Todo terrenos en el Planeta Rojo

Nunca la denominación “todo terreno” estuvo tan justificada como en el caso del Spirit y del Opportunity. Estos dos vehículos se atreven con la superficie inexplorada de Marte. De su capacidad “off road” depende que el mundo conozca los grandes enigmas del Planeta Rojo.
Autopista -
Todo terrenos en el Planeta Rojo
Todo terrenos en el Planeta Rojo

Ya llevan más de cien días sobre la superficie marciana y, por lo que dicen los técnicos de la NASA, tienen cuerda para rato. Y eso que muy pocos confiaban en que estos particulares vehículos (Spirit y Opportunity) aguantasen el polvo del Planeta Rojo. Se temía que, después de tres meses rodando, los paneles solares que los alimentan estuvieran completamente obstruidos. Sin embargo, los científicos, por suerte, han fallado en sus cálculos y los TT de Marte pueden continuar su exploración al menos durante cinco meses más.

Estos vehículos no serán recordados por haber logrado ningún récord de velocidad, ni por su consumo ajustado, ni por su tecnología puntera..., pero tienen un hueco asegurado en la Historia: han constatado que hubo agua en el Planeta Rojo hace millones de años. A pesar de ello, estos “rovers” o “exploradores”, como los expertos de la Agencia Espacial estadounidense denomina a estos TT, no se van a detener. Tienen que responder a otro interrogante: ¿Qué ocurrió en Marte para que ese agua desapareciera?

Los técnicos están encantados con el comportamiento de estos particulares todo terrenos. “Desde el punto de vista de la ingeniería, hemos logrado nuestro objetivo. Ahora, incluso, miramos al futuro. Ya estamos pensando en mejoras de software, conceptos de optimización y misiones más extensas. Ambos rovers muestran buen estado y están haciendo perforaciones impresionantes”, ha señalado el director del programa, Matt Wallace.

Pero conozcamos algo más a estos vehículos, una edición limitadísima de dos unidades completamente idénticas. Con unas dimensiones de 1,6 metros de largo, 2,3 de ancho y 1,5 de alto y un peso del orden de unos 174 kilogramos, son capaces de superar, gracias a sus brazos móviles que hacen las veces de suspensiones, obstáculos de hasta 25 centímetros de alto (el doble que sus antecesores) y admiten inclinaciones de hasta 45 grados, aunque, por seguridad y para evitar vuelcos, estos vehículos están programados para evitar pendientes por encima de 30 grados.

Desde que aterrizó sobre la superficie marciana el 24 de enero, el Opportunity ha recorrido más de 800 metros y ha enviado a la Tierra más de 15 gigas de información, entre las que se encuentran cerca de 13.000 imágenes. Su “compañero” Spirit lleva en Marte desde el 3 de enero y ya ha cubierto más de 1,2 kilómetros. Su velocidad estimada es de unos 40 metros al día, aunque las dificultades en el terreno y los diferentes trabajos de investigación no han permitido que este crucero se mantenga constante. En cuanto a su potencia, se calcula que el conjunto puede producir hasta 900 vatios de energía, aunque cuando estos 4x4 se vayan “consumiendo”, se mantendrán en 600 vatios.

Tanto Spirit como Opportunity cuentan con un sistema de tracción con motores eléctricos que van adosados a cada una de sus seis ruedas, cuatro de las cuales (la dos del eje delantero y las traseras) son directrices. Esto los dota de una gran movilidad y maniobrabilidad en la superficie marciana. Rodeando esta zona, sobre el cuerpo de ambos vehículos, se encuentran cuatro cámaras que sirven para detectar y evitar los obstáculos que acechan a nuestros protagonistas.

No es la primera vez que la NASA envía este tipo de vehículos en misiones espaciales. La sonda Pathfinder lanzó al Planeta Rojo un robot de estas características, llamado Sojourner. Este “rover” pesaba 11,5 kg de peso y poseía unas medidas bastante compactas (30 centímetros de alto, 63 de largo y 48 de ancho) que lo equiparaban al tamaño, por ejemplo, de un microondas.

A pesar de este pequeño tamaño, era capaz de superar obstáculos de hasta 13 centímetros de alto y tenía la posibilidad de analizar las propiedades y composición de las rocas y del suelo con la ayuda de un espectrómetro (aparato que separa las partículas o radiaciones de una determinada característica, como la masa, la carga, la longitud de onda, etc., y mide su proporción). Esta información era enviada, a través de un módem, mediante señales de radio. Al mismo tiempo, contaba con una serie de cámaras que advertían de los obstáculos y captaban imágenes que eran enviadas a la sonda que tenía de referencia y que ésta trasmitía a la Tierra.

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