Jaguar S-Type 2.7D

La llegada de la primera mecánica Diesel a Jaguar coincidió con el anuncio de una segunda, con más de 200 CV, que (a tenor de lo comprobado en su “hermana pequeña”) prometía excelentes prestaciones y comportamiento. Por fin se ha presentado el nuevo motor, un 2.7 biturbo V6, y no hemos quedado defraudados: el refinamiento que siempre acompaña a la marca tiene un nuevo y poderoso cómplice.
Autopista -
Jaguar S-Type 2.7D
Jaguar S-Type 2.7D

El nuevo motor Diesel de Jaguar merecía estrenar también una caja de cambios y, además de contar, opcionalmente, con la ya conocida transmisión automática de seis marchas, esta mecánica está asociada a un cambio manual. Éste también es de seis relaciones, y ha sido suministrado, al igual que el de convertidor de par, por ZF.

Aunque su tacto resulta algo extraño al principio, ya que hay que vencer más resistencia de la habitual para engranar las marchas, es fácil acostumbrarse a él y pasar de una a otra relación hasta llegar a la sexta, que permite desahogar el motor y proporcionar unos cruceros suaves y consumos contenidos (el gasto medio oficial de combustible es de 7,1 litros/100 kilómetros).

El cambio automático de seis velocidades, que apareció en el S-Type R en 2002, ofrece la posibilidad de viajar de manera relajada, sin que la aguja alcance la zona alta del cuentavueltas. Para realizar una conducción más deportiva, basta con elegir el modo “Sport”, que retrasa el momento de subir de una marcha a otra, exprimiendo más cada relación. También se pueden variar las relaciones de modo manual. Habrá que desplazar la palanca hacia la izquierda y moverla hacia la consola central para bajar marchas; esta operación debe realizarse sin brusquedad, pues apenas se aprecia la inserción de una nueva velocidad y es fácil llegar hasta el final de la horquilla, con lo que seleccionaremos segunda, en lugar de quedarnos en cuarta o tercera, si esa era nuestra intención. Además, el paso de una relación a otra no se refleja en el cuadro de mandos, lo que nos obligará a estar especialmente atentos a cualquier variación. Sin embargo, además de ganar rapidez en la operación, justo es decir que, tras algunos kilómetros, nos habremos acostumbrado al tacto de este cambio.

Tras alcanzar velocidades de crucero respetables en las autopistas, nos adentramos en carreteras secundarias, donde podemos observar con mayor precisión las cualidades del cambio manual, rápido y preciso. En los trazados de montaña será, además, donde descubramos las virtudes de un chasis que también ha sido modificado para adaptarse a las exigencias de la nueva mecánica.

En primer lugar, los amortiguadores se han reajustado respecto a las versiones de gasolina y ofrecen –afirma Jaguar- un mayor equilibrio y aplomo. Lo cierto es que contienen el balanceo de la carrocería y permiten que ésta vuelva a su posición original sin bamboleos, ofreciendo un acertado compromiso entre la comodidad y el dinamismo. Teniendo en cuenta el ritmo que se puede alcanzar en estas vías, quizá sería deseable una suspensión aún más firme, pero esto podría derivar en un comportamiento incómodo para los ocupantes, contrario al refinamiento que la marca ofrece en sus vehículos.

El módulo de control de la dirección también ha sido modificado, con el fin de adaptarlo a la nueva suspensión, y la marca asegura que ha mejorado su tacto y su precisión. Ésta ya era más que notable y lo cierto es que continúa enviando el vehículo allí donde apuntamos sin rechistar, lo que –unido al buen trabajo del bastidor- contribuye a aumentar el aplomo que transmite este Jaguar.

El nuevo motor Diesel de Jaguar merecía estrenar también una caja de cambios y, además de contar, opcionalmente, con la ya conocida transmisión automática de seis marchas, esta mecánica está asociada a un cambio manual. Éste también es de seis relaciones, y ha sido suministrado, al igual que el de convertidor de par, por ZF.

Aunque su tacto resulta algo extraño al principio, ya que hay que vencer más resistencia de la habitual para engranar las marchas, es fácil acostumbrarse a él y pasar de una a otra relación hasta llegar a la sexta, que permite desahogar el motor y proporcionar unos cruceros suaves y consumos contenidos (el gasto medio oficial de combustible es de 7,1 litros/100 kilómetros).

