Segway, un pionero de la movilidad

Gracias a este trabajo, he tenido muchas ocasiones de circular por el centro de Madrid al volante de los coches más espectaculares y llamativos. Pero da igual que fueran deportivos descapotables italianos o todo terrenos mastodónticos, ninguno de ellos ha cosechado tanta admiración y sorpresa como el Segway, un pequeño y asombroso patín eléctrico con el que he podido acercarme a la movilidad del futuro. Te contamos cómo es el primer vehículo inventado para el siglo XXI.
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Segway, un pionero de la movilidad
Segway, un pionero de la movilidad

La primera vez que uno se sube al Segway piensa irremediablemente: “me voy a caer”. Y es que, nada más tomar contacto, el aparato parece algo rebelde y se mueve bastante. Sin embargo, no es culpa suya, sino del conductor. Hay que tener en cuenta que el Segway está diseñado para impedir las caídas, con lo que, si la persona que se sube no se está quieta, los giroscopios “piensan” que está perdiendo el equilibrio y mueven todo el conjunto para reequilibrar al ocupante.
Así que lo mejor es subirse despacio, sin aspavientos, situándose sobre la plataforma con toda naturalidad. Después, en apenas unos segundos, se domina eso de inclinarse para avanzar y erguirse para frenar. Es tan sencillo que a uno le sorprende que no se hubiera inventado antes. Me inclino más, corro más; me echo hacia atrás, el Segway se frena… o retrocede. Tan fácil que parece mentira.

Lo que tiene algo más de enjundia es lo de girar. La dirección, como ya hemos dicho, va en el puño izquierdo del manillar y, la verdad, hacen falta unos cuantos minutos de circulación prudente antes de que nos acostumbremos a girar sólo con una mano.

Además, hasta que se domine a la perfección el aparato, lo mejor es realizar los giros con prudencia. El Segway no vuelca (o es muy raro, dado su bajísimo punto de gravedad), pero, en un giro muy brusco, un conductor despistado puede verse desequilibrado.

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p> Esta adaptación dura unos minutos, apenas una hora… A partir de ahí, uno siente que ha nacido para ir subido en este “trasto”. Giros, derrapes, vueltas de 360º, carreras de espalda… Todo se hace con una facilidad pasmosa.

Construido para Estados Unidos, el país de las reclamaciones judiciales, el Segway está blindado. Los fabricantes recomiendan seguir una interminable lista de precauciones antes de conducirlo. La más importante, claro, utilizar casco, que es un consejo que no podemos pasar por alto.

Pero, al margen de las recomendaciones del manual, el Segway cuenta con sus propias medidas de seguridad. Para empezar, se ofrecen tres gamas de velocidad que se seleccionan con la llave de contacto. Sólo se puede utilizar una gama cada vez, de forma que la velocidad se puede adaptar a las circunstancias del entorno o a la pericia del conductor.

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p> Además, en las gamas bajas de velocidad, el Segway impide que corramos demasiado contrarrestando la inclinación hacia delante del piloto con un cierto empuje hacia atrás.

Después, si el Segway se pone en marcha por error y arranca sin nadie a los mandos, el sistema lo detecta y, en apenas un par de metros, se desconecta. Lo mismo sucede cuando el ocupante se cae: el patín avanza dos metros para no atropellar al caído y luego se para.

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p> Otra medida de seguridad sirve para “disuadirnos” de ir marcha atrás. El Segway puede ir perfectamente hacia atrás, pero el sistema “sabe” que eso puede ser peligroso, así que empieza a vibrar para avisar de que es mejor dar la vuelta y avanzar de frente. Como gira sobre si mismo, la maniobra se hace en cuestión de segundos.

Quizá lo más sorprendente del Segway es su capacidad para salvar obstáculos. Viéndolo, uno piensa que el primer bordillo o el primer bache lo van a dejar tirado. Nada de eso: el Segway salta sobre los agujeros con toda tranquilidad y sube y baja bordillos de hasta 10 ó 12 centímetros de alto con relativa facilidad.

Ésta es muy útil a la hora de bajar escaleras: como el aparato siempre guarda el equilibrio, basta con saltar de un escalón a otro en perfecta verticalidad. Eso sí: el escalón ha de ser lo suficientemente ancho como para que quepa el Segway sobre él.

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p> Si la escalera o el obstáculo son demasiado altos, el Segway tiene un modo de funcionamiento que podríamos denominar “carretilla”: permanece conectado y avanza, pero no guarda el equilibrio. Este modo está pensado para llevar al Segway remolcado, como una carretilla. Basta con mover el puño de dirección hacia un lado u otro para que avance o retroceda. Ante una escalera, simplemente hay que tirar un poco de él hacia arriba y mover el puño para que avance. Poco a poco irá saltando de peldaño en peldaño.

También se las apaña muy bien en los planos inclinados. Para atravesarlo, bastará con que echemos el peso hacia la parte superior de la cuesta, equilibrando así la inclinación del Segway. Muy sencillo.

Recorrer una ciudad montado en este nuevo tipo de vehículo todavía no es fácil. Si, además, se trata de Madrid, una especie de compendio de las obras públicas, la tarea es laboriosa, pero divertida.
De momento, el Segway no está autorizado a circular por las calzadas, así que, en realidad, debemos conducirlo como si fuéramos peatones, rodando por las aceras y cruzando por los pasos de cebra.
Esta convivencia da lugar a situaciones muy variadas. Por un lado, hay que tener cuidado, porque los peatones que caminan por delante no nos oyen llegar: el Segway no emite ruidos. Por otro lado, hay que respetar a los viandantes, ya que, en el fondo, la acera es para ellos.

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p> Con todo, pocas veces hemos visto un vehículo que despierte tanta admiración y curiosidad. Todo el que lo ve se interesa por él, se acerca y no faltan los que preguntan. Sorprendentemente, los más interesados han resultado los niños y los ancianos. Unos, porque lo ven como un juguete soñado; otros, porque lo encuentran muy accesible y creen, con parte de razón, que solucionaría sus problemas de movilidad.
En unas pocas horas rodando por el centro de Madrid, varias abuelitas se acercaron para preguntar dónde se compran… Quizá el vehículo del futuro sea para la generación anterior. Nunca se sabe.

Al margen de los curiosos, la experiencia de vivir la ciudad desde las ruedas del Segway es única. Apenas se despeja la acera, la velocidad se dispara y recorremos calles y calles en un suspiro, al aire libre, sin contaminar, sin hacer ruido… Es perfecto.

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p> Si te apetece probarlo y no puedes comprarte uno, recuerda que en las principales ciudades de Europa los alquilan. En Madrid, Barcelona,Palma de Mallorca y Sevilla ya se pueden hacer “tours” por las calles a bordo de estos patinetes que te llevan al futuro.

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