El Gobierno desoye el clamor contra los precios de los combustibles

Aparentemente, la manifestación de consumidores de combustibles que ayer recorrió el centro de Madrid no ha servido para nada. El Gobierno ha vuelto a dar nuevas largas a las protestas.
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El Gobierno desoye el clamor contra los precios de los combustibles
El Gobierno desoye el clamor contra los precios de los combustibles

Todavía no se había disuelto del todo la manifestación cuando José Folgado, secretario de Estado de Economía y Energía, anunciaba que el Ejecutivo no está dispuesto a bajar la fiscalidad que grava los carburantes. Las organizaciones que convocaron la protesta de ayer miércoles pedían principalmente que se rebajase el impuesto especial de hidrocarburos al mínimo permitido por la Unión Europea. "No vamos a tocar los impuestos, porque nos lo impide la normativa comunitaria", sentenció el funcionario de Economía.
Folgado, que se reunió con el portavoz de los manifestantes, Fernando Moraleda, secretario general de la Unión de Pequeños Agricultores, señaló que el Gobierno ya está poniendo en marcha medidas para liberalizar el sector. El alto cargo reconoció que la Administración no tiene todas la competencia que necesitaría para poner orden en este conflicto.
Por su parte, la directora general de Política Energética y Minas, Carmen Becerril, fue mucho más pesimista al señalar ayer miércoles que no hay muchas cosas que hacer en el mercado de los hidrocarburos a pesar de la imagen de falta de competencia.
Becerril apuntó a una mayor transparencia informativa en los precios y a un aumento en el número de gasolineras como soluciones válidas para paliar la carestía de los combustibles.
Esta última sugerencia, la apertura de más centros de abastecimiento, es el argumento más utilizado por el Gobierno. Según Rodrigo Rato, ministro de Economía, es preciso abrir gasolineras en centros comerciales e hipermercados, además de permitir que las cooperativas de transportes y agricultores distribuyan públicamente sus suministros. Ni que decir tiene que el gremio de gasolineros se opone frontalmente a esta posibilidad.
También se oponen, como es lógico, las petroleras, aunque son ellas mismas las que venden a esos nuevos canales de distribución. Su oposición se basa en varias argumentaciones. Una, la principal, niega la supuesta falta de competencia en el mercado español.
En un comunicado hecho público ayer, 7 de junio, la Asociación de Operadores Petrolíferos, AOP, recordó que desde que se liberalizó el mercado el parque de estaciones de servicio no ha dejado de crecer. En los últimos ocho años ha pasado de menos de 6.000 a más de 7.500.
También subraya la AOP que los españoles se han ahorrado 40.000 millones de pesetas desde que los precios no están sujetos a un máximo oficial. Si aún existiese esa imposición legal, las tarifas serían hoy cinco pesetas más altas, remacha el comunicado de las petroleras.
Para concluir, la patronal del sector culpa a la mala situación del euro frente al dólar y a la falta de petróleo en los mercados del encarecimiento de las gasolinas. Según sus datos, el precio del gasóleo en los corros internacionales ha subido un 127,3 por ciento desde enero de 1999.
La observación del mercado mundial de combustibles pone la razón del lado de las petroleras. Ayer mismo, el barril de petróleo dio un pequeño repunte al alza en sus precios, mientras que hace dos días había bajado un poco. Se mueve con leves altibajos en torno a los 28 dólares, un precio que incluso la Opep, el cártel de países productores, considera excesivo.
Sin embargo, no dan señales claras de estar dispuestos a incrementar seriamente su producción de crudo, única medida que acabaría con esta larga crisis de demanda. La Opep tiene prevista una reunión para dentro de dos semanas. La posibilidad de que en ella se decida producir más petróleo tranquiliza relativamente a los intermediarios, que intentan confiar en esa esperanza. Si de repente se supiera que los países petroleros no piensan sacar más líquido de sus pozos, las tarifas se dispararían de golpe sin que nadie pudiera evitarlo.
La diplomacia estadounidense ya se ha puesto en marcha y presiona con fuerza a sus aliados dentro de la Opep para que obliguen a los demás a abrir el grifo y sacar a la calle hasta un millón y medio de barriles más cada día. Aun así, esta vez parece que los agentes estadounidenses lo tienen más complicado. Arabia Saudí, principal productor de petróleo del mundo, no parece dispuesta a incrementar su ritmo de trabajo.
La situación en Estados Unidos está llegando a extremos insostenibles para la economía del mundo que más combustible consume. En mayo, los norteamericanos demandaron 8,6 millones diarios de barriles gasolina, mientras que sus petroleras sólo pudieron producir 8,4 millones. Ambas cifras fueron récord, pero dan una idea de cómo se encuentran los mercados.
En Europa también se acercan momentos de tensión. En Alemania, el precio de la gasolina ha llegado a su máximo histórico al cotizar la súper a 177,6 pesetas por litro. Por primera vez, las gasolineras independientes decidieron por su cuenta subir las tarifas, sin contar con las políticas de precios de las petroleras. Éstas se apresuraron a seguir el paso de los independientes.

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