Un paso adelante

Si escalofriantes son las cifras de fallecidos en las carreteras semana tras semana, no menos sorprendentes son las de heridos graves. ¿Qué hay tras los accidentes? ¿Cómo se adapta un vehículo? ¿Se puede volver a conducir?
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Un paso adelante
Un paso adelante

En Autopista Online, hemos tenido la posibilidad de hablar con Bruno, un joven de 26 años que quedó parapléjico después de que una ola impactara contra su cuello (la fuerza institiva que ejerció hacia atrás después del golpe desencadenó el problema), mientras se bañaba en una playa de Guatemala. Él nos ha detallado a qué problemas se ha enfrentada y, sobre todo, qué soluciones ha puesto a las dificultades que se encuentra en su quehacer diario. También nos ha contado cómo adaptó su vehículo.

Antes de concertar la entrevista con Bruno, todo eran dudas “seguro que meto la pata con alguna pregunta”. De hecho, cuando quedé con él por teléfono, estuve a punto de preguntarle que cómo iba a reconocerle. Después de hablar con Bruno y comentarle este hecho, él me dijo: “Tranquila, si me hubieras dicho eso, te hubiera contestado que llevaría un clavel blanco en la solapa”.

La filosofía que empuja día a día a nuestro protagonista a dar un paso adelante se basa en esta sabia frase del propio Bruno: “Nunca te digas a ti mismo cosas que no querrías oír. Viniendo de ti, que eres la persona más importante para ti mismo, probablemente te lo creas.”

Bruno es todo vitalidad. En una animada charla que duró cerca de cuatro horas, pudimos comprobar cómo se ha tomado su accidente y, sobre todo, cómo ha decidido que esta “circunstancia” –como él lo denomina- no afecte a su vida.

La simple tarea de echar gasolina a la que todos estamos acostumbrados puede convertirse en un obstáculo para los discapacitados físicos. Bruno nos explicó cómo, no hacía muchos días, él volvía de madrugada de salir con sus amigos. Se quedó en reserva y decidió pasar por la estación de servicio. Normalmente, le pide a cualquier empleado de la gasolinera que le eche combustible o bien convence a otro usuario para que haga esta labor por él y pague en caja. Pues bien, como era más tarde de las 23 horas, sólo había una persona responsable en la gasolinera. Y no podía abandonar su lugar en la caja “por motivos de seguridad” para atender a nuestro protagonista. Así que, ni corto ni perezoso, Bruno movió el coche, para dejar suficiente espacio para sacar la silla, salió, pagó y se sirvió él mismo.

Cuando vemos un reservado para discapacitados, tendemos a pensar “qué suerte tienen”, porque se encuentran más cerca de las entradas de los centros comerciales, de los transportes, etc. Sin embargo, Bruno nos explica que a él le daría exactamente igual que estas plazas estuvieran en “el quinto pino”. Lo importante es que se respeten y que sean amplias. Bruno (en la imagen, el día que estrenó coche adaptado) nos explica que hay que sacar la silla de ruedas del coche y, para ello, es necesario más espacio. A nuestro protagonista no le importa si estas plazas están alejadas de la entrada, como las de cualquier conductor.

Dos de los problemas a los que se enfrenta un lesionado medular es aprender a conducir y realizar la adaptación del vehículo después del accidente. Bruno tenía bastante campo ganado tras el siniestro, ya que no tuvo que aprender a conducir -ya sabía-, aunque sí tuvo que pasar por un examen para demostrar que conocía a la perfección su nuevo vehículo y los mandos adaptados.

Antes del accidente, Bruno conducía un Volkswagen Golf. Cuando, acompañado por su padre, fue a un taller para ver cómo le podían adaptar el coche, encontró un Peugeot 205 de una autoescuela al que le iban a quitar las adaptaciones. Bruno pidió al jefe de taller ese coche a cambio de su Golf, pero éste le contestó que su coche tenía más valor que el 205 y que Bruno salía perdiendo con el cambio. La contestación de Bruno fue contundente: “Para mí el Golf ahora no tiene ningún valor, porque a mí no me sirve; tiene más valor ese coche adaptado. Tiene el valor de que yo lo pueda conducir”.

Dicho y hecho, tras unos ajustes para adaptarlo a él (volante de cuero, acelerador y freno manual, cambio automático…), Bruno comenzó a conducir ese vehículo. El volante forrado en cuero no es lujo, permite tener más agarre. Bruno no tiene aún mucha fuerza en las manos y conduce con guantes, así que el cuero le facilita un mejor manejo. En cuanto al acelerador y al freno, se encuentran accionados por unos volantes de radio menor concéntricos al volante de dirección. Mediante presión, Bruno regula la fuerza de frenada o la aceleración. Como se trata de un vehículo automático, no es necesario el uso de embrague.

Pocas son las ayudas que el Gobierno ofrece para los discapacitados. Por lo general, se limitan a no cobrar el IVA en los vehículos nuevos. No obstante, lo más caro es la adaptación, que cuesta entre 3.000 y 6.000 euros. Lo que ocurre es que, tal y como nos explicó Bruno, las personas que necesitan adaptar su coche proceden de accidentes de tráfico por los que han cobrado una fuerte indemnización; por eso, no hay mucho revuelo. El dinero no puede pagar la salud, pero sí puede conseguir una vida mejor para estas personas. Disponer de coche propio y ser independientes bien vale unos euros, aunque sean miles.

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