Una década sin Senna

La Fórmula Uno ha recordado este fin de semana el trágico accidente que le costó la vida a Ayrton Senna en el Circuito de Imola. Se cumplen diez años desde que el brasileño afrontó la curva de Tamburello y estrelló su monoplaza contra el muro. El aciago Gran Premio de San Marino de 1994, en el que también Ratzenberger falleció, sigue presente en la memoria de pilotos y aficionados.
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Una década sin Senna
Una década sin Senna

Las circunstancias que rodean el accidente de Senna no están claras. En las imágenes que retransmitió la televisión, sólo se ve el coche del brasileño girando sobre sí mismo mientras pierde varias piezas hasta que choca contra el muro. Se cree que la barra de la dirección del Williams poseía un defecto en su soldadura, ya que se partió. Únicamente se tiene la certeza de que uno de los brazos de la suspensión del monoplaza se rompió en el impacto, atravesando el casco de Ayrton y provocando su fallecimiento. Se descartó un error del piloto, aunque ni siquiera el análisis de la “caja negra” pudo determinar qué fallo mecánico hizo que Senna perdiera el control del coche.

Al menos, su muerte no fue en vano, como coinciden en señalar los relacionados con la Fórmula Uno. A partir del siniestro en Imola, se comenzó a mejorar la seguridad de los vehículos. Actualmente, se realizan más “crash-tests”, el tamaño de las luces posteriores ha aumentado, se ha reducido la altura máxima del alerón trasero y también las dimensiones del delantero, que ahora tiene un grosor mínimo obligatorio, existen unos cables de seguridad que sujetan los neumáticos y la carrocería no puede extenderse sobre las ruedas posteriores; además, el ancho de los monoplazas ha pasado de los 2 a los 1,80 metros.

También el piloto está más protegido, gracias a un chasis que se extiende más allá de sus pies, a un habitáculo más grande (que se somete a pruebas de carga estática y de impacto sobre el volante) y a un aumento de la distancia entre su emplazamiento y el de las barras antivuelco. Cuenta con un acolchado encima y debajo de sus piernas y con un sistema de sujeción para la cabeza y cuello –el denominado HANS, obligatorio desde el año pasado-. Además, el bacquet debe poder sacarse con el piloto dentro.

Los accidentes que se vivieron en Imola hace diez años también trajeron cambios al circuito, que fue modificado para evitar que se alcanzaran velocidades superiores a los 300 km/h en las curvas más peligrosas. Así, el trazado de Dino y Enzo Ferrari (que podría haber acogido su última carrera de Fórmula Uno el fin de semana pasado, debido a su antigüedad) varió y acortó su recorrido: sus 5.040 kilómetros se quedaron en 4.933. La curva de Tamburello se convirtió en una chicane (dos virajes enlazados), con el fin de obligar a los pilotos a reducir su ritmo, y lo mismo ocurrió con la de Villeneuve, en la que murió Ratzenberger.

Este incremento en la seguridad de los circuitos y de los monoplazas ha logrado que no mueran más pilotos en la F1. Las nuevas normas que se planean para esta competición están encaminadas a reducir la velocidad de los vehículos (aunque algunos participantes piden que ésta se aumente algo más). Tras el fallecimiento de Senna, la cilindrada de los motores se rebajó desde los 3.500 a los 3.000 cm3. Ahora, los propulsores no se pueden cambiar durante el fin de semana de la carrera: si se sustituyen, el piloto pasa inmediatamente a ocupar la última posición en la parrilla de salida. Esta medida pretende que la fiabilidad de las mecánicas prime sobre su efectividad, aunque lo cierto es que los ingenieros consiguen, temporada tras temporada, aumentar la potencia y la resistencia de los motores por igual. La próxima reglamentación propuesta por Ecclestone habla de propulsores que duren varias citas y de suprimir los cambios de neumáticos (la base de la estrategia en cualquier carrera), lo que ha originado una gran polémica: ¿acabarán estas normas con el espectáculo?

Aficionados y participantes han vivido un fin de semana en el que el recuerdo de Ayrton Senna ha estado más presente que nunca. Los Williams, que desde 1994 llevan una pequeña “S” en su alerón delantero, han sido los protagonistas del paddock. Fernando Alonso, Juan Pablo Montoya, Michael Schumacher y, especialmente, Rubens Barrichello han tenido palabras de admiración hacia el ídolo brasileño, cuya memoria se ha homenajeado con varios actos.

Así, Gerhard Berger, antes del comienzo de la carrera en Imola, ha completado una vuelta al trazado con el Lotus que llevó al piloto de São Paulo a su primera victoria. Max Mosley ha presidido el bautismo de la tribuna principal del circuito con el nombre de Senna. El jueves, una selección de futbolistas brasileños –los mismos que ganaron el Mundial de 1994- disputó un partido contra varios pilotos (entre los que estaban Schumacher y Alonso). Más de 7.000 espectadores se reunieron para presenciar el duelo, que finalizó con un empate a cinco goles (dos de ellos, de “Schumi”). La recaudación, de unos 33.000 euros, se ha destinado íntegramente a la Fundación Senna, que ayuda a los niños necesitados en Brasil. Además, se ha inaugurado una exposición conmemorativa con fotos, cascos y varios monoplazas de Ayrton.

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p> Pero lo que más ha conmovido a los integrantes de la Fórmula Uno ha sido la cantidad de flores que cientos de aficionados siguen depositando en la curva de Tamburello. El homenaje más sencillo a Senna nunca ha abandonado el trazado en el que murió el piloto que, para muchos, es el más grande de todos los tiempos.

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