Seat Altea

Lo han conseguido. Seat ha logrado crear el monovolumen del futuro: bello estéticamente, con la dosis justa y necesaria de habitabilidad y con un carácter dinámico de primer orden.
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Seat Altea
Seat Altea

Una vez analizada la parte práctica de este monovolumen, que es bastante amplia, debemos centrarnos en la más lúdica. El Altea es un coche excitante en todos los sentidos. Por su diseño y, especialmente, por su comportamiento dinámico.

Tuvimos la oportunidad de ponernos al volante de tres de las cuatro versiones que se comenzarán a vender en el mes de abril. Sólo se nos “escapó” la más básica, el 1.6 de gasolina y 102 CV, pero sí manejamos el 1.9 TDI de 105 CV, el 2.0 TDI de 140 CV (con cambio de doble embrague DSG, por cierto) y el tope de gama, el 2.0 FSI de gasolina y 150 CV.

Común a todos ellos, en niveles de equipamiento que no eran los básicos, es una percepción de calidad interior notable. Hace unos días, el presidente de Audi y responsable de Seat (la marca española está integrada en la alemana), Martin Winterkorn, señalaba que el Altea podía ser un Audi por los niveles de perfección que poseía. Nosotros no vamos a ir tan lejos, pues existe algún plástico, como el del cajón de la guantera, que no nos termina de convencer, pero sí hemos de reconocer que es el mejor Seat que conocemos en cuanto a acabado interior y supera, incluso, a un estandarte en el segmento como es el Touran. Hay diseño, calidad en los plásticos y sensación de durabilidad. Estéticamente destaca el volante, de reducido tamaño, grosor notable y no totalmente circular, y la configuración de los relojes, muy del estilo de los que monta Alfa Romeo.

Hay más detalles que aportan frescura a este interior: salidas del aire acondicionado circulares (herencia del Audi TT), barras protectoras junto a la palanca de cambios y variados espacios para depositar objetos (cajón bajo los asientos delanteros, portagafas en el lado izquierdo, huecos grandes en los paneles de las puertas y así , según la marca, hasta 30 soluciones). La guantera promete más de lo que ofrece, posee una puerta grande que nos hace creer que su capacidad va a ser superior, pero ésta queda limitada por el sistema de desconexión del airbag delantero.

El Altea cumple de sobra con las tres motorizaciones que hemos cogido, aunque cada uno de estos motores tiene sus particularidades. El 1.9 TDI de 105 CV, un veterano dentro del mundo de la automoción, nos ha parecido que es un viejo rockero… que nunca muere. Se muestra capaz de mover con soltura el Altea, aunque nos parece ruidoso y algo brusco. El 2.0 TDI de 140 CV es una delicia, primordialmente en el medio y en el alto régimen. Responde de manera veloz a nuestras demandas y asociado al cambio automático de doble embrague DSG, se muestra como una de las mejores y más avanzadas opciones de compra del mercado.

El tercer motor, el 2.0 FSI de 150 CV, es el más potente, por el momento, de la gama. No hemos tenido muchos kilómetros para probarlo a conciencia, si bien nos ha transmitido buenas sensaciones, sobre todo en la zona alta de cuentavueltas. Si seguimos la información del ordenador de a bordo, también podemos señalar que tiene un consumo elevado, del orden de 13 litros. En su descargo, hay que decir que las cifras se obtuvieron en recorridos en los que no se ahorró esfuerzo sobre el acelerador y en desplazamientos por ciudad.

Nos quedamos con las ganas de “catar” el más básico de todos los propulsores, el 1.6 de 102 CV. Pensamos, sin embargo, que será capaz de impulsar con suficiencia el monovolumen de Seat, aunque dudamos de que su capacidad prestacional sea elevada.

Una vez analizada la parte práctica de este monovolumen, que es bastante amplia, debemos centrarnos en la más lúdica. El Altea es un coche excitante en todos los sentidos. Por su diseño y, especialmente, por su comportamiento dinámico.

Tuvimos la oportunidad de ponernos al volante de tres de las cuatro versiones que se comenzarán a vender en el mes de abril. Sólo se nos “escapó” la más básica, el 1.6 de gasolina y 102 CV, pero sí manejamos el 1.9 TDI de 105 CV, el 2.0 TDI de 140 CV (con cambio de doble embrague DSG, por cierto) y el tope de gama, el 2.0 FSI de gasolina y 150 CV.