El cambio automático de seis velocidades, que apareció en el S-Type R en 2002, ofrece la posibilidad de viajar de manera relajada, sin que la aguja alcance la zona alta del cuentavueltas. Para realizar una conducción más deportiva, basta con elegir el modo “Sport”, que retrasa el momento de subir de una marcha a otra, exprimiendo más cada relación. También se pueden variar las relaciones de modo manual. Habrá que desplazar la palanca hacia la izquierda y moverla hacia la consola central para bajar marchas; esta operación debe realizarse sin brusquedad, pues apenas se aprecia la inserción de una nueva velocidad y es fácil llegar hasta el final de la horquilla, con lo que seleccionaremos segunda, en lugar de quedarnos en cuarta o tercera, si esa era nuestra intención. Además, el paso de una relación a otra no se refleja en el cuadro de mandos, lo que nos obligará a estar especialmente atentos a cualquier variación. Sin embargo, además de ganar rapidez en la operación, justo es decir que, tras algunos kilómetros, nos habremos acostumbrado al tacto de este cambio.

Tras alcanzar velocidades de crucero respetables en las autopistas, nos adentramos en carreteras secundarias, donde podemos observar con mayor precisión las cualidades del cambio manual, rápido y preciso. En los trazados de montaña será, además, donde descubramos las virtudes de un chasis que también ha sido modificado para adaptarse a las exigencias de la nueva mecánica.

En primer lugar, los amortiguadores se han reajustado respecto a las versiones de gasolina y ofrecen –afirma Jaguar- un mayor equilibrio y aplomo. Lo cierto es que contienen el balanceo de la carrocería y permiten que ésta vuelva a su posición original sin bamboleos, ofreciendo un acertado compromiso entre la comodidad y el dinamismo. Teniendo en cuenta el ritmo que se puede alcanzar en estas vías, quizá sería deseable una suspensión aún más firme, pero esto podría derivar en un comportamiento incómodo para los ocupantes, contrario al refinamiento que la marca ofrece en sus vehículos.

El módulo de control de la dirección también ha sido modificado, con el fin de adaptarlo a la nueva suspensión, y la marca asegura que ha mejorado su tacto y su precisión. Ésta ya era más que notable y lo cierto es que continúa enviando el vehículo allí donde apuntamos sin rechistar, lo que –unido al buen trabajo del bastidor- contribuye a aumentar el aplomo que transmite este Jaguar.

El nuevo motor Diesel de Jaguar merecía estrenar también una caja de cambios y, además de contar, opcionalmente, con la ya conocida transmisión automática de seis marchas, esta mecánica está asociada a un cambio manual. Éste también es de seis relaciones, y ha sido suministrado, al igual que el de convertidor de par, por ZF.

Aunque su tacto resulta algo extraño al principio, ya que hay que vencer más resistencia de la habitual para engranar las marchas, es fácil acostumbrarse a él y pasar de una a otra relación hasta llegar a la sexta, que permite desahogar el motor y proporcionar unos cruceros suaves y consumos contenidos (el gasto medio oficial de combustible es de 7,1 litros/100 kilómetros).

El cambio automático de seis velocidades, que apareció en el S-Type R en 2002, ofrece la posibilidad de viajar de manera relajada, sin que la aguja alcance la zona alta del cuentavueltas. Para realizar una conducción más deportiva, basta con elegir el modo “Sport”, que retrasa el momento de subir de una marcha a otra, exprimiendo más cada relación. También se pueden variar las relaciones de modo manual. Habrá que desplazar la palanca hacia la izquierda y moverla hacia la consola central para bajar marchas; esta operación debe realizarse sin brusquedad, pues apenas se aprecia la inserción de una nueva velocidad y es fácil llegar hasta el final de la horquilla, con lo que seleccionaremos segunda, en lugar de quedarnos en cuarta o tercera, si esa era nuestra intención. Además, el paso de una relación a otra no se refleja en el cuadro de mandos, lo que nos obligará a estar especialmente atentos a cualquier variación. Sin embargo, además de ganar rapidez en la operación, justo es decir que, tras algunos kilómetros, nos habremos acostumbrado al tacto de este cambio.

