La crisis del petróleo entra en un fin de semana crucial

Los gobiernos occidentales cuentan los segundos que faltan para que llegue el domingo. Ese día, la Opep se reúne en Viena y, si se cumplen los mejores augurios, decidirá un aumento de la producción de petróleo. Algo así aliviaría de inmediato la inusitada tensión que sufren los mercados y los consumidores de Occidente.
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La crisis del petróleo entra en un fin de semana crucial

Sin embargo, los observadores no se creen que el incremento vaya a ser sustancial. Como mucho, medio millón de barriles de petróleo más al día. Un millón menos de lo necesario para relajar unos precios que ayer llegaron a los 35,39 dólares por barril en Nueva York y a los 34,5 en Londres. Son los precios más altos de la última década. Si sigue esta progresión, el récord de 41 dólares puede caer sin problemas.
Así las cosas, la diplomacia occidental anda de cabeza. A la arena han bajado Clinton y Aznar, entre otros, para pedir a la Opep que aumente su producción. El presidente del Ejecutivo español ha mediado ante el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, para que calme los ánimos de sus socios de la Opep.
Desde la organización, Arabia Saudí se ha decantado claramente del lado de sus aliados estadounidenses y ha confesado que ya ha abierto más el grifo por su cuenta. Sin embargo, de poco parece haber servido su actuación unilateral. Ahora, los saudíes aseguran que trabajarán para lograr un nuevo aumento de cuotas. Sería el tercero del año.
Los "halcones", como Irak, Irán, Libia y, en menor medida, Venezuela, esconden sus cartas y siembran el pánico en los mercados, porque no quieren producir más.
El problema es que difícilmente los países de la Opep podrán incrementar su capacidad instalada. Y aunque lograran hacerlo, sólo queda libre un tres por ciento de todos los petroleros del mundo para llevar más mercancía. El resto, viaja hasta la borda de crudo y no da abasto.
Por muchos esfuerzos que hagan, el invierno está sentenciado ya a la carestía. La única buena noticia en este sentido es que las maltrechas reservas norteamericanas se recuperan lentamente y ya están sólo un siete por ciento por debajo de su nivel normal.
Para aliviar un poco la tensión, el Gobierno de México ha hecho pública su intención de vender más petróleo (200.000 barriles más) y a un precio más barato. El problema es que México no pertenece a la Opep y, aunque es un gran productor, sus decisiones no alterarán el orden actual.
Para no perder la ilusión, un instituto noruego de estadística asegura en un estudio oficial que el precio caerá hasta los 19 dólares dentro de dos años. Un claro efecto rebote, aunque sea a largo plazo.
La Unión Europea celebra hoy una reunión de ministros de finanzas que tiene carácter de gabinete de crisis. A la situación del petróleo se suma el hundimiento del euro, con lo que el problema se agrava notablemente. Los ministros tratarán de aunar posiciones y buscar alguna solución rápida.
Francia, entre el caos y las negociaciones
Con un ojo en la Opep y otro en los índices de precios, el Gobierno francés encara una de las mayores crisis de los últimos años. Sus refinerías y depósitos siguen bloqueados por los agricultores y transportistas que reclaman una bajada del gasóleo. El país está desabastecido y muchos sectores económicos acumulan pérdidas. El 80 por ciento de sus gasolineras se han quedado sin suministro y una de cada tres ha cerrado. El desorden se ha trasladado a Andorra y las zonas fronterizas con España, donde largas colas de coches esperan para repostar en gasolineras abastecidas.
Ayer, los transportistas de viajeros llegaron a un principio de acuerdo que consideraron positivo y depusieron su actitud. Se dan por satisfechos con los 35 céntimos de franco, unas ocho pesetas, que el Ejecutivo les ha ofrecido como rebaja fiscal para el año que viene con carácter retroactivo hasta principios de éste.
Sin embargo, taxistas, camioneros y agricultores siguen en las barricadas. Para ellos la rebaja propuesta no es suficiente. El nuevo ministro de Interior galo, Daniel Vaillant, ya les ha dicho que es hora de levantar los bloqueos. Esta amenaza encubierta viene respaldada por la Unión Europea, que ha recordado a Francia su obligación de mantener las carreteras despejadas y garantizar el libre tráfico de mercancías.
Hoy, viernes, las negociaciones entran en su quinto día y parece que se abrirá algún claro en la oscuridad del conflicto. En la mañana, taxistas y camioneros han salido satisfechos de las mesas de negociaciones y no descartan que hoy mismo acaben los bloqueos. Los taxis han logrado un aumento de tarifas del 4,5 por ciento. Por su parte, los transportistas de mercancías aún quieren pulir más su acuerdo
Sin embargo, se nubla por otros lugares: en Gales han empezado a bloquear refinerías y en Marruecos se ha declarado una huelga de camioneros.
El Gobierno español se enroca
Por aquello de las barbas del vecino, el Ejecutivo español ha empezado a moverse. Para empezar ha dejado claro que no piensa bajar los impuestos sobre los carburantes. Por dos motivos; uno: son de los más bajos de Europa; dos: la bajada sería absorbida rápidamente por el mercado del petróleo y no tendría efecto. En definitiva, dejan la responsabilidad en el tejado de la Opep.
Para que no todo sea una de arena, también han dado una de cal. El Ministerio de Agricultura se ha apresurado a anunciar su intención de negociar con los colectivos afectados. Los agricultores son los que más avanzadas llevan las movilizaciones, por lo que corre prisa calmarlos. Arias Cañete, ministro del ramo, ha insinuado que la solución está en negociar rebajas en el IVA y el IRPF que pagan los trabajadores del campo. Es una suerte de compensación que también podría servir para los transportistas.
Éstos, en las varias organizaciones que han salido a la palestra en estas semanas de reivindicaciones, no terminan de presentar una formación unida como el "frente del gasóleo" francés. Los grandes empresarios han pedido que se apliquen subidas de tarifas ante esta subida de los costes. Así lo ha reclamado Conetrans, una de las principales organizaciones.
Los autónomos, más beligerantes, se agrupan bajo la bandera de Fenadismer, alma de la Plataforma de Consumidores de Combustibles. Preparan sus movilizaciones con mucho temor, pues sufren en sus carnes directamente los efectos de una huelga.
A su Plataforma se subieron ayer los empresarios de estaciones de servicio aliados en la CEES. Esta sorpresiva llegada de refuerzos se produce después de que la Plataforma llamase al boicot contra las gasolineras de Repsol. Los empresarios de estaciones, anticipándose al sabotaje, se unen a los boicoteadores, no sin antes dejarles claro que atacar a las estaciones no soluciona nada. Al fin y al cabo, todos son pequeños empresarios y la culpa es de la petrolera, o de la Opep.
Roberto Sáenz, presidente de los gasolineros, indica que no es una buena medida rebajar los impuestos. Sin embargo, se mostró de acuerdo con la idea de ofrecer contraprestaciones fiscales a los colectivos afectados.
Sin embargo, en el consumidor de a pie no piensa nadie y no se le ofrecen soluciones. Sólo malas noticias, como la difundida ayer por la Organización de Consumidores y Usuarios: España es el país europeo con la peor relación entre el precio del combustible y los ingresos per cápita.

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