operación sencilla, gracias a las regulaciones del volante, al anatómico diseño del asiento –bastante alto-, al agradable tacto del volante, a lo ergonómico de la palanca de cambios y a la sencillez de la instrumentación en general. Desmerece algo en este apartado el original diseño del freno de mano, cuyo accionamiento, sin embargo, no resulta demasiado práctico.

La instrumentación, por otro lado, a pesar de su diseño sencillo, con dos grandes diales y las típicas informaciones mediante iconos luminosos, tiene el inconveniente de que el velocímetro no resulta fácil de interpretar en marcha, ya que el trazado de números y líneas fraccionarias (en iluminación naranja con agujas rojas) resulta apretado en exceso, lo que dificulta la legibilidad de las cifras y en ocasiones impide comprobar de una ojeada la velocidad exacta a la que se circula (en estos tiempos de radares sutiles…).

Ya en marcha, hay que alabar el tacto de la dirección asistida eléctricamente, que transmite precisión y sensación de control sobre las trazadas. Igualmente nos ha resultado muy agradable el manejo de la palanca de cambios, de recorridos cortos y precisos, así como el volante, que no llega a las tres vueltas de tope a tope.

En el apartado de las suspensiones, los ingenieros de Toyota han conseguido un justo equilibrio entre el dinamismo y la seguridad, entre la agilidad que proporciona un gran placer de conducción y la estabilidad con que el coche responde en casi cualquier circunstancia.

Durante las jornadas de conducción convocadas por Toyota en trazados de montaña cercanos a Barcelona, tuvimos la ocasión de probar las versiones de motores Diesel de 2,2, 2,0 y 1,4 litros y la nueva mecánica de gasolina de la marca japonesa, el 1.6 Dual VVT-i. Diferencias de potencia aparte, el 2.0 y el 1.4 Diesel resultan sumamente agradables de conducir, con comportamientos irreprochables tanto en carreteras reviradas (la arquitectura de las suspensiones es idéntica en estos dos casos) como en autopistas y tramos urbanos. El 2.2, el tope de la gama, no nos ha sorprendido tanto como esperábamos, en especial sus aceleraciones, que podrían ser más brillantes; dotado de suspensiones traseras específicas, su comportamiento es tan noble como el de sus hermanos y permite buscar algún límite más lejano en pasos por curva y trazados muy cerrados. En cuanto al 1.6 de gasolina, sus desarrollos son extremadamente cortos y exige inserción de nuevas marchas mucho antes de lo que parecería lógico; si no, castiga con una rumorosidad algo excesiva, sobre todo porque aparece poco más allá de las 2.000 revoluciones. No obstante, aquí las opiniones son diversas entre los colegas que han participado en este primer contacto con el Auris y hay quien incluso alaba –por más deportiva- esta banda sonora que a nosotros nos ha parecido más bien molesta.

El mercado de los coches compactos está lleno de competidores… y de clientes, estos últimos muy variopintos y, precisamente por eso, a la búsqueda de nuevos nichos que satisfagan plenamente sus necesidades. Una gran parte de la oferta y de la demanda del mercado se encuentra frente a frente en este segmento que antes era el de los cuatro metros y que cada vez se acerca más a los cuatro y medio. En tales circunstancias, el Auris nos parece más capaz de conseguir un triunfo por su regularidad que por su brillantez puntual en determinados apartados.

El compacto de Toyota raya alto en los apartados más importantes: espacio, tecnología, prestaciones, equipamiento… y con una política comercial de precios competitivos. No nos ha parecido la gran revolución que supera y rompe con el Corolla al que sustituye, sino una gran evolución (sensata, lógica, cuidada al máximo) tras el gran salto que supuso el Corolla saliente.
El Auris supera a su antecesor y puede enfrentarse sin miedo al reto de incorporarse al selecto club de los Top 5 más vendidos.

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La instrumentación, por otro lado, a pesar de su diseño sencillo, con dos grandes diales y las típicas informaciones mediante iconos luminosos, tiene el inconveniente de que el velocímetro no resulta fácil de interpretar en marcha, ya que el trazado de números y líneas fraccionarias (en iluminación naranja con agujas rojas) resulta apretado en exceso, lo que dificulta la legibilidad de las cifras y en ocasiones impide comprobar de una ojeada la velocidad exacta a la que se circula (en estos tiempos de radares sutiles…).

Ya en marcha, hay que alabar el tacto de la dirección asistida eléctricamente, que transmite precisión y sensación de control sobre las trazadas. Igualmente nos ha resultado muy agradable el manejo de la palanca de cambios, de recorridos cortos y precisos, así como el volante, que no llega a las tres vueltas de tope a tope.

En el apartado de las suspensiones, los ingenieros de Toyota han conseguido un justo equilibrio entre el dinamismo y la seguridad, entre la agilidad que proporciona un gran placer de conducción y la estabilidad con que el coche responde en casi cualquier circunstancia.

Durante las jornadas de conducción convocadas por Toyota en trazados de montaña cercanos a Barcelona, tuvimos la ocasión de probar las versiones de motores Diesel de 2,2, 2,0 y 1,4 litros y la nueva mecánica de gasolina de la marca japonesa, el 1.6 Dual VVT-i. Diferencias de potencia aparte, el 2.0 y el 1.4 Diesel resultan sumamente agradables de conducir, con comportamientos irreprochables tanto en carreteras reviradas (la arquitectura de las suspensiones es idéntica en estos dos casos) como en autopistas y tramos urbanos. El 2.2, el tope de la gama, no nos ha sorprendido tanto como esperábamos, en especial sus aceleraciones, que podrían ser más brillantes; dotado de suspensiones traseras específicas, su comportamiento es tan noble como el de sus hermanos y permite buscar algún límite más lejano en pasos por curva y trazados muy cerrados. En cuanto al 1.6 de gasolina, sus desarrollos son extremadamente cortos y exige inserción de nuevas marchas mucho antes de lo que parecería lógico; si no, castiga con una rumorosidad algo excesiva, sobre todo porque aparece poco más allá de las 2.000 revoluciones. No obstante, aquí las opiniones son diversas entre los colegas que han participado en este primer contacto con el Auris y hay quien incluso alaba –por más deportiva- esta banda sonora que a nosotros nos ha parecido más bien molesta.

El mercado de los coches compactos está lleno de competidores… y de clientes, estos últimos muy variopintos y, precisamente por eso, a la búsqueda de nuevos nichos que satisfagan plenamente sus necesidades. Una gran parte de la oferta y de la demanda del mercado se encuentra frente a frente en este segmento que antes era el de los cuatro metros y que cada vez se acerca más a los cuatro y medio. En tales circunstancias, el Auris nos parece más capaz de conseguir un triunfo por su regularidad que por su brillantez puntual en determinados apartados.

El compacto de Toyota raya alto en los apartados más importantes: espacio, tecnología, prestaciones, equipamiento… y con una política comercial de precios competitivos. No nos ha parecido la gran revolución que supera y rompe con el Corolla al que sustituye, sino una gran evolución (sensata, lógica, cuidada al máximo) tras el gran salto que supuso el Corolla saliente.
El Auris supera a su antecesor y puede enfrentarse sin miedo al reto de incorporarse al selecto club de los Top 5 más vendidos.

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