Jaguar S-Type 2.7D

La llegada de la primera mecánica Diesel a Jaguar coincidió con el anuncio de una segunda, con más de 200 CV, que (a tenor de lo comprobado en su “hermana pequeña”) prometía excelentes prestaciones y comportamiento. Por fin se ha presentado el nuevo motor, un 2.7 biturbo V6, y no hemos quedado defraudados: el refinamiento que siempre acompaña a la marca tiene un nuevo y poderoso cómplice.
Autopista -
Jaguar S-Type 2.7D
Jaguar S-Type 2.7D

La introducción de un motor de estas características merece un cambio en la imagen del S-Type. Las modificaciones no son muy pronunciadas, pero, según anuncian los diseñadores, configuran un vehículo distinto, más dinámico y algo menos clásico.

Así, la línea de la cintura se ha elevado en la parte trasera “para que parezca que el coche va a ‘saltar’ hacia delante”, en palabras de Tad Jelec, diseñador de la automovilística. Esta variación ha sido reforzada con un ascenso del alerón y del paragolpes posterior. Unos grupos ópticos de efecto joya atraen la atención hacia esta zona, cuyas modificaciones mejoran la aerodinámica (0,31 Cx) del automóvil, afirma Jaguar.

Sin embargo, la mayoría de las miradas van hacia la rejilla frontal -más amplia y, en la versión R, con diseño en nido de abeja- y los dobles faros, que acentúan la forma de “V” presente en el capó. Éste también ha recibido cambios: ha sido realizado en aluminio (antes era de acero), lo que reduce su tara en 11 kilos y mejora la distribución de pesos del vehículo.

Este material también ha sido elegido para resaltar el estilo deportivo del S-Type, lo que ha propiciado que, por primera vez, los clientes de la firma tengan a su disposición un salpicadero en aluminio –de serie en las versiones Sport y R- que, si así lo desean, sustituirá al tradicional de madera.

Pero no son las únicas modificaciones en el habitáculo de este Jaguar. Un nuevo cuadro de mandos, con relojes estilo cronógrafo (que permiten una lectura inmediata y correcta) se sitúa frente a la vista del conductor, que seguirá disfrutando de una elegancia difícil de encontrar y de un puesto de conducción en el que los kilómetros pasan sin que el cansancio se acuse.

Pocos elementos habrá que añadir al equipamiento de serie (climatizador dual, asientos y volante con ajuste eléctrico, freno de mano de accionamiento electrónico, controles de tracción y estabilidad, etc.) para personalizar el nuevo S-Type. Sin embargo, los más exigentes podrán ampliar la lista con el navegador, el teléfono, el cambio automático (2.240 euros) y el control de velocidad de crucero adaptable –asociado únicamente a esta transmisión-, los sensores de aparcamiento delanteros y traseros o el sistema de suspensión adaptable CATS (más firme).

Tal profusión de lujo y tecnología tiene un precio que, si bien no está al alcance de todos los bolsillos (¿qué sería entonces de la exclusividad que destila el modelo?), no parece inaccesible. La versión Classic cuesta 43.900 euros y, por 7.000 más, el potencial comprador podrá obtener el S-Type 2.7D V6 Sport o, si lo prefiere, el Executive con cambio automático. Cualquiera de ellos cumplirá con su cometido: hacer disfrutar al cliente de una mecánica Diesel que continúa el legado de brío y refinamiento que envuelve a Jaguar.

La introducción de un motor de estas características merece un cambio en la imagen del S-Type. Las modificaciones no son muy pronunciadas, pero, según anuncian los diseñadores, configuran un vehículo distinto, más dinámico y algo menos clásico.

Así, la línea de la cintura se ha elevado en la parte trasera “para que parezca que el coche va a ‘saltar’ hacia delante”, en palabras de Tad Jelec, diseñador de la automovilística. Esta variación ha sido reforzada con un ascenso del alerón y del paragolpes posterior. Unos grupos ópticos de efecto joya atraen la atención hacia esta zona, cuyas modificaciones mejoran la aerodinámica (0,31 Cx) del automóvil, afirma Jaguar.

