Las recetas de la abuela

Restaurar un vehículo clásico es una de las tareas más apasionantes a las que se puede enfrentar un amante del mundo del motor.
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Las recetas de la abuela

Ya tenemos toda la documentación, las fotos, los apuntes, los libros… ahora nos vamos a meter en el garaje. Para empezar a montar nuestro clásico, lo primero que hay que hacer es precisamente lo contrario: desmontarlo. Los expertos recomiendan que esta operación se haga con suma delicadeza y muy despacio. Es importante que no se pierdan las piezas que vamos desmontando, así que hay que limpiarlas, guardarlas y clasificarlas poco a poco. No hay que olvidarse de los tornillos que acompañan a cada una de las piezas, porque, aunque es improbable que nos sirvan para montar el vehículo después, hay que conservarlos por si no encontráramos recambios y hubiera que duplicar la pieza.

El orden de desmontaje del vehículo no es aleatorio. Debería empezarse por la guarnición exterior, formada por parachoques, perfiles cromados, faros, pilotos, tapacubos, etc. Tras esta guarnición, se puede continuar con el interior, desmontando el techo, el suelo y los asientos. Estos últimos se pueden ir tapizando, porque probablemente la tela ya no esté para muchos trotes. Esta operación puede realizarla uno mismo, pero hay que tener, no obstante, conocimientos de tapicería. Seguimos desmontando… Ahora hay que quitar las lunas; puesto que son elementos muy frágiles, debemos contar con un sitio seguro para depositarlas.

Llegados a este punto se recomienda meterse de lleno con la mecánica. El motor y la caja de cambios se retiran, después de desconectar el árbol de transmisión, el tubo de escape, los mandos del acelerador y embrague, las conexiones de combustible, etc. Estas tareas no son muy especializadas, pero hay que hacerlas con mucho detenimiento y cuidado, fijándonos muy bien de dónde sacamos qué pieza, para saber dónde la colocamos después.

En esta fase de desmontaje, es muy conveniente lubricar las piezas antes de desmontarlas y utilizar las herramientas necesarias para llevar a cabo esta actividad. Nunca hay que forzar las piezas. Los especialistas recomiendan, además, que se extraigan “órganos” completos del vehículo. El objetivo principal de esta recomendación es que no se pierdan los trozos, porque un puzzle al que le falten dos o tres piezas no es un rompecabezas completo

Quizás cuando tengamos el vehículo troceado, empiece una de las fases más complicadas de la restauración (sin restar méritos al desmontaje, claro está). Llega el momento de acondicionar la chapa. Primero hay que detectar los posibles, más bien seguros, deterioros de la carrocería y comprobar qué zonas tienen óxido para extirparlo. Después, hay que lijar los bordes de la zona para poder soldar las nuevas planchas sin problemas. El arte de la chapistería supone un conocimiento que se adquiere con los años, así que, en estas ocasiones, es mejor contratar a expertos o bien hacerse con un yunque y un juego de martillos, para moldear las piezas que necesitemos. Las piezas tienen que ser muy fieles a la realidad, hay que tener en cuenta que luego debemos encajarlas en el resto de la carrocería y que el menor desajuste haría inservible nuestro trabajo.

Hasta ahora hemos hablado del exterior y de la mecánica del vehículo, centrémonos, brevemente, en el interior. El salpicadero es una de las piezas más difíciles de conservar en un automóvil, por eso también es una de las más caras de recuperar, si es que se buscan los recambios originales. No obstante, hay empresas que se dedican a elaborar fundas plásticas que reproducen los salpicaderos y que se colocan sobre los salpicaderos originales.

Ya podemos empezar a montar el automóvil. Aquí hay que añadir aquel ingrediente de paciencia con el que contábamos al principio. Es imposible detallar en unas líneas las horas de exquisito y manual trabajo que conlleva esta labor. Poco a poco, nuestro clásico está tomando forma y, con él, nuestros sueños empiezan a moldearse.

La fase de pintura es la última a la que debemos enfrentarnos y también se trata de una ardua tarea. Antes de nada, hay que preparar las superficies lijándolas. La pintura del coche no sólo sirve para embellecer el exterior, sino también para proteger a la chapa de las futuras corrosiones, así que no debe ser esta una tarea realizada a la ligera. La superficie debe estar limpia para eliminar la grasa, incompatible con la pintura. Después debe recibir una ligera capa de laca para alisar la superficie y posteriormente dar otra capa muy uniforme de pintura. Más tarde llega la imprimación y por último la laca de color. La combinación de todas estas pinturas puede ser un cóctel explosivo, literal. Hay que tener sumo cuidado en la elección de las mismas y es mejor encomendarse a buenos especialistas y confiar en marcas de pintura de prestigio.

Y estamos llegando al final de la receta. Es importante dejar reposar nuestro suculento plato antes de servirlo. El banquete está en la mesa… alíñese al gusto.

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