Muere Ken Tyrrel, mago de la Fórmula 1

Un cáncer de páncreas se ha llevado por delante la vida de Ken Tyrrel, mítico fundador de la escudería que llevaba su nombre. Tyrrel fue el hombre que descubrió a Jackie Stewart y estaba considerado un auténtico romántico de la Fórmula 1, uno de aquellos soñadores que han hecho grande este deporte.
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Muere Ken Tyrrel, mago de la Fórmula 1
Muere Ken Tyrrel, mago de la Fórmula 1

Extremadamente independiente y apasionado. Así era Ken Tyrrel, uno de los estandartes de la Fórmula 1. Murió el sábado en Surrey, Gran Bretaña. Tenía 77 años y, con su desaparición, se va una época del automovilismo.

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p> Entusiasta de la competición, Tyrrel había sido piloto aéreo de combate durante la II Guerra Mundial. Después, en la postguerra, trató de abrirse camino compitiendo, pero no tuvo suerte. Sin embargo, pronto destacó como organizador y promotor. Alumbrado por esa suerte de instinto infalible que ilumina a los pioneros, convirtió su vida en una carrera sin descanso en pos del éxito. Descubrió la Fórmula 1 y entró en ella en un momento de aguas cambiantes, cuando la competición tomaba forma en manos de hombres decididos y audaces.

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p> En 1960 puso en marcha la Tyrrel Racing Organisation, una firma que acabaría siendo leyenda. En 1964 descubrió a un joven piloto llamado

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p> Jackie Stewart. Tuvo el valor de darle un volante para competir en Fórmula 3. Desde entonces, sus nombres y sus famas crecieron juntos.

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p> La llegada a la F1
Para 1968 ya tenían un coche capaz de competir en la Fórmula 1. Tyrrell tomó chasis Matra y les colocó motores Cosworth. Empezó a trabajar con decisión, sin importarle la desigual lucha que libraba frente a marcas con el poderío de Ferrari o Lutus. Nunca se preocupó por la imagen. Sólo le importaba que sus coches fueran competitivos. Sus técnicos trabajaban en unas condiciones que asustaban a la competencia: sin apenas medios y en barracones preindustriales, sólo con ilusión y talento como herramientas.

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p> Con esas fuerzas pusieron a punto un coche suficientemente bueno como para que lo pilotase Stewart. Se sentó a sus mandos y lo hizo campeón del mundo en 1969. Con el dinero y el apoyo que recibieron tras ese título, Tyrrell vio cumplido su gran sueño: un coche con su nombre. La estructura Matra dio paso a los chasis Tyrrell, innovadores y muy capaces. Montaban también los V8 de Cosworth y, tras un 1970 de transición, volvieron a ganar el título mundial en 1971. Jackie Stewart se consagraba y Tyrrell se consolidaba como un patrón revolucionario. De paso, se llevaba el único campeonato de constructores que ganó en su vida.

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p> Un coche con seis ruedas
Apostando siempre por la novedad y la juventud, Tyrrel hace grande su escudería y este deporte. En 1972 ganaba el Mundial un joven Emerson Fittipaldi, con Lotus. Sin embargo, en 1973, el último Jackie Stewart ganaba su tercera corona pilotando un espectacular Tyrrell, siempre con motor Ford Cosworth.

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p> Fue la última victoria. A partir de ahí, con la retirada de Stewart, Ken Tyrrell siguió luchando y aportando genialidad a un mundo cada vez más sofisticado y gobernado por el dinero y las máquinas. Tuvo raptos de lucidez que sorprendieron al mundo, como el P34presentado en 1976, un extraño vehículo de seis ruedas con el que Jody Scheckter y Patrick Depailler fueron primero y segundo en el Gran Premio de Suecia.

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p> Además de estas "locuras", Tyrrell siguió buscando talentos y pilotos jóvenes. Sin embargo, la salida de Stewart había hecho que muchos patrocinadores se retirasen y la falta de dinero puso al equipo en situaciones cada vez más difíciles de sostener.

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p> En los 80 sacó del anonimato a hombres como Jean Alesi, Martin Brundle y el desaparecido Michelle Alboreto. En esa época lograron los Tyrrell su última victoria. Fue en 1983.

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p> Sin más éxitos que reseñar, la escudería malvivió hasta 1997, cuando BAR se quedó con su menguada infraestructura. Ken Tyrrell abandonó la competición en 1998. Dejaba tras de sí una leyenda compuesta por tres títulos del mundo, uno de constructores, 418 grandes premios disputados, 14 "poles", 23 victorias y 20 vueltas rápidas.

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p> Pero, sobre todo, quedaba tras su marcha el sabor de una competición que abandonaba las formas clásicas, los tiempos heroicos, para convertirse en el reino del glamour, los millones y la sofisticación extrema. Era un mundo en el que un septuagenario ya tenía poco sitio, pese a que conservaba su lucidez, su capacidad para improvisar y, sobre todo, un don de mando respetado por todos los que le conocieron.

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p> "Su influencia en mi carrera fue enorme", dice Jackie Stewart, "era mucho más que el propietario y el preparador del equipo. Era como un padre. Me enseñó, me adiestró, me presionó y me preparó. Discutimos juntos y nos reímos juntos."

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