Pegaso Z-102 y 103, sueños de un tiempo oscuro

Salvo excepciones, la automoción española del siglo XX no alcanzó las cotas de refinamiento y esplendor que vivió la industria en países como Italia, Gran Bretaña o Alemania. Sin embargo, hubo hitos que asombraron al mundo. Los impresionantes automóviles Pegaso de Competición, construidos en los años 50, son buena muestra del potencial de nuestros ingenieros. El Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona rinde homenaje a un tiempo de ilusiones perdidas.
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Pegaso Z-102 y 103, sueños de un tiempo oscuro

Once de esos supervivientes son los que se exhiben en Barcelona hasta el próximo cuatro de junio. Destaca sobre todo el Z-102 que lleva el número de chasis 0106 y uno de los motores base. Fue la sexta unidad fabricada y se ensambló en Barcelona en 1952. Alcanzaba los 210 km/h y pesaba 1.280 kg. Es una berlina 1+2 de líneas muy limpias y agresivas.

A su lado brilla el Thrill, con número de bastidor 0133, un coche dotado de una aerodinámica rompedora y carrozado por una de las mejores casa italianas, Carrozzeria Touring, de Milán. Corría a 250 km/h y fue pintado en rojo y negro, los colores de Falange.

Con carrocería de la exquisita casa Saoutchik, destaca el Cabriolé número 0134, un coche de gran elegancia y acabado con una precisión de relojero. De la misma carrocera se exhibe otra unidad, la timbrada con el 0136 en el chasis. Más exclusivo e innovador si cabe, este Cabriolet de 1954 supuso una evolución importante en cuanto a estética. Los faros delanteros llevan viseras, como los Ford experimentales del momento. Además, las puertas se abren hacia delante, abandonando la "apertura suicida" que habían montado los modelos precedentes. Junto a estos modelos más o menos "minoritarios", sorprende la Berlinetta Touring Biposto de 1953. Con aerodinámica y carrocería de firma italiana, esta configuración fue la adoptada por la mitad de los Z-102 fabricados. Su cuerpo se construyó siguiendo el innovador método empleado por Touring: estructura reticular de tubos delgados que definía la forma final sobre la que se adaptaban diversas secciones de plancha de aluminio. Este sistema fue adoptado después por Aston Martin y Maserati.

El Z-103, quizá la mejor joya de la muestra, recuerda el momento culminante del trabajo de Ricart. Su vida fue muy efímera. La producción del 102 se llevó de Barcelona a Madrid en 1955 y el ingeniero sólo tuvo tiempo de montar unas pocas unidades. Con mayor espacio interior que sus hermanos, este modelo se ha cansado de ganar concursos de elegancia.

Desafortunadamente perdido en la ignominia y la ignorancia, el Bisiluro, el más sorprendente de los Pegaso de Ricart, está presente en forma de fotografía. Más cercano a la aviación que a la automoción, este prototipo era como un caza de combate sin alas. Llevaba un único asiento encerrado en una carlinga, estabilizadores en la cola y frenos especiales. Así, con una emocionada mirada hacia lo que pudo haber sido y no fue, el CCCB homenajea a unos hombres que soñaron con salir de la miseria de un tiempo funesto. Quisieron salir corriendo de aquella tristeza y, para lograrlo, construyeron máquinas tan rápidas como fueron capaces de imaginar. Para su desgracia, a sus Pegasos de competición les cortaron las alas.

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Pegasos Z102 y Z103

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