La crisis de Venezuela encarece el petróleo

A Hugo Chávez, el presidente de Venezuela, se le ha sublevado medio país. Una masa compuesta mayoritariamente por la clase media-baja del país ha salido a la calle y lleva ya más de una semana en huelga general, con el Ejército luchando contra los paros y tratando de restablecer el funcionamiento de transportes y refinerías. La crisis es tan grave que el mundo industrializado ha empezado a preocuparse: el excelente petróleo venezolano no se mueve de sus pozos y el precio del barril en los mercados internacionales ha vuelto a subir de forma alarmante.
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La crisis de Venezuela encarece el petróleo
La crisis de Venezuela encarece el petróleo

El bidón de crudo ligero de Texas se pagó ayer en Nueva York a poco más de 30 dólares, el precio más alto desde principios de octubre, cuando el ataque estadounidense a Irak parecía inminente. En Londres, el barril de Brent, crudo del Mar del Norte, cerró su cotización a 28,6 dólares, otro precio realmente alto.

Pero, con ser estos indicadores preocupantes, el más grave es el que ha hecho público la Opep: el precio medio del petróleo Opep (media de siete tipos de crudo extraídos por el cártel) ha subido hasta los 26,48 dólares por barril durante la semana pasada. Es un precio muy alto, pues significa la referencia básica mundial y casi no se hacen contratos por debajo de él. Esta semana se prevé que siga el ascenso, con lo que puede acercarse a los 27, muy cerca de los 28 dólares, el tope máximo fijado por la Opep. Cuando rebase ese nivel, se pondrá en marcha el mecanismo automático de reequilibrio de precios, la llamada ”banda de precios”.

Los analistas tienen muy claro de dónde proceden las tensiones que provocan este alza de los precios de la Opep. El epicentro de la crisis está en Venezuela, un país que vive en medio de una ventolera de huelgas, protestas, amenazas militares y manifestaciones a favor y en contra del gobierno que dirige el siempre polémico Hugo Chávez. Desde los primeros días del país, los sindicatos y los partidos de la oposición alientan una protesta masiva contra Chávez, al que acusan de gobernar con maneras dictatoriales y de haber manipulado a los jueces para anular un referéndum que iba a medir el apoyo que el presidente tiene entre la sociedad. Los problemas económicos y sociales que vive el país están en el trasfondo de este enfrentamiento que dura ya más de dos semanas.

Para Venezuela la huelga tiene un punto clave: el petróleo. Asentado sobre las mayores reservas probadas de crudo del mundo, el país caribeño vive casi por completo del oro negro. En épocas de calma, bombea tres millones de barriles al día, lo que reporta a sus arcas el 80 por ciento de las divisas que ingresan. El 29 por ciento del PIB del país depende del petróleo y también el 50 por ciento de la recaudación fiscal. Para calibrar su importancia, baste decir que Estados Unidos recibe de allí el 13 por ciento del petróleo que consume.

PDVSA, la mastodóntica empresa estatal de extracción y refino, es la segunda petrolera del mundo en tamaño, con el complejo refinero más grande que se conoce, flota de barcos propia y 40.000 personas en plantilla. Como era de esperar, la huelga general se ha cebado con PDVSA. Sus cuadros medios y altos la secundan de forma casi total, con lo que la extracción de petróleo ha caído a un millón de barriles diarios, el refino está en niveles de supervivencia y un número creciente de barcos pierden tiempo y dinero amarrados a los pantalanes de Maracaibo.

Hugo Chávez ha tomado medidas extremas, como asaltar el buque Pilín León (en la foto) y sustituir a sus tripulantes por soldados. También ha distribuido militares por las gasolineras del país para garantizar el suministro. Pero un soldado no es un ingeniero, con lo que las máquinas de la poderosa PDVSA no bombean.

La Opep ha ofrecido ayuda técnica y humana a Venezuela para reanudar el trabajo de la compañía, pero, de momento, Alí Rodríguez, su presidente, no la ha requerido. El que fuera secretario general de la Opep confía en que la situación vuelva poco a poco a la normalidad y garantiza que no faltará el suministro básico de energía. Sin embargo, no oculta sus temores y reconoce que la empresa está contra las cuerdas: “si se hunde, será una catástrofe nacional”.

La tensión política y la consiguiente ausencia del petróleo venezolano en los mercados están detrás del aumento de precios que se vive estos días. Además, la algarada caribeña no podía llegar en peor momento para los países industrializados: en pleno invierno y con la Opep ajustando su producción a la baja. Como ya informamos hace unos días, el cártel petrolero ha decidido, por iniciativa de Arabia Saudí, corregir levemente los niveles de extracción que aprobó en enero, los más bajos de la década. En los últimos meses, los dirigentes del grupo habían permitido un exceso global de la oferta que rondaba los 1,5 millones de barriles diarios. Ahora, los saudíes creen que esa política permisiva arruina la credibilidad de la organización, con lo que han impulsado el reajuste y “blanquean” este exceso dejando el total en 23 millones. En la práctica, casi dos millones de bidones salen del mercado, lo que sumado a los tres millones venezolanos que faltan, supone una merma muy importante. Teniendo en cuenta que el invierno estimula el consumo, está claro que la demanda creciente hará subir más el precio. Si, además, Estados Unidos sigue hostigando a Irak, todavía se oscurecerá más el panorama energético a corto y medio plazo.

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