Obras públicas, ¿con fecha de caducidad?

La caída del puente de Esparraguera (Barcelona) ha levantado una gran expectación social. El hecho de que se derrumbase el puente más reciente y que otro, más antiguo, permaneciese en pie ha sorprendido a todo el mundo. Hoy en día se construye en función de las necesidades sociales y ello obliga a ajustar costes. Algunos expertos advierten del posible carácter efímero de nuestro patrimonio de infraestructuras.
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Obras públicas, ¿con fecha de caducidad?

La localidad de Esparraguera (Barcelona) se ha convertido en un hormiguero de ingenieros de caminos inmersos en más de cuatro comisiones de investigación diferentes que intentan aclarar las causas de la caída del puente de la N-II. Mientras, las administraciones, ministerios, colegio oficiales y constructoras guardan un escrupuloso silencio a la espera de los resultados de la sacrosanta investigación oficial que se espera que se haga pública dentro de una semana.

No es para menos, un puente, construido hace 30 años por Dragados y Construcciones y ampliado en 1988 por la compañía de Fomento de Construcciones y Contratas (FCC), se desploma sobre la Riera de Magarola en medio de una tormenta el pasado día 10. El puente formaba parte de la N-II entre las localidades de Esparraguera y Abrera (Barcelona); junto a él, otro puente, del siglo pasado pero reformado varias veces este siglo, resistió la riada. ¿Cómo es posible que un puente que se ha ampliado hace una década se caiga en medio de una tormenta y que otro que lleva ya cerca de un siglo en el mismo sitio permanezca en pie? El miércoles 14, el Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Cataluña, sin entrar en ningún tipo de juicios de valor, consideró que; "existen suficientes razones para pensar que, en el caso de estar situado el puente antiguo aguas arriba del moderno, las consecuencias se hubieran producido a la inversa". Es decir, el puente desplomado sirvió de protección al puente antiguo. Aunque ello no justifique en absoluto la caída del paso.

Lo que sí parece estar claro una semana más tarde es que el puente, a pesar de haber cumplido la normativa vigente, no estaba preparado para hacer frente al caudal de agua que bajaba en ese momento por la Riera de Magarola. Sus pilares estaban preparados para resistir una avalancha de lluvia de hasta 100 litros por metro cuadrado en 24 horas, menos de la mitad de la que ese sábado cayó sobre el viaducto: 250 litros. Juan Roldán, portavoz de la constructora FCC, insistió en que ellos se atuvieron a la normativa de construcción:"el MOPU mandó construir la autovía con una capacidad de resistir riadas de hasta sólo 100 litros por metro cuadrado". Pero, según el Servicio Meteorológico de Cataluña, cayeron 208 litros por metro cuadrado en localidades cercanas y en la zona se han rebasado los límites de los 100 litros varias veces en los últimos 50 años.

El problema podría radicar en las estadísticas manejadas. Javier Díez, del departamento de Puertos y Oceanografía de la Escuela de Caminos de la UPM (Universidad Politécnica de Madrid) advierte del imprevisible y destructivo comportamiento de las corrientes de agua. A partir de una determinada velocidad resulta muy difícil calcular el comportamiento y fuerza de las corrientes sobre el entorno. Al construir cualquier puente, uno de los factores más importantes es el cálculo estadístico de la mayor cantidad de agua previsible que pueda llegar a bajar un torrente, en un determinado periodo. En el caso de Esparraguera, se calculó la mayor avenida previsible en un periodo de cien años, calculada en 100 litros por metro cuadrado. Según las estadísticas, una riada de 100 litros por metro cuadrado tenía una probabilidad de 1/100 de ser sobrepasada en 100 años en este punto. La normativa de 1/100 en este caso venía dada por el Ministerio de Fomento, que fue el que contrató la obra.

Estos cálculos se realizan sobre los datos estadísticos suministrados por el Instituto Nacional de Meteorología. El gabinete de prensa de este organismo manifestó que "dependiendo de la zona, se disponen de datos desde principios de siglo, de hace 50 años o de sólo 30. Alrededor de los 50 años se considera una estadística fiable una recogida de datos por encima de los 30 años, eso no quiere decir que lo que no haya pasado en 30 años no pueda ocurrir, ya que todos los años se cogen valores extremos". En otras palabras, las grandes riadas que pudieron producirse anteriormente a la recogida de datos no figuran en ninguna estadística y por lo tanto no entran en los cálculos de los ingenieros.

Los ingenieros toman estos datos, realizan un promedio en la zona y calculan una media sobre los máximos valores. Después, se construye sobre este máximo "generosamente". Aun así, no hay que olvidar que se trabaja con estadísticas y que se construye en función de las necesidades. Si hay algo que ha cambiado en la construcción del último siglo es que, mientras antes todo se hacía a lo grande, por la falta de conocimientos técnicos, ahora se estudian las necesidades y, en función de ello, se construye. Es una manera de reducir costes. Los ingenieros no calculan un puente para la máxima avenida imprevisible, sino que se hace un cálculo para la máxima avenida previsible y ahí ya se impone una limitación.

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