Sistemas antideslizamiento, nuestros ángeles de la guarda: así funcionan

Diversos estudios concluyen que el ESP (el control de estabilidad de un vehículo) puede llegar a evitar el 20 por ciento de los accidentes por pérdida de control del coche. Nos hemos convertido en conejillos de indias y, en diversas simulaciones, hemos escapado del 30 por ciento de las situaciones peligrosas. No te pierdas el vídeo y tú mismo te convencerás.
Autopista -
Sistemas antideslizamiento, nuestros ángeles de la guarda: así funcionan
Sistemas antideslizamiento, nuestros ángeles de la guarda: así funcionan

Son muchos los que piensan que los sistemas antideslizamiento, lejos de ser una opción, deberían formar parte del equipamiento de serie de todos los automóviles. La mayoría de los coches “grandes” ya lo incluyen, pero los estudios sugieren que es en los pequeños en los que más influencia pueden tener estos dispositivos -que corrigen la trayectoria del vehículo cuando uno de los ejes comienza a deslizar- a la hora de evitar un siniestro. Hemos querido comprobarlo y, para ello, hemos realizado diversos ejercicios en colaboración con la revista “Autopista”. ¿Cuáles son los resultados?

Las conclusiones son variadas; hemos comprobado que un conductor experto puede detener su vehículo antes de lo que lo haría el ABS (o, en las curvas, el ESP), pero, si las condiciones de la carretera cambian de repente –hielo, gravilla, humedad… es decir, una situación perfectamente posible en la vida real- las consecuencias pueden ser catastróficas. Y hay que recordar que existen pocos conductores expertos y que nosotros estábamos en un circuito.

También hemos visto que el control de estabilidad no compensa los errores de percepción o las malas maniobras. Eso sí, puede enmendar los fallos de juicio (es decir, si nos hemos metido demasiado deprisa en una curva o si no hemos realizado la trazada adecuada).

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('http://multimedia.terra.es/viewer/portada.cfm?cod_media=38280&mapnivel1=MUS','','width=765,height=470') ">Así funcionan los sistemas antideslizamiento

Hemos utilizado coches con control de estabilidad para realizar diversos ejercicios, que después se han repetido con el dispositivo desconectado. En general, saber que el ESP está presente nos induce a realizar algo más deprisa nuestra actuación, debido al grado de confianza que aporta. Éstas han sido nuestras pruebas:

1. Detención en línea recta: No debería intervenir el sistema antideslizamiento, pero, si movemos mucho el volante o si el firme presenta irregularidades, la zaga se mueve.
Conclusión:

- Con ESP: Entramos al espacio de frenada 2 km/h más deprisa. Impactamos contra el “obstáculo” en seis ocasiones”.
- Sin ESP: Chocamos contra el “obstáculo” en siete ocasiones.

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2. Detención en curva: Hay que repartir la adherencia, ya que, cuanto más giremos la dirección, más capacidad de frenada perderemos.
Conclusión:
- Con ESP: No aportó muchas ventajas en la distancia de frenado, ya que sabíamos lo que nos esperaba e íbamos despacio. Pararse y quedarse atravesado en la vía (con el riesgo que ello supone) acorta las distancias de detención.
- Sin ESP: El conductor experto, dosificando sabiamente la presión sobre el freno y -repetimos- sin un susto real, consigue mejores distancias de frenado que con el control de estabilidad conectado. Hay abundantes salidas de pista entre los conductores no expertos.

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3. Detención con esquiva: En este ejercicio es en el que el ESP muestra todas sus ventajas. Debíamos frenar fuerte, soltar el freno en el último momento, girar el volante, esquivar y detener completamente el vehículo. Ésta es la técnica que debe aplicarse siempre, con ESP y sin él.
Conclusión: - Con ESP: Cinco “accidentes”. Es decir, impactamos en cinco ocasiones contra el “obstáculo” que queríamos esquivar.
- Sin ESP: Siete accidentes, aún teniendo en cuenta que la prudencia nos hizo entrar 3 km/h más despacio en la zona de frenado.

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4. Recorrido deslizante: Afrontamos diversas situaciones, como curvas sin adherencia. Los límites de la pista están claramente definidos, lo que nos hace ser más prudentes, ya que se parece más a la conducción real.
Conclusión:
El recorrido es tan realista que manda el sentido común y no llegamos a situaciones límite, ni siquiera con el sistema antideslizamiento desconectado.

Tuve la oportunidad de formar parte de este experimento y resultó muy interesante. La velocidad media de entrada en las zonas de frenado debía bajar cuando el ejercicio era realizado sin el sistema antideslizamiento; pero la prudencia ya me había hecho disminuir el ritmo casi sin indicaciones previas. El control de estabilidad da confianza y, tras aprender cómo reacciona el coche, te dejas llevar en las siguientes repeticiones, pero, cuando te ves privada de este dispositivo, la cosa cambia.
En la frenada en línea recta, no hubo mayores problemas. Tampoco en la detención con esquiva, aunque aquí no puedo echarle la culpa a una pericia natural, ni a nada semejante: los múltiples cursos de conducción realizados han permitido que me saliera bien un ejercicio que nunca se practica lo suficiente.
Llega el recorrido por la pista y las diferencias entre contar con el ESP y no hacerlo son abismales: aunque no vamos excesivamente deprisa, el control de estabilidad mantiene el coche en su sitio cuando pasamos por una zona deslizante. Sin él, hay pequeños trompos y salidas de “carretera”.
Quizá el ejercicio más interesante fue la frenada en curva. Tras un par de intentos en los que me llevé por delante un cono, me concentré al máximo para hacerlo bien en la siguiente pasada. Cuando repasaba mentalmente todos los pasos que debía seguir, apareció un obstáculo “imprevisto” y… curiosamente, salió bien. Me quedé en los límites de la carretera y no “choqué” contra nada. La diferencia entre llevar el ESP y no llevarlo existe, sin duda.

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p> Noemí Alonso.

Ya nos lo esperábamos: el control de estabilidad no ha secado el asfalto deslizante, ni ha evitado que impactáramos contra un “obstáculo” cuando entrábamos en una curva a velocidad excesiva, pero sí ha logrado sacar toda la adherencia posible del binomio coche-carretera, ayudándonos a mantener la trayectoria que habíamos indicado con el volante.

De momento, las pruebas no muestran datos impresionantes, pero hay que tener en cuenta que todos los que tomamos parte en el ejercicio sabíamos lo que veníamos a hacer y que las situaciones estaban preparadas. Sí hay que decir que, cuando nos hemos encontrado un obstáculo imprevisto, el sistema antideslizamiento ha logrado salvar la situación. Sin este elemento, pronto nos hemos visto fuera de la pista.

Tras dos días de pruebas en una pista especial con conductores de todos los niveles, lo tenemos caro. Después de cuarenta intentos, dos de cada siete maniobras de emergencia fallidas habrían sido arregladas por el ESP.

Si quieres conocer todos los datos que se recogieron durante el “experimento”, las opiniones de los principales institutos, marcas y expertos y cuánto nos ahorraríamos si este dispositivo estuviera presente en todos los coches (se calcula que, en 2010, habría 1.170 fallecidos menos en nuestras carreteras), no te pierdas el especial que la revista Autopista publica el martes, 6 de diciembre. Encontrarás todos los gráficos, las fotos y la información más detallada sobre las pruebas. Nadie más va a ofrecerte este reportaje: no te quedes sin tu ejemplar.

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