Pila de combustible: la piedra filosofal del siglo XXI

En el aeropuerto de Munich, Alemania, hay una estación de servicio muy especial. De sus surtidores no mana gasolina, sino hidrógeno líquido. Es la primera que se abre en el mundo y abre el camino que va directamente a la automoción del futuro. Los coches del mañana se moverán con hidrógeno, uno de las energías más poderosas y limpias del planeta.
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Pila de combustible: la piedra filosofal del siglo XXI

El combustible de los coches del futuro será el hidrógeno. Pero ¿cómo acumularlo? Con cinco litros es suficiente para recorrer 400 kilómetros y es relativamente barato. Sin embargo, es tan inestable y volátil que, de no aislarse bien, se convierte en una bomba incendiaria. Los depósitos para llevarlo en un coche tienen que ser muy sólidos, lo que los hace demasiado grandes y pesados. En estos momentos se trabaja en depósitos construidos con aluminio y fibras de vidrio. Deberían garantizar tanto la estabilidad del hidrógeno como la estanquedidad, puesto que este elemento se evapora con gran facilidad ¡a través de las paredes!. Además, deben mantenerlo a 253 grados bajo cero, para mantenerlo líquido y almacenar más cantidad. Actualmente, hay un inconveniente importante para el uso comercial del hidrógeno: no hay estaciones de servicio preparadas para dispensarlo y pasará un tiempo antes de que las haya.

Hasta que gasolineras robotizadas puedan recargar los depósitos de hidrógeno, se ha pensado en una solución mixta: los reformadores. Son dispositivos que extraen en el momento de su uso el hidrógeno de combustibles como la gasolina o el metanol. Éste último se puede obterner del gas natural y es muy limpio, pero tiene un problema. Al igual que el gas natural, es muy inestable y obligaría a reformar las estaciones de servicio.

Así que casi todos los fabricantes han optado por trabajar con reformadores de gasolina, combustible bien implantado en la sociedad y que, además, cuenta con el apoyo de las todopoderosas petroleras.

La gasolina, como todos los hidrocarburos, está compuesta de hidrógeno y carbono. El reformador se alimenta con la gasolina, además de aire y agua. Un quemador catalítico, un catalizador, "arranca" el hidrógeno de la gasolina y lo envía, en forma gaseosa, a la pila de combustible.

De esta suerte de combustión a temperatura moderada queda un residuo de carbono en forma de C02, una cantidad ridícula en comparación con la que desprende un motor convencional. Lo bueno es que no hay emisiones de óxidos nitrógenos, ni dióxido sulfuroso ni hollín. También se ha planteado un sistema de almacenamiento de hidrógeno en forma de hidruros metálicos. Estos metales tienen la propiedad de adsorber el hidrógeno y son muy estables. De momento tienen un problema: son muy pesados.

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