Sin embargo, la mayoría de las miradas van hacia la rejilla frontal -más amplia y, en la versión R, con diseño en nido de abeja- y los dobles faros, que acentúan la forma de “V” presente en el capó. Éste también ha recibido cambios: ha sido realizado en aluminio (antes era de acero), lo que reduce su tara en 11 kilos y mejora la distribución de pesos del vehículo.

Este material también ha sido elegido para resaltar el estilo deportivo del S-Type, lo que ha propiciado que, por primera vez, los clientes de la firma tengan a su disposición un salpicadero en aluminio –de serie en las versiones Sport y R- que, si así lo desean, sustituirá al tradicional de madera.

Pero no son las únicas modificaciones en el habitáculo de este Jaguar. Un nuevo cuadro de mandos, con relojes estilo cronógrafo (que permiten una lectura inmediata y correcta) se sitúa frente a la vista del conductor, que seguirá disfrutando de una elegancia difícil de encontrar y de un puesto de conducción en el que los kilómetros pasan sin que el cansancio se acuse.

Pocos elementos habrá que añadir al equipamiento de serie (climatizador dual, asientos y volante con ajuste eléctrico, freno de mano de accionamiento electrónico, controles de tracción y estabilidad, etc.) para personalizar el nuevo S-Type. Sin embargo, los más exigentes podrán ampliar la lista con el navegador, el teléfono, el cambio automático (2.240 euros) y el control de velocidad de crucero adaptable –asociado únicamente a esta transmisión-, los sensores de aparcamiento delanteros y traseros o el sistema de suspensión adaptable CATS (más firme).

Tal profusión de lujo y tecnología tiene un precio que, si bien no está al alcance de todos los bolsillos (¿qué sería entonces de la exclusividad que destila el modelo?), no parece inaccesible. La versión Classic cuesta 43.900 euros y, por 7.000 más, el potencial comprador podrá obtener el S-Type 2.7D V6 Sport o, si lo prefiere, el Executive con cambio automático. Cualquiera de ellos cumplirá con su cometido: hacer disfrutar al cliente de una mecánica Diesel que continúa el legado de brío y refinamiento que envuelve a Jaguar.

La introducción de un motor de estas características merece un cambio en la imagen del S-Type. Las modificaciones no son muy pronunciadas, pero, según anuncian los diseñadores, configuran un vehículo distinto, más dinámico y algo menos clásico.

Así, la línea de la cintura se ha elevado en la parte trasera “para que parezca que el coche va a ‘saltar’ hacia delante”, en palabras de Tad Jelec, diseñador de la automovilística. Esta variación ha sido reforzada con un ascenso del alerón y del paragolpes posterior. Unos grupos ópticos de efecto joya atraen la atención hacia esta zona, cuyas modificaciones mejoran la aerodinámica (0,31 Cx) del automóvil, afirma Jaguar.

Sin embargo, la mayoría de las miradas van hacia la rejilla frontal -más amplia y, en la versión R, con diseño en nido de abeja- y los dobles faros, que acentúan la forma de “V” presente en el capó. Éste también ha recibido cambios: ha sido realizado en aluminio (antes era de acero), lo que reduce su tara en 11 kilos y mejora la distribución de pesos del vehículo.

Este material también ha sido elegido para resaltar el estilo deportivo del S-Type, lo que ha propiciado que, por primera vez, los clientes de la firma tengan a su disposición un salpicadero en aluminio –de serie en las versiones Sport y R- que, si así lo desean, sustituirá al tradicional de madera.

Pero no son las únicas modificaciones en el habitáculo de este Jaguar. Un nuevo cuadro de mandos, con relojes estilo cronógrafo (que permiten una lectura inmediata y correcta) se sitúa frente a la vista del conductor, que seguirá disfrutando de una elegancia difícil de encontrar y de un puesto de conducción en el que los kilómetros pasan sin que el cansancio se acuse.

