Obras públicas, ¿con fecha de caducidad?

La caída del puente de Esparraguera (Barcelona) ha levantado una gran expectación social. El hecho de que se derrumbase el puente más reciente y que otro, más antiguo, permaneciese en pie ha sorprendido a todo el mundo. Hoy en día se construye en función de las necesidades sociales y ello obliga a ajustar costes. Algunos expertos advierten del posible carácter efímero de nuestro patrimonio de infraestructuras.
Autopista -
Obras públicas, ¿con fecha de caducidad?

En el caso del puente de Öresund, se ha establecido como parámetro básico del diseño una durabilidad no inferior a 100 años. Este puente, que unirá a Dinamarca con Suecia, se está realizando con los mejores materiales y su durabilidad es la premisa principal. Éste es un caso excepcional, para una obra excepcional. Pero sería interesante saber cuánto tiempo perdurarán las actuales obras en España sin que los costes de rehabilitación y mantenimiento aumenten de forma considerable después de algunas décadas. En un plazo de siete años nuestra red de carretera sufrirá un profundo cambio: 4.911 nuevos kilómetros de vías de alta capacidad y 7.769 de autopistas de peaje se sumarán a la red actual. En el plan de Infraestructuras para el periodo 2000-2007 se contempla un presupuesto de 3,3 billones de pesetas para carreteras. La actual Red de Vías de Gran Capacidad, actualmente de 8.000 kilómetros de longitud, alcanzará los 13.000 tras este periodo. Sería interesante ver por cuáles de estas carreteras todavía circularán nuestros nietos o bisnietos o si tendrán que ir por otro viaducto o autopista, porque el precioso puente anterior ha quedado inservible.

La construcción actual se caracteriza por regirse en función de las necesidades, no debemos olvidar que los recursos de cualquier sociedad son limitados y no se pueden despilfarrar. Los cálculos permiten un sustancial ahorro en la obra pública, tal y como explica Antonio Aguado, director de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos de la Universidad Politécnica de Cataluña en El Periódico: "la calidad de las estructuras se especifica con los requisitos que se le exigen. Suelen ser los mismos en todos los casos, aunque con diferente nivel de exigencia. Esto conduce a percepciones de calidad diferente, con una repercusión económica que aceptamos pagar, según nuestras disponibilidades. En la obra pública, con frecuencia se adjudica a la oferta más barata. Esto puede implicar una reducción del nivel de los requisitos. Deberíamos debatir sobre estructuras bien o mal concebidas. Una mejor concepción implica un coste que, en general, la sociedad no está dispuesta a asumir".

La problemática se desplaza al terreno de la calidad y de la vida útil de nuestras obras públicas. Nos han llegado grandes obras del pasado, calzadas y viaductos romanos, pirámides, palacios y catedrales, pero, ¿cuántas de las grandes obras actuales serán vistas y utilizadas por nuestros nietos o bisnietos? Los materiales que estamos utilizando, como es el caso del hormigón pretensado y del acero, no son eternos y sufren progresivamente una degradación, tal y como se comenta desde la Cátedra de Materiales en la Escuela Superior de Ingenieros de la Universidad Politécnica de Madrid, aunque, se añade que "los materiales que se están utilizando en España son punteros, no tienen nada que envidiar a los que se utilizan en el resto de Europa".

Ginés Aparicio Soto, de la Gestión de Infraestructuras de Andalucía, ya se mostró preocupado por la durabilidad de las obras públicas que se están construyendo en el país en el especial Puentes, publicado por la revista Carreteras el pasado año. Considera que la sociedad española sólo tomará conciencia de este problema en las próximas décadas, cuando la inmensa cantidad de obras que se han construido en nuestro país a partir de la década de los 60 tengan una edad de los 40 a 60 años, lo que obligará a unos presupuestos de reposición importantes que se prolongarán durante años.

Aparicio Soto indica que el aumento de la movilidad va a ser una constante en nuestra sociedad. Sólo el turismo, con un incremento del 9 por ciento anual, es suficiente para incrementar continuamente el ritmo de construcción de las infraestructuras, de ahí la necesidad de realizar un diseño funcional durable teniendo siempre en cuenta las diversas necesidades de la sociedad. En determinadas obras de corte faraónico habría que plantearse cómo se están construyendo; la mayor parte de los puentes se realizan en hormigón pretensado y acero, materiales que ni mucho menos son eternos y cuyo coste de reponibilidad en un futuro sería muy elevado. Soto considera que en determinadas obras con un leve aumento del presupuesto se podría garantizar una mayor vida útil "muy probablemente la inversión en nuestro país deba crecer sólo del orden de un 8 a un 10 por ciento, ello en pro de dejar a las siguientes generaciones obras a las que tengan que dedicar la mitad de recursos anuales, o tal vez menos, para su mantenimiento".

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