Común a todos ellos, en niveles de equipamiento que no eran los básicos, es una percepción de calidad interior notable. Hace unos días, el presidente de Audi y responsable de Seat (la marca española está integrada en la alemana), Martin Winterkorn, señalaba que el Altea podía ser un Audi por los niveles de perfección que poseía. Nosotros no vamos a ir tan lejos, pues existe algún plástico, como el del cajón de la guantera, que no nos termina de convencer, pero sí hemos de reconocer que es el mejor Seat que conocemos en cuanto a acabado interior y supera, incluso, a un estandarte en el segmento como es el Touran. Hay diseño, calidad en los plásticos y sensación de durabilidad. Estéticamente destaca el volante, de reducido tamaño, grosor notable y no totalmente circular, y la configuración de los relojes, muy del estilo de los que monta Alfa Romeo.

Hay más detalles que aportan frescura a este interior: salidas del aire acondicionado circulares (herencia del Audi TT), barras protectoras junto a la palanca de cambios y variados espacios para depositar objetos (cajón bajo los asientos delanteros, portagafas en el lado izquierdo, huecos grandes en los paneles de las puertas y así , según la marca, hasta 30 soluciones). La guantera promete más de lo que ofrece, posee una puerta grande que nos hace creer que su capacidad va a ser superior, pero ésta queda limitada por el sistema de desconexión del airbag delantero.

El Altea cumple de sobra con las tres motorizaciones que hemos cogido, aunque cada uno de estos motores tiene sus particularidades. El 1.9 TDI de 105 CV, un veterano dentro del mundo de la automoción, nos ha parecido que es un viejo rockero… que nunca muere. Se muestra capaz de mover con soltura el Altea, aunque nos parece ruidoso y algo brusco. El 2.0 TDI de 140 CV es una delicia, primordialmente en el medio y en el alto régimen. Responde de manera veloz a nuestras demandas y asociado al cambio automático de doble embrague DSG, se muestra como una de las mejores y más avanzadas opciones de compra del mercado.

El tercer motor, el 2.0 FSI de 150 CV, es el más potente, por el momento, de la gama. No hemos tenido muchos kilómetros para probarlo a conciencia, si bien nos ha transmitido buenas sensaciones, sobre todo en la zona alta de cuentavueltas. Si seguimos la información del ordenador de a bordo, también podemos señalar que tiene un consumo elevado, del orden de 13 litros. En su descargo, hay que decir que las cifras se obtuvieron en recorridos en los que no se ahorró esfuerzo sobre el acelerador y en desplazamientos por ciudad.

Nos quedamos con las ganas de “catar” el más básico de todos los propulsores, el 1.6 de 102 CV. Pensamos, sin embargo, que será capaz de impulsar con suficiencia el monovolumen de Seat, aunque dudamos de que su capacidad prestacional sea elevada.

Una vez analizada la parte práctica de este monovolumen, que es bastante amplia, debemos centrarnos en la más lúdica. El Altea es un coche excitante en todos los sentidos. Por su diseño y, especialmente, por su comportamiento dinámico.

Tuvimos la oportunidad de ponernos al volante de tres de las cuatro versiones que se comenzarán a vender en el mes de abril. Sólo se nos “escapó” la más básica, el 1.6 de gasolina y 102 CV, pero sí manejamos el 1.9 TDI de 105 CV, el 2.0 TDI de 140 CV (con cambio de doble embrague DSG, por cierto) y el tope de gama, el 2.0 FSI de gasolina y 150 CV.

Común a todos ellos, en niveles de equipamiento que no eran los básicos, es una percepción de calidad interior notable. Hace unos días, el presidente de Audi y responsable de Seat (la marca española está integrada en la alemana), Martin Winterkorn, señalaba que el Altea podía ser un Audi por los niveles de perfección que poseía. Nosotros no vamos a ir tan lejos, pues existe algún plástico, como el del cajón de la guantera, que no nos termina de convencer, pero sí hemos de reconocer que es el mejor Seat que conocemos en cuanto a acabado interior y supera, incluso, a un estandarte en el segmento como es el Touran. Hay diseño, calidad en los plásticos y sensación de durabilidad. Estéticamente destaca el volante, de reducido tamaño, grosor notable y no totalmente circular, y la configuración de los relojes, muy del estilo de los que monta Alfa Romeo.

Hay más detalles que aportan frescura a este interior: salidas del aire acondicionado circulares (herencia del Audi TT), barras protectoras junto a la palanca de cambios y variados espacios para depositar objetos (cajón bajo los asientos delanteros, portagafas en el lado izquierdo, huecos grandes en los paneles de las puertas y así , según la marca, hasta 30 soluciones). La guantera promete más de lo que ofrece, posee una puerta grande que nos hace creer que su capacidad va a ser superior, pero ésta queda limitada por el sistema de desconexión del airbag delantero.

