Las recetas de la abuela

Restaurar un vehículo clásico es una de las tareas más apasionantes a las que se puede enfrentar un amante del mundo del motor.
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Las recetas de la abuela

”El restaurador es un poeta, un bohemio en lucha con la realidad y sus duras reglas de finitud y terminación.” Carlos Mosquera, restaurador de vehículos clásicos.

Las recetas culinarias pasan de unas manos a otras, pero nunca salen de la misma forma aquellas rosquillas de la abuela, cuando las trata de hacer la nieta. Algo parecido, salvando las distancias, claro, ocurre con los coches clásicos y con la restauración de los mismos. Los automóviles de nuestros abuelos que los nietos queremos recuperar nunca nos van a quedar igual, para qué nos vamos a engañar. Sin embargo, sí podemos revivir aquellos maravillosos años. Con este fin, tenemos que tratar de conseguir los ingredientes y las herramientas necesarias y, después, debemos seguir cuidadosamente el modo de empleo.

La restauración resulta más cara que otro tipo de pasiones automovilísticas (visita a museos, asistencia a ferias, presencia en carreras, etc.). Sin embargo, da bastantes más satisfacciones que los otros placeres: conseguir que un montón de chatarra vuelva a andar y sobre todo que reviva una pequeña parte del pasado en sus recorridos es uno de los sueños perseguidos. De todas formas, no siempre la restauración de un vehículo de estas características está respaldada por una millonaria cuenta corriente (ahora, con los euros, menos que antes), aunque sí boyante. El sustento de este placer de restaurar se encuentra, además, en infinitas horas de trabajo, paciencia e ilusión.

Ingredientes:
- Inmateriales: varios kilos de paciencia; una gran dosis, incluso inagotable, de entusiasmo; capacidad de decisión; trabajo, trabajo y trabajo.
- Materiales: un vehículo para restaurar que en ocasionesse reduce a un amasijo de la cariñosamente llamada chatarra; una serie de recambios varios o, en su defecto, un listado de empresas que se dediquen a ellos; libros y documentos acerca del automóvil que vamos a resucitar y dinero, dinero, dinero.

Para restaurar un coche clásico, lo más impotante es disponer de un garaje donde dejar todos los trastos. Si el habitáculo es luminoso, seco y aireado, mejor que mejor. Tener un foso sería ideal, pero, si el presupuesto no da para tanto, bastará con unas plataformas de elevación para trastear debajo del vehículo. El banco de trabajo con las herramientas también es muy importante. Otros elementos más comunes, pero no por ello menos importantes como cajones y botes, son necesarios de igual forma, al igual que etiquetas o carteles para identificar las piezas.

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