Muscle cars en el siglo XXI

El gusto por la estética vintage ha permitido el renacimiento del concepto muscle car en pleno siglo XXI. Si bien no en la cultura, sí en la concepción mecánica y la estética. El primero fue el Mustang en 2005, con una quinta generación inspirada en el primer modelo nacido a finales de los 60. A su estela llegaron el Chevrolet Camaro y el mítico Dodge Challenger.
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Muscle cars en el siglo XXI
Muscle cars en el siglo XXI

Pese a que el mundo del automóvil hoy se viste de verde y que incluso las marcas de deportivos de lujo invierten en tecnologías respetuosas con el medio ambiente, el legado de los muscle car ha regresado en pleno siglo XXI. Y no estamos hablando de piezas de colección o de clásicos restaurados para quemarlos en carreras de drags. Puede que en los años 70, estos titanes tan ‘gastones’ y broncos murieran, pero su leyenda se mantuvo viva gracias a sus ‘hermanos pequeños’, los pony car, para renacer a mediados de la primera década del nuevo siglo.

Es un error habitual meter al Chevrolet Camaro o al Ford Mustang en el saco de los muscle car: en realidad éstos nacieron como versiones ‘light’ de aquellos. Pero fueron sus motores más comedidos los que permitieron que perduraran en el tiempo.

Chevrolet dio salida al Camaro para competir contra el Ford Mustang: lo que en aquellos años parecía un experimento, le sirvió a la marca americana para dar salida a uno de sus modelos más icónicos. El primer Camaro de la historia nació en 1967 con motores que iban desde los 5,7 litros hasta los 7,0. El más ‘muscle’ de todos era el 7.0 V8 de 400 CV, conocido como COPO 9560. Pero era una rareza que contó con muy pocas unidades. Durante su vida en los 70, tuvo algunas reminiscencias de la ‘época dorada’ contando siempre en su gama con un modelo V8 de casi 400 CV. Eso sí, no como modelo de ‘acceso’ si no como uno de la más alta de gama.

Las décadas de los 80 y 90 desvirtuaron en cierta medida la esencia del Camaro, que más bien era un deportivo coupé más parecido en estética a los deportivos japoneses. Hasta 2006, cuando los ciclos de la moda permitieron revivir al Chevrolet Camaro –nuevamente siguiendo la estela del regreso del Ford Mustang-: con ese aspecto musculoso y retro, acompañado de todas las bondades tecnológicas del siglo XXI y sumando la siempre constante tracción trasera.

Su quinta generación, que ha recibido este año una actualización, está disponible en tres versiones: la LT y LS con motores 3.6 V6 de 312 CV y el potente SS de 6,2 litros V8 de 400 o 426 CV, todo un homenaje a los muscle car de los 70.

Para la marca del óvalo, el Mustang es su hijo predilecto. No en vano, es uno de los pocos modelos del fabricante norteamericano del que se han vendido nueve millones de unidades y también uno de los pocos que ha logrado sobrevivir casi medio siglo.

La primera generación vino a mediados de los 60, cuando los muscle car eran el referente en la calle y en los concesionarios. Su diseño fue obra de Joe Oros y se presentó al mundo en el Salón de Nueva York de 1964. Mientras que la gama del Mustang montaba un V6, Ford pensó que no podía faltar una variante algo más potente que estuviera a la altura del aclamado Pontiac GTO. Así, nacía el Shelby GT500 que escondía bajo el capó un V8 de 335 CV y que se distinguía de sus hermanos, además de por el sonido, por las dos franjas que decoraban su capó.

Al igual que el Camaro, pasó por etapas similares en su evolución: mecánicas más comedidas en los 70, cambio de imagen hacia los deportivos japoneses y europeos en los 80 y los 90, para volver a sus raíces en 2005 con un diseño ‘vintage’ que recuerda irremediablemente al primer Mustang de la historia. Pero no sólo retornó esa imagen ‘sesentera’ si no la nomenclatura Shelby GT500 aderezada con un V8 de 540 CV que habría sacado los colores al mismo GTO y que fue escogido para ser el nuevo Coche Fantástico. Su éxito se mantiene y muchos rumores apuntan a que en 2014 veremos una nueva generación del Munstang.

Conocido como el heredero de la última generación de los muscle car, el Challenger es el único que no pasó a ser leyenda. Quizá su nombre era algo más que una denominación. Filosofías aparte, lo cierto es que el Challenger resurgió cual ave fénix de sus cenizas en 2007. Un renacer que tuvo su ‘empujoncito’ con la llegada del Camaro y del Mustang.

El Challenger como tal murió oficialmente en 1974, junto a sus hermanos. A partir de aquel año y hasta la actual generación, el Challenger se convirtió en un utilitario –con motores inferiores a los 100 CV- que los puristas se niegan a reconocer como Challenger. Si bien el Ford Mustang y el Chevrolet Camaro perdieron parte de su esencia, nunca dejaron de ser modelos deportivos. Finalmente, la producción del Challenger finalizó diez años después, con relativo éxito de ventas.

Pero la llegada del Mustang basado en la leyenda de los años 60, seguido del Camaro puso los dientes largos a Dodge. La tercera generación del Challenger, prototipo en 2007 y modelo de producción a partir de 2008, toma mucho del diseño original, así como la filosofía mecánica: propulsión trasera y motores V8, excepto la variante SE con un propulsor de seis cilindros en uve. De entre todos destaca el SRT8, con un motor hemisférico HEMI 6.1 de 425 CV que, al igual que su predecesor y sus rivales actuales, puede asociarse a un cambio manual o automático.

Haciendo honor a sus raíces como único y auténtico muscle car renacido, Dodge apela a nuestra nostalgia con versiones limitadas como el HEMI Orange, el BS Blue, el Furious Fucsia o el recién estrenado MOPAR Challenger, con el que más de uno no habrá podido contener la emoción.

El siglo XXI no sólo ha traído de vuelta la moda de los muscle car, además, ha abierto sus puertas a Europa. Al menos en el caso del Camaro, que desde este año se puede adquirir en el Viejo Continente. Pero no será el único, Ford tiene planificada la llegada de Munstang a Europa sobre el año 2012.

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