Pocos elementos habrá que añadir al equipamiento de serie (climatizador dual, asientos y volante con ajuste eléctrico, freno de mano de accionamiento electrónico, controles de tracción y estabilidad, etc.) para personalizar el nuevo S-Type. Sin embargo, los más exigentes podrán ampliar la lista con el navegador, el teléfono, el cambio automático (2.240 euros) y el control de velocidad de crucero adaptable –asociado únicamente a esta transmisión-, los sensores de aparcamiento delanteros y traseros o el sistema de suspensión adaptable CATS (más firme).

Tal profusión de lujo y tecnología tiene un precio que, si bien no está al alcance de todos los bolsillos (¿qué sería entonces de la exclusividad que destila el modelo?), no parece inaccesible. La versión Classic cuesta 43.900 euros y, por 7.000 más, el potencial comprador podrá obtener el S-Type 2.7D V6 Sport o, si lo prefiere, el Executive con cambio automático. Cualquiera de ellos cumplirá con su cometido: hacer disfrutar al cliente de una mecánica Diesel que continúa el legado de brío y refinamiento que envuelve a Jaguar.

La introducción de un motor de estas características merece un cambio en la imagen del S-Type. Las modificaciones no son muy pronunciadas, pero, según anuncian los diseñadores, configuran un vehículo distinto, más dinámico y algo menos clásico.

Así, la línea de la cintura se ha elevado en la parte trasera “para que parezca que el coche va a ‘saltar’ hacia delante”, en palabras de Tad Jelec, diseñador de la automovilística. Esta variación ha sido reforzada con un ascenso del alerón y del paragolpes posterior. Unos grupos ópticos de efecto joya atraen la atención hacia esta zona, cuyas modificaciones mejoran la aerodinámica (0,31 Cx) del automóvil, afirma Jaguar.

Sin embargo, la mayoría de las miradas van hacia la rejilla frontal -más amplia y, en la versión R, con diseño en nido de abeja- y los dobles faros, que acentúan la forma de “V” presente en el capó. Éste también ha recibido cambios: ha sido realizado en aluminio (antes era de acero), lo que reduce su tara en 11 kilos y mejora la distribución de pesos del vehículo.

Este material también ha sido elegido para resaltar el estilo deportivo del S-Type, lo que ha propiciado que, por primera vez, los clientes de la firma tengan a su disposición un salpicadero en aluminio –de serie en las versiones Sport y R- que, si así lo desean, sustituirá al tradicional de madera.

Pero no son las únicas modificaciones en el habitáculo de este Jaguar. Un nuevo cuadro de mandos, con relojes estilo cronógrafo (que permiten una lectura inmediata y correcta) se sitúa frente a la vista del conductor, que seguirá disfrutando de una elegancia difícil de encontrar y de un puesto de conducción en el que los kilómetros pasan sin que el cansancio se acuse.

Pocos elementos habrá que añadir al equipamiento de serie (climatizador dual, asientos y volante con ajuste eléctrico, freno de mano de accionamiento electrónico, controles de tracción y estabilidad, etc.) para personalizar el nuevo S-Type. Sin embargo, los más exigentes podrán ampliar la lista con el navegador, el teléfono, el cambio automático (2.240 euros) y el control de velocidad de crucero adaptable –asociado únicamente a esta transmisión-, los sensores de aparcamiento delanteros y traseros o el sistema de suspensión adaptable CATS (más firme).

Tal profusión de lujo y tecnología tiene un precio que, si bien no está al alcance de todos los bolsillos (¿qué sería entonces de la exclusividad que destila el modelo?), no parece inaccesible. La versión Classic cuesta 43.900 euros y, por 7.000 más, el potencial comprador podrá obtener el S-Type 2.7D V6 Sport o, si lo prefiere, el Executive con cambio automático. Cualquiera de ellos cumplirá con su cometido: hacer disfrutar al cliente de una mecánica Diesel que continúa el legado de brío y refinamiento que envuelve a Jaguar.

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