Porsche 911, razones para la devoción

En el Salón de Frankfurt de 1963, hace justo 40 años, se presentaba un nuevo modelo deportivo, uno más de los muchos que aquel año competían en el certamen. Poco sabían los esforzados ingenieros de Porsche que, al apartar la lona que cubría su prototipo, estaban inaugurando un tiempo nuevo en la automoción. Nacía la leyenda del 911, la referencia durante 40 años para cualquier deportivo que se precie.
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Porsche 911, razones para la devoción
Porsche 911, razones para la devoción

La Segunda Serie, 1973-1989
En plena crisis del petróleo, Porsche sigue apostando por una deportividad casi extrema, sin importarle cuánta gasolina puedan consumir sus motores tremendos. Ante un mundo que reducía el volumen de los propulsores y el tamaño de los coches, los de Stuttgart apuestan por el primer 911 con turbo, que irrumpiría en 1975.

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p> El motor base de la serie es el mismo boxer 2,7 litros con caja de cambios de cuatro marchas. A partir de ahí volvieron las evoluciones: Targa, 911 S, Carrera, RS 3.0 y, por fin, en 1975, el Turbo.

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El propulsor turbo era un tres litros y, por primera vez, se montaba la técnica de la sobrealimentación, algo que sólo se utilizaba en competición. Con la llegada del Turbo, el 911 pasó a entregar 260 CV. Sus prestaciones se dispararon: 5,5 segundos en el 0-100 km/h y más de 250 km/h de punta.
En 1978 llegaría el Súper-Turbo, un brutal 3.3 litros que pasaba de los 300 CV y lucía un radical alerón de popa. Con frenos perforados derivados del coche que corría en Le Mans, era un pura sangre único.

Para esta nueva etapa se incluyeron otras modificaciones interesantes. Además del turbo, se añadieron paragolpes en aleación ligera con los intermitentes integrados. La carrocería se monta por primera vez sobre fuelles elásticos y los retrovisores exteriores cuadrados se pintan del mismo color que el coche.

Habría que esperar hasta 1982 para que la gama recibiese un nuevo revulsivo. Después de varias combinaciones de Targa, Coupé y carrera con los nuevos motores turbo, llegó el 911 Cabriolet, la primera versión completamente descapotable.

Su aparición supuso una revolución y el público respondió encantado. La capota se recogía con mando manual y, además, la luneta trasera de plástico se podía abrir con una cremallera. En su aparición, el Cabrio se combinó con el motor de 3 litros y 204 CV. Desde 1984 se ofreció también con una versión 3.2 litros de 231 CV y estructura Carrera.

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Poco después del Cabrio se presentaba un nuevo 911 Coupé Carrera, una variante que ahora montaba el motor de 231 CV. El Carrera 3.2 también fue comercializado con la carrocería del 911 Turbo como equipamiento especial y, a partir de 1985, opcionalmente también sin spoiler delantero ni trasero, sólo con los ensanches de las aletas. En 1988, la versión Carrera sería, además, la primera de la familia en montar la tracción integral. El coche se llamó 911 Carrera 4. Era hijo natural del 959, un prototipo que movilizaba, a partir de su motor turbo, unos desbordantes 450 CV y que contaba con tracción inteligente a las cuatro ruedas de regulación variable, así como con chasis ajustable. En 1986, el 959 logró ganar el rally más duro del mundo, el París-Dakar.

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p> En 1989 se cerraría la Segunda Serie con el Carrera 3.2 Speedster, un biplaza descapotable de parabrisas muy bajo y dos tipos de carrocería, la delgada Carrera y la gruesa Turbo.

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