Oh, sole mío

La mayoría de los combustibles que hoy en día mueven los vehículos a motor son finitos, por eso hay que empezar a buscar alternativas.
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Oh, sole mío
Oh, sole mío

Según la Agencia Espacial Europea, el éxito de Nuna se basa en el convertidor de energía que se ha utilizado y que garantiza el equilibrio entre la alimentación suministrada por la energía solar, aunque haya nubes, y la batería que acumula dicha energía. El automóvil vencedor incorpora tecnología y materiales utilizados en la construcción de satélites, por ejemplo, lo que da una idea de la complejidad del artefacto. Es un automóvil muy aerodinámico, monoplaza y construido con materiales muy poco pesados para que su resistencia al aire sea menor y, en consecuencia, emplee menos energía en desplazarse. La carrocería de Nuna es de fibra de carbono y está reforzada con un material llamado Kevlar, que se usa en la construcción de satélites.

Para uno de los miembros de la Agencia Espacial Europea, el astronauta Wubbo Ockels, que ha dirigido al equipo vencedor, el éxito de Nuna se basa en “pura estrategia”. El equipo de pilotos recibió consejos de Ockels, que les recomendó conducir tranquilamente durante la última jornada, para optimizar los recursos. El segundo clasificado, el vehículo Aurora, que el año pasado venció en esta carrera, tan sólo se quedó a ocho minutos del ganador; su velocidad media fue ligeramente inferior (89,97 kilómetros por hora).

España no se queda atrás en lo que al desarrollo de vehículos propulsados por energía solar se refiere. Prueba de ello es que la Universidad Politécnica de Cataluña presentó, en la edición de 2000 del Word Solar Challenge, al Despertaferro, que quedó en sexta posición. Dicho vehículo era un proyecto de fin de carrera de ocho alumnos de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Industrial y de la Escuela Superior de Ingeniería de Telecomunicaciones de Barcelona y de la Escuela Universitaria Salesiana de Sarriá.

El Despertaferro se desarrolló en catorce meses y costó 21 millones de pesetas. Pesaba 220 kilogramos y tenía una longitud de 6 metros de largo y 2 de ancho, disponía de tres ruedas (dos delante y una detrás) y de un propulsor Mavilor MA-55 DC de 8 kW (unos 11 CV) de potencia, que se combinaba con baterías de 2.300 kW/h que captaban y almacenaban la energía solar a través de unas placas instaladas en la parte superior del vehículo. En aquella ocasión, la carrera australiana se celebró entre las ciudades de Sidney, Swan Hill y Bendigo, a lo largo y ancho de 1.790 kilómetros.

Otros vehículos solares desarrollados por españoles han sido Xipe o Tonatiuth, este último también participó, en los años 90, en la competición australiana.

Mientras escribimos estas líneas, equipos de ingenieros de todo el mundo se ponen manos a la obra para preparar sus vehículos con el fin de superar a Nuna en la nueva cita de esta carrera en las Antípodas. El objetivo es siempre el mismo: motivar el desarrollo de vehículos basados en la energía solar, lo que implica una reducción de las emisiones contaminantes y una nula dependencia de la actual fuente principal de energía que utilizamos día a día, el petróleo.

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