Los coches de la NASA

En pleno siglo XXI, nos adentramos en ese mundo que todos conocemos como futuro. En medio de la carrera tecnológica, el centro de investigación de la NASA ha hecho posible muchas realidades, para la mayoría inconcebibles. En este reportaje te descubrimos todas: desde el primer coche lunar hasta el último proyecto de automóvil volador.
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Los coches de la NASA
Los coches de la NASA

Desde que los efectos especiales lo permiten, el cine y la ficción nos han mostrado el futuro tal y como se lo imagina la mente humana: ‘Blade Runner’, ‘El Quinto elemento’, la serie ‘Futurama’… Ya sea un futuro catastrófico o un idílico siglo XXIII, los coches voladores y casi autónomos han sido una constante en todas estas versiones ficticias.

¿Quieres saber como se prepara una misión en el espacio? Pues ‘Muy Interesante’ te invita a un increíble viaje para dos personas al Centro Espacial Kennedy, en Florida, para que conozcas de primera mano cómo es el procedimiento que se lleva acabo para realizar una misión al espacio. Para participar, sólo tienes que responder correctamente a esta pregunta: ¿Cuándo pisó el hombre por primera vez la luna?

La realidad es que no estamos tan lejos de ello: ya a principios del siglo XXI, la tecnología avanza a pasos de gigante. En este reportaje, te mostraremos automóviles que revolucionan este concepto en sí mismo, ya sean vehículos preparados para recorrer la superficie de otros planetas, ya sean los soñados coches que pueden volar. Es imposible negar la evidencia: el futuro ha llegado.

La NASA se adelantó al siglo XXI en 1960. La carrera espacial, muy ligada a la Guerra Fría, fue uno de los motivos de mayor competencia entre EEUU y la URSS. Así surgió la NASA, que representó, y representa, la vanguardia tecnológica del mundo occidental.

El hombre llegó a la luna en aquellos años, fue el primer destino fuera de la Tierra. Tras pisar nuestro satélite y ‘plantar la bandera’ del ‘Tío Sam’, la carrera espacial norteamericana se fijó nuevos horizontes: conocerla ‘in situ’ y, además, el planeta rojo, Marte. Para ello, la NASA creó una serie de vehículos que, fabricados para ser conducidos por el hombre o no, han sido muy útiles para investigar la superficie de estos lugares extraplanetarios. El mayor reto consistía en adaptar estos ‘automóviles’ a las distintas condiciones de estos lugares (geografía, gravedad, fisonomía del suelo, temperatura…), algo que solventaron con éxito. ¿Preparado para un viaje espacial? Te presentamos los coches del espacio.

El 26 de julio de 1971, la misión Apolo XV comenzó en el Cabo Kennedy. De allí despegaron tres astronautas: David Scout, James Irvin y Alfred Worden, a bordo del satélite Saturno V. Pero no eran los únicos pasajeros: el Lunar Roving Vehicle (LRV) , conocido popularmente como ‘Rover Lunar’ iba plegado en uno de los compartimentos de la nave.

El LRV fue el primer vehículo espacial de la historia, creado para explorar la superficie de la luna. Contaba con una vida útil de 180 kilómetros, aunque sólo podía alejarse 9,6 kilómetros del módulo Lunar.

Poseía un chasis de aluminio y cuatro ruedas, con un diámetro de 81,8 cm, amortiguadas por un sistema de torsión. Cada una de ellas, se movía gracias a un motor eléctrico equipado con dos baterías de 36 voltios cada una. Esta mecánica le permitía viajar a 5 km/h, siendo su velocidad máxima de 14 km/h.

Su fisonomía estaba formada por tres partes. La delantera incluía la unidad de proceso de información, el sistema de navegación de control electrónico y un dispositivo formado por antenas de recepción y emisión de corto alcance que se conectaba con la base en la luna. Por su parte, en la central, se ubicaban los asientos de los pasajeros que conducían el Rover Lunar a través de la consola de control y la palanca de dirección. Finalmente, la trasera guardaba el equipo científico, donde los astronautas disponían las muestras recogidas del suelo lunar. En vacío pesaba 181 kilos y permitía una carga, entre pasajeros y muestras, de 140 kilos.

En este vídeo puedes ver en acción al primero coche del espacio, el Lunar Rover Vehicle. Aunque ya estaba dando los últimos coletazos de vida, misión Apolo XVII, se desenvuelve perfectamente por los terrenos lunares.

El LRV también se utilizó en las misiones de la NASA Apolo XVI y Apolo XVII, hasta que sus 180 kilómetros de vida se agotaron. Gracias a él, pudimos conocer mucho más de nuestro satélite.

Más de veinte años después, la NASA se centró en un nuevo objetivo: descubrir agua en Marte. Para hacer esto posible, en 1997, se creó la Sonda Pathfinder.

A diferencia del LRV, el Microrover Sojourner no fue concebido para ser conducido por el hombre, principalmente por su reducido tamaño: apenas pesaba 11 kilos (4,5 kilos en gravedad marciana). Por ello, era un vehículo teledirigido: los comandos y la telemetría eran proporcionados por un módem que iba conectado a la computadora de la plataforma ubicada en el planeta rojo.

Su estructura recuerda a la de un pequeño tanque, pero, obviamente sin armamento. Frente a las cuatro ruedas del Lunar Roving, equipaba seis de 13 centímetros de diámetro, con una suspensión de balanceado único o mecedora. Cada una de ellas rotaba y se movía adaptándose al terreno de forma independiente. Su energía la tomaba de nueve baterías primarias de LiSo C12 que suministraban 150 vatios cada una. A fin de garantizar la mayor autonomía posible, había sido diseñado para tener un consumo de potencia bajo.

Para resistir las altas temperaturas, todos los componentes sensibles al calor extremo se contenían en un cubículo asistido térmicamente. Toda la información recogida por este ‘minivehículo’ se registraba en un procesador, una CPU 80 C85 protegida de las radiaciones cósmicas.

En 1997 la sonda Pathfinder llegó a Marte. El Micro Rover Sojourner fue el primer rover encargado de analizar el suelo de nuestro planeta vecino. Un vehículo que evolucionaría en los Mars Rover que fueron lanzados en los inicios del siglo XXI.

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