Talleres: la escala necesaria

En España hay más de 51.200 talleres de reparación de vehículos. Ahora, con los cambios legales que ha preparado la Unión Europea, el panorama cambia radicalmente para estas empresas. Su gran reto es afrontar estas transformaciones sin que su servicio pierda calidad. Así lo harán.
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Talleres: la escala necesaria

El decreto que regula la actividad de los talleres estipula que estos residuos deben ser retirados por los dueños de los coches, pues, al fin y al cabo, son suyos. Sin embargo, nadie se lleva estos desperdicios mecánicos, con lo que los talleres acaban convertidos en lo que ellos mismos denominan "almacenistas de residuos". Para un taller muy grande y con espacio libre, esto no es un gran problema. Los contenedores especiales de aceite, baterías, etc no les estorban mucho. Sin embargo, para los pequeños reparadores son una presencia invasora. Si a esto sumamos que deshacerse de todos estos despojos cuesta una media de 600 pesetas por coche, nos damos cuenta de lo caros que resultan para los talleres los "trozos" que les sobran a nuestros coches.

Desde Asetra, la patronal de los talleres madrileños, se ha propuesto que todos los implicados aporten dinero para la eliminación de tanta basura. Así, quieren que usuarios y administración compartan con los profesionales estos costes. "Quien contamina paga", dicen en Asetra siguiendo la doctrina europea más en boga.

Otro problema es la falta de entidades o empresas autorizadas para el tratamiento de estos residuos peligrosos. Es un asunto que, poco a poco, se va solucionando, pero que preocupa notablemente a los empresarios del sector.

Consciente de estos inconvenientes y riesgos, la Diputación de Álava, junto con el Ayuntamiento de Vitoria y la Asociación de Talleres de Automoción de Álava (ADEADA), ha llevado a cabo una idea única: ha redactado el Manual de Buenas Prácticas para Talleres. Este libro es el fruto de un informe que, tras el análisis de más de 300 talleres en su territorio, ha podido comprobar que estas instalaciones generan cada año cerca de un millón de litros de aceite usado de motor o 245.000 unidades de filtros de aceite, por poner algún ejemplo.

Entre sus instrucciones, el manual explica cómo tratar estos residuos, recomendando, por ejemplo que se participe en campañas informativas medioambientales, que se encargue a un empleado el seguimiento constante de estas materias y que se realice un plan de minimización de deshechos. Además, aclara cualquier duda sobre la legislación europea que está a punto de entrar en vigor.

Falta muy poco ya para que entre en vigor la nueva regulación europea sobre tratamiento de residuos procedentes del automóvil: chatarra, neumáticos, líquidos, metales pesados, textiles... Como punto más importante, esta legislación considera a los vehículos fuera de uso entre los residuos peligrosos. En concreto, la norma los califica de "bombas ambientales". Según su texto, que está siendo traspuesto a las leyes estatales, a partir del 1 de enero de 2006 al menos el 85 por ciento del vehículo debe ser recuperado y el 80 por ciento, reciclado.

Estos porcentajes se elevarán respectivamente hasta el 95 y el 85 por ciento el 1 de enero de 2015. Esto quiere decir que cuando un coche acabe su vida, sus componentes deberán ser reutilizables. Lógicamente, esto afecta sobre todo a los fabricantes, que se han quejado amargamente por el coste que esto les supone, sobre todo, porque deberán encargarse de la retirada de esos vehículos. De esta forma, tendrán que preocuparse, que ya lo vienen haciendo, de fabricar piezas sin materiales contaminantes y de facilitar en la medida de lo posible el posterior desmontaje y reciclaje. Además, a partir del 1 de julio de 2003, los coches nuevos no deben incluir plomo, mercurio, cadmio y cromo.

La industria automovilística asegura que no puede soportar el coste de reciclado de los vehículos una vez termina su vida útil. Ésta es la opinión de Jaime Carvajal, presidente de la Asociación de Fabricantes de Automóviles y Camiones española (Anfac). Para Carvajal, el reciclaje de automóviles, pendiente de regularizar por la Unión Europea, supondrá "un fuerte impacto económico", que provocará unos gastos adicionales no calculados, por el momento, y que el consumidor deberá asumir. Obvio es decir que las asociaciones de automovilistas no quieren ni oír hablar de asumir esos costes. "La Directiva 2000/53/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, relativa a los vehículos al final de su vida útil, deja absolutamente claro a quién corresponde asumir estos gastos y no es precisamente a los consumidores", zanjó en su día Mario Arnaldo, de Automovilistas Europeos Asociados.

Consciente de estos inconvenientes y riesgos, la Diputación de Álava, junto con el Ayuntamiento de Vitoria y la Asociación de Talleres de Automoción de Álava (ADEADA), ha llevado a cabo una idea única: ha redactado el Manual de Buenas Prácticas para Talleres. Este libro es el fruto de un informe que, tras el análisis de más de 300 talleres en su territorio, ha podido comprobar que estas instalaciones generan cada año cerca de un millón de litros de aceite usado de motor o 245.000 unidades de filtros de aceite, por poner algún ejemplo.

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