Salón de París 2002: la reacción

Empieza el Salón del Automóvil de París, el acontecimiento que concentrará toda la atención del motor hasta el día 10 de octubre. La muestra de este año es un puñetazo encima de la mesa: la industria europea está viva y muy viva.
Autopista -
Salón de París 2002: la reacción

En París, abre sus puertas este sábado la 75ª edición del Salón del Automóvil de París, la cita más importante de esta segunda mitad del año y, desde luego, el encuentro del mundo del motor más relevante junto con el Salón de Detroit , que se celebró en enero.

Se espera la visita de millón y medio de espectadores, hay medio centenar de marcas fabricantes y cientos de firmas de la industria auxiliar, además de varios miles de periodistas… Cifras enormes para una gigantesca peregrinación que llega a París con una idea en la cabeza: tomar el pulso al mundo del motor, uno de los sectores económicos más importantes del mundo y también uno de los que tienen la salud más delicada.

Este es, ante todo, un Salón de incertidumbre y esperanzas. La industria europea, la que más se juega en esta muestra, lleva un año pésimo. Fiat anda descalabrada y lamiendo sus heridas, Volkswagen empieza a eliminar vehículos poco rentables como el Lupo y el A2, Opel no sale del bache, Ford lucha por mantener el equilibrio, Renault trata de aguantar el tipo… En todas las grandes casas se vive estado de nervios continuo, con un ojo puesto en el índice de ventas y otro en los programas de reducción de costes. Así las cosas un , nadie se decide a dar un gran paso adelante por miedo a que falle el suelo bajo los pies.

Con tanto sudor frío, la industria continental necesita algo que la reconforte, que la reencuentre con su público y le sirva de tisana para el resfriado. El Salón de París es la medicina que andaba buscando.

A los pabellones de Versalles llegan las grandes compañías europeas luciendo su musculatura más reciente, la que es producto de los últimos ejercicios, del postrer empujón de su capacidad fabril. Si Detroit, gran escaparte estadounidense, apostó por la imaginación y los prototipos, París lo hace por los coches “reales”, los de producción, las máquinas que la gente que pague los nueve euros que cuesta la entrada va a comprar en los próximos meses.

Ese potencial para lanzar modelos rentables y atractivos es la piedra angular de esta industria lastimada que abre la boca para coger aire fresco. Ese poderío industrial, es su argumento para captar público, para decirle al comprador que puede contar con todo su esfuerzo y con todo su apoyo, que le ofrece coches para todos los gustos y en condiciones de competir, tanto por precio como por exclusividad y calidad.

La presencia de 50 novedades mundiales en el Salón es claro síntoma de este espíritu. De estas primicias, la gran mayoría corresponde a coches que irán a las cadenas de montaje. Hay en esta lista modelos esperadísimos, como el Peugeot 307 CC, el Seat Córdoba, el Fiat Stilo Station Wagon, el BMW Z4, el Mégane II… Todos ellos son coches que se van a vender, que rezuman clase y que competirán en todo el mundo con los poderosos vehículos americanos y japoneses.

Es la nueva generación de una industria que se niega a bajar la cabeza y que lucha contra una crisis enorme en un tiempo terrible cuajado de incertidumbres, amenazas y tambores de guerra.

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