Francia raciona la gasolina

Los transportistas y los agricultores galos han sitiado literalmente su país y mantienen bloqueadas las gasolineras. Tanto es así que las estaciones que aún tienen reservas han tenido que racionarlas.
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Francia raciona la gasolina
Francia raciona la gasolina

En algunos departamentos (provincias) se ha fijado un máximo de 25 litros por coche y 50 por camión, mientras que en la zona de Burdeos no se puede repostar por valor de más de 3.800 pesetas para el gasóleo ni más de 5.000 pesetas en gasolina. Los camiones no pueden pasar de 15.200 pesetas.
Estas medidas extremas se han puesto en marcha ante la situación de desabastecimiento provocado por las protestas de los transportistas, taxistas y agricultores franceses. Sus camiones, coches y tractores bloquean desde el lunes las refinerías y depósitos de combustible.
Piden al Gobierno que rebaje en 12,5 pesetas el impuesto de combustibles, que está entre los más altos de Europa. Sin embargo, el Ejecutivo sólo ofrece una rebaja de 6,25 pesetas. En ese tira y afloja se encuentran en estos momentos.
Como se recordará, a finales de la semana pasada el Gobierno galo anunció unas rebajas fiscales que reducían el impuesto del gasóleo agrícola y congelaba los demás. Esta rebaja supo a poco a los transportistas, que se han echado a la calle.
La situación roza la extrema gravedad y no está muy claro qué soluciones pueden encontrarse, puesto que el Gobierno tiene un margen de maniobra muy escaso.
Desde Europa no se ayuda mucho a solucionar el conflicto. Ayer tarde la Comisión Europea, a través de su portavoz de Transportes y Energía, señalaba que no ve la rebaja de impuestos como una medida válida para salir del trance. Mientras tanto, en una información recogida por el diario La Vanguardia, el portavoz del comisario de Mercado Interno, Frits Bolkenstein, aseguraba que los estados comunitarios pueden establecer reducciones fiscales transitorias para casos excepcionales. Estas medidas deberían contar con la aprobación de la Comisión.
De ser así, el Gobierno español podría dar respuesta a la marea de peticiones que han surgido estos últimos días en ese sentido. Ayer mismo se sumaban nuevas voces al coro de personas y organizaciones que claman por la rebaja del impuesto de hidrocarburos. La Generalitat de Cataluña hizo pública su intención de pedir al Ejecutivo que incluya esa medida en los Presupuestos Generales del año que viene.
También el Bloque Nacionalista Galego salió a la palestra para pedir a la Administración que imponga una tasa especial a las petroleras, una maniobra que sí se ha hecho en Francia.
Mientras tanto, las petroleras siguen calladas. Lo único que se sabe de ellas es que ganan más dinero cada año. Ayer, Cepsa anunció que en el primer semestre del año obtuvo un beneficio neto consolidado de 29.072 millones de pesetas, lo que supone un incremento del 65% respecto al mismo periodo de 1999.
La cifra de negocio de la segunda petrolera española ascendió a 920.757 millones, un 59 por ciento más que en 1999, y las ventas alcanzaron los 12,02 millones de toneladas, con un crecimiento del 5,4 por ciento.
Hoy ha presentado sus números TotalFina, que ha incrementado sus beneficios en un 165 por ciento durante el primer semestre de 2000.

Los mercados temen al petróleo
El culpable de esos beneficios de las petroleras es, una vez más, el crudo. Sus precios volvieron a marcar ayer records y no parece que hoy vaya a mejorar la situación. Los operadores no confían en que la Opep vaya a incrementar su producción después de la primera reunión que debe celebrar este domingo en Viena. Como mucho se espera un alza de 500.000 barriles diarios, cantidad a todas luces insuficiente para relajar el mercado.
Ayer, la agencia Reuters distribuyó un estudio según el cual la Opep alcanzó en agosto el tope de su producción histórica, con casi 30 millones de barriles diarios. En pocas palabras: no puede bombear más crudo. Así, difícilmente podrá hacer frente a la demanda de occidente.
Para colmo, los portavoces del cartel insisten en que sobra crudo en el mercado. Para ellos, la culpa de la carestía la tienen las operadoras, que están acaparando petróleo y apenas refinan, además de los altos impuestos que los países occidentales cargan a los carburantes.
En esta situación, el crudo Opep llegó ayer a los 32,5 dólares, un precio desorbitado, mientras que el Brent cerró en Londres a 32,98, su tope en diez años. El Texas de Nueva York acabó el día a 33,80 dólares por barril, después de flirtear con los 34 dólares.
Los observadores saben ya que el invierno va a ser muy duro y que difícilmente bajará el precio del petróleo en unos meses. Los responsables de las economías occidentales se desesperan, porque estos precios arruinan todas sus previsiones de inflación y déficit. El mundo industrializado podría entrar en un principio de recesión. De ser así, los países productores de crudo podrían sufrir una crisis de demanda que hundiese los precios, pero, de momento, asumen ese riesgo. Loyola de Palacio, comisaria europea de Transportes y Energía, considera que esa corrección automática del mercado no se producirá antes de un año, con lo que los precios de la gasolina no bajarán antes de ese plazo.

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