Tras alcanzar velocidades de crucero respetables en las autopistas, nos adentramos en carreteras secundarias, donde podemos observar con mayor precisión las cualidades del cambio manual, rápido y preciso. En los trazados de montaña será, además, donde descubramos las virtudes de un chasis que también ha sido modificado para adaptarse a las exigencias de la nueva mecánica.

En primer lugar, los amortiguadores se han reajustado respecto a las versiones de gasolina y ofrecen –afirma Jaguar- un mayor equilibrio y aplomo. Lo cierto es que contienen el balanceo de la carrocería y permiten que ésta vuelva a su posición original sin bamboleos, ofreciendo un acertado compromiso entre la comodidad y el dinamismo. Teniendo en cuenta el ritmo que se puede alcanzar en estas vías, quizá sería deseable una suspensión aún más firme, pero esto podría derivar en un comportamiento incómodo para los ocupantes, contrario al refinamiento que la marca ofrece en sus vehículos.

El módulo de control de la dirección también ha sido modificado, con el fin de adaptarlo a la nueva suspensión, y la marca asegura que ha mejorado su tacto y su precisión. Ésta ya era más que notable y lo cierto es que continúa enviando el vehículo allí donde apuntamos sin rechistar, lo que –unido al buen trabajo del bastidor- contribuye a aumentar el aplomo que transmite este Jaguar.

El nuevo motor Diesel de Jaguar merecía estrenar también una caja de cambios y, además de contar, opcionalmente, con la ya conocida transmisión automática de seis marchas, esta mecánica está asociada a un cambio manual. Éste también es de seis relaciones, y ha sido suministrado, al igual que el de convertidor de par, por ZF.

Aunque su tacto resulta algo extraño al principio, ya que hay que vencer más resistencia de la habitual para engranar las marchas, es fácil acostumbrarse a él y pasar de una a otra relación hasta llegar a la sexta, que permite desahogar el motor y proporcionar unos cruceros suaves y consumos contenidos (el gasto medio oficial de combustible es de 7,1 litros/100 kilómetros).

El cambio automático de seis velocidades, que apareció en el S-Type R en 2002, ofrece la posibilidad de viajar de manera relajada, sin que la aguja alcance la zona alta del cuentavueltas. Para realizar una conducción más deportiva, basta con elegir el modo “Sport”, que retrasa el momento de subir de una marcha a otra, exprimiendo más cada relación. También se pueden variar las relaciones de modo manual. Habrá que desplazar la palanca hacia la izquierda y moverla hacia la consola central para bajar marchas; esta operación debe realizarse sin brusquedad, pues apenas se aprecia la inserción de una nueva velocidad y es fácil llegar hasta el final de la horquilla, con lo que seleccionaremos segunda, en lugar de quedarnos en cuarta o tercera, si esa era nuestra intención. Además, el paso de una relación a otra no se refleja en el cuadro de mandos, lo que nos obligará a estar especialmente atentos a cualquier variación. Sin embargo, además de ganar rapidez en la operación, justo es decir que, tras algunos kilómetros, nos habremos acostumbrado al tacto de este cambio.

Tras alcanzar velocidades de crucero respetables en las autopistas, nos adentramos en carreteras secundarias, donde podemos observar con mayor precisión las cualidades del cambio manual, rápido y preciso. En los trazados de montaña será, además, donde descubramos las virtudes de un chasis que también ha sido modificado para adaptarse a las exigencias de la nueva mecánica.

En primer lugar, los amortiguadores se han reajustado respecto a las versiones de gasolina y ofrecen –afirma Jaguar- un mayor equilibrio y aplomo. Lo cierto es que contienen el balanceo de la carrocería y permiten que ésta vuelva a su posición original sin bamboleos, ofreciendo un acertado compromiso entre la comodidad y el dinamismo. Teniendo en cuenta el ritmo que se puede alcanzar en estas vías, quizá sería deseable una suspensión aún más firme, pero esto podría derivar en un comportamiento incómodo para los ocupantes, contrario al refinamiento que la marca ofrece en sus vehículos.

El módulo de control de la dirección también ha sido modificado, con el fin de adaptarlo a la nueva suspensión, y la marca asegura que ha mejorado su tacto y su precisión. Ésta ya era más que notable y lo cierto es que continúa enviando el vehículo allí donde apuntamos sin rechistar, lo que –unido al buen trabajo del bastidor- contribuye a aumentar el aplomo que transmite este Jaguar.

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