Pulso a la velocidad

¿Influye la velocidad negativamente en el estado de tensión del conductor? En Autopista.es hemos querido comprobarlo y el resultado ha sido curioso. Juzgad vosotros mismos.
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Pulso a la velocidad
Pulso a la velocidad

Llevábamos tiempo detrás de este tema. Entre todos nosotros ya habíamos comentado alguna vez lo interesante que sería poder valorar la actividad cardiaca de un conductor en diferentes condiciones de tráfico. La idea la teníamos clara, sólo era cuestión de esperar la ocasión ideal. Durante un desayuno con el resto del equipo de Pruebas se da luz verde, aprovechando el contacto que íbamos a realizar en Alemania con el nuevo Audi S6, una berlina deportiva de nada menos que 435 CV.

Aparentemente y sobre el papel, todo parecía fácil; sólo había que encontrar un tramo de autopista sin límite legal de velocidad y nuestro fotógrafo se encargaría de aportar el testimonio gráfico de las mediciones.

Antes de comenzar, con sólo pensar en el S6 y en un tramo de autopista sin límite de velocidad, ya se me aceleraba el pulso, y eso que, según dice la gente que me conoce, soy una persona muy tranquila. Y no es que esté muy en forma que digamos, pero sí es verdad que siempre he tenido un pulso bastante bajo. Ante la duda de que las mediciones estuvieran especialmente afectadas por el conductor -yo en este caso- y tras algunas discusiones en la redacción, llegamos a la conclusión de que las mediciones podrían ser extrapolables a otros conductores en las mismas condiciones, pero probablemente con un resultado en el nivel de pulsaciones más elevado, aunque proporcionado.

Un pulso en reposo de 54 latidos por minuto confirma mi estado de total relajación

La primera medición la realizamos justo antes de sentarnos en el puesto de conducción del S6. Un pulso en reposo de 54 latidos por minuto confirma el estado de total relajación en el que me encontraba. Arrancamos el V10 del S6. Su rugido me sorprende, pero no me altera. Comenzamos a rodar por las calles de Stuttgart con un denso tráfico, pero también con el elevado nivel de civismo propio de la educación vial de sus conductores. Los coches se detienen cuando el semáforo se pone en naranja y no aceleran más, al contrario de lo que, por desgracia, suele ocurrir en España. Tampoco hay “listillos”, y se espera en el carril que corresponde para poder girar. Hay sólo cuatro radares, señalados y conocidos, y todo el mundo los respeta. En ciudad no se corre y se es respetuoso con el peatón. Miramos el reloj y el pulso se eleva hasta las 64 pulsaciones, en gran parte por la mayor atención requerida.

Tras varios minutos recorriendo el casco urbano observamos que el pulso se estabiliza, por lo que decidimos adentrarnos en vías rápidas. Primero nos dirigimos hacia un tramo de autovía con limitación a 120 km/h. A esta velocidad en sexta y de forma constante, la sensación en el S6 es la de estar casi parados. Dan ganas, incluso, de bajarse. El tarado de suspensiones, los frenos y el motor transmiten un nivel de seguridad similar al que se puede apreciar en un utilitario a 70 km/h. Nuestras sensaciones vuelven a ser confirmadas por el pulsómetro, que incluso mide dos latidos por minuto menos en mi corazón que en la conducción por ciudad. Mi relajación es total. Yo diría que podría ser hasta potencialmente peligrosa por falta de concentración, si continuamos más de 200 ó 250 km a esta velocidad, en este coche y por estas vías.

Mantenemos este ritmo durante varios kilómetros, mientras nos alejamos de zonas urbanas, y hasta que encontramos un tramo sin limitación de velocidad. Aceleremos y en un santiamén superamos los 200 km/h. Aunque en España se me pudiera tachar por la Dirección General de Tráfico de “loco al volante”, o más lejos aún, considerar este hecho como delito, la realidad que nos encontramos es que circulamos al mismo ritmo que varios coches más, eso sí, por el carril de la izquierda de una autopista de tres carriles y con plena visibilidad. Nos retiramos a la derecha al carril central para dejar paso a un encorbatado en su Clase E y a varios automóviles más que le preceden a una distancia prudencial. Todos ellos por encima de 200 km/h, con aparente calma y con el máximo respeto. ¿Delincuentes tal vez? En Alemania desde hace tiempo persiguen a quien no mantiene la distancia de seguridad en función de la seguridad, empleando para dicha medición los radares. Para eso sí es útil la tecnología.

Llega el momento de realizar otra valoración de mi estado físico. Sólo 64 pulsaciones. Verdaderamente me siento prácticamente igual que a 120 km/h, pero algo más concentrado. Indudablemente el hecho de que se trate de una berlina deportiva muy asentada, mantenida con mimo y exquisita rigurosidad, y con neumáticos en inmejorables condiciones favorece e incrementa la seguridad del conductor. Una vez más echamos por tierra la tan usada frase de la DGT “mientras más rápido mayor peligro”, sin tener en cuenta ningún otro factor más, si bien nos queda claro que tanto el nivel de conducción y la concentración como las características del coche son claves. Os puedo asegurar que con un utilitario conduciendo a 190 km/h, o al máximo de su velocidad, mi corazón no estaría latiendo con tanta tranquilidad. Y en mi viejo Seat Panda con el que comencé en esto de conducir, ir a 150 km/h ahora lo consideraría un auténtico desafío que sería incapaz de afrontar.

Por fin llega el momento esperado. Pasan los kilómetros y nos quedamos solos, el tráfico se despeja y la visibilidad sigue siendo total. Un desierto sin peligros, sin necesidad de limitación específica de velocidad desde hace muchos años. Pisamos aún más el pedal del acelerador del S6 y la aguja del velocímetro pasa por encima de los 230 km/h justo en el momento en el que el pulsómetro alcanza las 70 pulsaciones por minuto.

Seguimos acelerando a fondo y, sorprendentemente, aunque el S6 esté limitado a 250 km/h, llegamos a superar un poco los 270 km/h en el marcador. Nuestro fotógrafo, el equipaje y quien escribe estas líneas vamos al límite de velocidad permitido por el coche en condiciones de plena carga -cinco personas a bordo con equipaje- aunque no al máximo permitido por la vía ni por mi corazón, que con 84 pulsaciones comienza a pasárselo bien, enamorado como está de los coches y de la libertad de movimiento que permiten.

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