Todo terrenos en el Planeta Rojo

Nunca la denominación “todo terreno” estuvo tan justificada como en el caso del Spirit y del Opportunity. Estos dos vehículos se atreven con la superficie inexplorada de Marte. De su capacidad “off road” depende que el mundo conozca los grandes enigmas del Planeta Rojo.
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Todo terrenos en el Planeta Rojo
Todo terrenos en el Planeta Rojo

Estos TT tienen una autonomía limitada. Su jornada laboral se limita a un día marciano, que equivale a unas cinco horas escasas. ¿Por qué? Debido a que necesitan luz solar para moverse. Para captar la energía del sol, disponen de unos paneles del tamaño de una mesa de cocina, que se hallan en la parte superior de ambos vehículos. Sobre este elemento –que podríamos comparar con un techo solar de uno de nuestros coches- se sitúan una serie de antenas de comunicación, encargadas de transmitir la información, y un mástil en el que se alojan un espectrómetro que capta imágenes en infrarrojos de las rocas y del suelo y dos cámaras de navegación panorámicas, que son también capaces de tomar fotografías tridimensionales en blanco y negro.

Los artilugios que equipan estos todo terreno son muy numerosos: cada centímetro de su “carrocería” es aprovechado. Cada uno de ellos posee un par de espectrómetros que determinan la composición geológica de los minerales que se encuentran a su paso y analizan la presencia de hierro en los mismos. Sin embargo, la pieza estrella del Spirit y del Opportunity es conocida como RAT (Rock Abrasion Tool). Se trata de una herramienta que raspa la superficie de las rocas y analiza su composición interior (aquella que no está alterada por la presencia de agentes exteriores).

Su “manual de funcionamiento” sólo se puede entender si nos metemos en el papel de un geólogo. Mediante las cámaras y espectrómetros analizan las cualidades y composición de las piedras. Por su parte, el RAT, o martillo del geólogo, consigue que las muestras obtenidas sean las más puras posibles.

Entre la “dotación de serie” de estos vehículos se encuentran airbags bastante similares a los que equipa un automóvil convencional. Éstos rodearon completamente a ambos vehículos en su caída sobre Marte: hicieron, con ayuda de los retrocohetes y los paracaídas, que su llegada a la superficie fuera lo más plácida posible para evitarles daños. Hay que tener en cuenta que, en menos de cinco minutos, se pasó de casi 20.000 km/h a cero. Sin embargo, no se trató de un desplome seco. Los citados airbags no se desinflaron en la caída, ya que tenían la misión de hacer “botar” a los TT con el fin de dulcificar su descenso. Estos vehículos espaciales estuvieron rebotando durante más de cinco minutos hasta que finalmente se detuvieron.

Pero, ¿quién es el encargado de conducir estos robots? ¿Van a su aire? Antes de nada, hay que tener en cuenta que, en el Planeta Rojo, no es válido ningún tipo de sistema de ¿navegación, tipo GPS. ¿Un grupo de científicos desde la Tierra programan su particular “rutómetro”: les mandan órdenes a través de líneas de código, como si de un programa informático cualquiera se tratara. La información que se trasmite al Spirit y al Opportunity es revisada concienzudamente para evitar el envío de comandos erróneos. Además, estos TT tienen un particular “circuito de pruebas”: la denominada “sala de arena”, que imita las condiciones del terreno marciano. Es la misma conducción que se realizaba con el Sojourner, aunque la diferencia cuantitativa es más que notable. Si aquél sólo recibía 100 comandos diarios, los actuales “rovers” toleran más de mil.

Las órdenes, preparadas diariamente por un equipo de unas diez personas, son muy claras y precisas e indican exactamente lo que ha de hacer cada uno de los vehículos exploradores. “Gira un metro a la derecha”, podría ser un ejemplo de orden tipo que se envía, aunque la recepción de la misma no se produce en tiempo real. El decalaje existente ronda los 11 minutos, algo que no importa demasiado a los científicos de la NASA, que han habituado su forma de trabajar a ello.

Estos todo terreno “exploradores” también cuentan con un sistema de navegación autónoma que les permite evitar un obstáculo, si se lo encuentran, y que se “alimenta” de información a través de las referencias que detecta en su viaje. Mediante esta forma de desplazamiento, la velocidad máxima se reduce en una quinta parte. Cada uno de los robots tiene cinco horas terrestres (el período en el que Marte recibe la luz del sol) para realizar las acciones que se le mandan; una vez finalizado ese plazo, se envían los resultados a la NASA. Su capacidad de almacenaje es de 128 megabytes de memoria RAM, aumentadas por 256 megabytes de memoria flash y pequeñas cantidades de otras memorias no volátiles, que permiten al sistema retener datos incluso sin emplear energía.

¿Habrá más de estos TT? Si hacemos caso a los responsables de la NASA, la respuesta es sí. Para el año 2009, se planea enviar unos vehículos más versátiles y de mayor tamaño que el Spirit y el Opportunity, que serán capaces de viajar kilómetros por la superficie marciana en misiones que durarán años. Quizás algún día será necesario construir autopistas en Marte.

Un repaso a su historia
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