Mégane Renault Sport

Por fin aparece la versión deportiva del Mégane, que permitirá a los más exigentes contar con altas prestaciones sin renunciar al espacio para la familia. Sus 225 CV de potencia están bastante “domesticados”, por lo que sus buenas maneras están aseguradas en cualquier trazado.
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Mégane Renault Sport
Mégane Renault Sport

La marca del rombo no tenía la intención de crear un deportivo de comportamiento más o menos nervioso (ya cuenta con un representante de este concepto en el Clio Sport), sino uno en el que estuviera presente la noción –tan repetida últimamente- de “potencia bajo control”. Para ello, nada mejor que equipar al Mégane Sport con un innovador sistema de suspensión delantera, similar al que se emplea en los vehículos de competición. Así, cada una de las ruedas está asociada a un pivote independiente y rota según este eje.

También se ha optimizado el tren trasero, cuya rigidez es un 12 por ciento mayor que la del resto de la familia Mégane. Además, el recorrido de la suspensión se ha reducido a 85 milímetros (65 en el tren delantero) y la firmeza de los elementos filtrantes ha aumentado un 22 por ciento.

Llevadas a la práctica, estas mejoras se traducen en una gran estabilidad a la hora de afrontar los trazados más retorcidos. El paso por curva puede realizarse a un ritmo bastante alto y, aunque el aplomo del vehículo no se ve comprometido, sería deseable contar con una amortiguación que sujetara más la carrocería. Así, se subrayarían sus cualidades deportivas, aunque disminuiría la comodidad de los pasajeros.

Éstos se verán protegidos por los múltiples sistemas de seguridad que Renault ha desplegado en el Mégane Sport. El modelo, que obtuvo la máxima puntuación en los tests de seguridad realizados por EuroNCAP tras su lanzamiento, en 2002, no ha descuidado este apartado y ha dotado a la versión más dinámica de la gama de controles de estabilidad y tracción. Este último puede desconectarse mediante un botón cuando se rueda por debajo de los 50 km/h, aunque vuelve a ponerse en marcha automáticamente por encima de esta velocidad.

En el equipamiento de serie también se encuentran, evidentemente, el ABS y el sistema de ayuda a la frenada de emergencia. La distancia de frenado anunciada por Renault -la mejor de 10 ensayos consecutivos- es de 36 metros desde 100 km/h y a esta marca contribuyen unos generosos discos en las cuatro ruedas (312 milímetros delante y 300 atrás) y unas pinzas de cuatro pistones firmadas por Brembo.

La diversión que proporcionan las prestaciones de este Mégane en los trazados de montaña está gestionada, además de por un bastidor aplomado, por una dirección asistida con parámetros recalibrados. Así, la respuesta a cualquier movimiento del volante es muy rápida, lo que permite dibujar sin correcciones la trazada en las curvas.

La marca del rombo no tenía la intención de crear un deportivo de comportamiento más o menos nervioso (ya cuenta con un representante de este concepto en el Clio Sport), sino uno en el que estuviera presente la noción –tan repetida últimamente- de “potencia bajo control”. Para ello, nada mejor que equipar al Mégane Sport con un innovador sistema de suspensión delantera, similar al que se emplea en los vehículos de competición. Así, cada una de las ruedas está asociada a un pivote independiente y rota según este eje.

También se ha optimizado el tren trasero, cuya rigidez es un 12 por ciento mayor que la del resto de la familia Mégane. Además, el recorrido de la suspensión se ha reducido a 85 milímetros (65 en el tren delantero) y la firmeza de los elementos filtrantes ha aumentado un 22 por ciento.

Llevadas a la práctica, estas mejoras se traducen en una gran estabilidad a la hora de afrontar los trazados más retorcidos. El paso por curva puede realizarse a un ritmo bastante alto y, aunque el aplomo del vehículo no se ve comprometido, sería deseable contar con una amortiguación que sujetara más la carrocería. Así, se subrayarían sus cualidades deportivas, aunque disminuiría la comodidad de los pasajeros.

Éstos se verán protegidos por los múltiples sistemas de seguridad que Renault ha desplegado en el Mégane Sport. El modelo, que obtuvo la máxima puntuación en los tests de seguridad realizados por EuroNCAP tras su lanzamiento, en 2002, no ha descuidado este apartado y ha dotado a la versión más dinámica de la gama de controles de estabilidad y tracción. Este último puede desconectarse mediante un botón cuando se rueda por debajo de los 50 km/h, aunque vuelve a ponerse en marcha automáticamente por encima de esta velocidad.

En el equipamiento de serie también se encuentran, evidentemente, el ABS y el sistema de ayuda a la frenada de emergencia. La distancia de frenado anunciada por Renault -la mejor de 10 ensayos consecutivos- es de 36 metros desde 100 km/h y a esta marca contribuyen unos generosos discos en las cuatro ruedas (312 milímetros delante y 300 atrás) y unas pinzas de cuatro pistones firmadas por Brembo.

La diversión que proporcionan las prestaciones de este Mégane en los trazados de montaña está gestionada, además de por un bastidor aplomado, por una dirección asistida con parámetros recalibrados. Así, la respuesta a cualquier movimiento del volante es muy rápida, lo que permite dibujar sin correcciones la trazada en las curvas.

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