El Altea cumple de sobra con las tres motorizaciones que hemos cogido, aunque cada uno de estos motores tiene sus particularidades. El 1.9 TDI de 105 CV, un veterano dentro del mundo de la automoción, nos ha parecido que es un viejo rockero… que nunca muere. Se muestra capaz de mover con soltura el Altea, aunque nos parece ruidoso y algo brusco. El 2.0 TDI de 140 CV es una delicia, primordialmente en el medio y en el alto régimen. Responde de manera veloz a nuestras demandas y asociado al cambio automático de doble embrague DSG, se muestra como una de las mejores y más avanzadas opciones de compra del mercado.

El tercer motor, el 2.0 FSI de 150 CV, es el más potente, por el momento, de la gama. No hemos tenido muchos kilómetros para probarlo a conciencia, si bien nos ha transmitido buenas sensaciones, sobre todo en la zona alta de cuentavueltas. Si seguimos la información del ordenador de a bordo, también podemos señalar que tiene un consumo elevado, del orden de 13 litros. En su descargo, hay que decir que las cifras se obtuvieron en recorridos en los que no se ahorró esfuerzo sobre el acelerador y en desplazamientos por ciudad.

Nos quedamos con las ganas de “catar” el más básico de todos los propulsores, el 1.6 de 102 CV. Pensamos, sin embargo, que será capaz de impulsar con suficiencia el monovolumen de Seat, aunque dudamos de que su capacidad prestacional sea elevada.

Una vez analizada la parte práctica de este monovolumen, que es bastante amplia, debemos centrarnos en la más lúdica. El Altea es un coche excitante en todos los sentidos. Por su diseño y, especialmente, por su comportamiento dinámico.

Tuvimos la oportunidad de ponernos al volante de tres de las cuatro versiones que se comenzarán a vender en el mes de abril. Sólo se nos “escapó” la más básica, el 1.6 de gasolina y 102 CV, pero sí manejamos el 1.9 TDI de 105 CV, el 2.0 TDI de 140 CV (con cambio de doble embrague DSG, por cierto) y el tope de gama, el 2.0 FSI de gasolina y 150 CV.

Común a todos ellos, en niveles de equipamiento que no eran los básicos, es una percepción de calidad interior notable. Hace unos días, el presidente de Audi y responsable de Seat (la marca española está integrada en la alemana), Martin Winterkorn, señalaba que el Altea podía ser un Audi por los niveles de perfección que poseía. Nosotros no vamos a ir tan lejos, pues existe algún plástico, como el del cajón de la guantera, que no nos termina de convencer, pero sí hemos de reconocer que es el mejor Seat que conocemos en cuanto a acabado interior y supera, incluso, a un estandarte en el segmento como es el Touran. Hay diseño, calidad en los plásticos y sensación de durabilidad. Estéticamente destaca el volante, de reducido tamaño, grosor notable y no totalmente circular, y la configuración de los relojes, muy del estilo de los que monta Alfa Romeo.

Hay más detalles que aportan frescura a este interior: salidas del aire acondicionado circulares (herencia del Audi TT), barras protectoras junto a la palanca de cambios y variados espacios para depositar objetos (cajón bajo los asientos delanteros, portagafas en el lado izquierdo, huecos grandes en los paneles de las puertas y así , según la marca, hasta 30 soluciones). La guantera promete más de lo que ofrece, posee una puerta grande que nos hace creer que su capacidad va a ser superior, pero ésta queda limitada por el sistema de desconexión del airbag delantero.

El Altea cumple de sobra con las tres motorizaciones que hemos cogido, aunque cada uno de estos motores tiene sus particularidades. El 1.9 TDI de 105 CV, un veterano dentro del mundo de la automoción, nos ha parecido que es un viejo rockero… que nunca muere. Se muestra capaz de mover con soltura el Altea, aunque nos parece ruidoso y algo brusco. El 2.0 TDI de 140 CV es una delicia, primordialmente en el medio y en el alto régimen. Responde de manera veloz a nuestras demandas y asociado al cambio automático de doble embrague DSG, se muestra como una de las mejores y más avanzadas opciones de compra del mercado.

El tercer motor, el 2.0 FSI de 150 CV, es el más potente, por el momento, de la gama. No hemos tenido muchos kilómetros para probarlo a conciencia, si bien nos ha transmitido buenas sensaciones, sobre todo en la zona alta de cuentavueltas. Si seguimos la información del ordenador de a bordo, también podemos señalar que tiene un consumo elevado, del orden de 13 litros. En su descargo, hay que decir que las cifras se obtuvieron en recorridos en los que no se ahorró esfuerzo sobre el acelerador y en desplazamientos por ciudad.

Nos quedamos con las ganas de “catar” el más básico de todos los propulsores, el 1.6 de 102 CV. Pensamos, sin embargo, que será capaz de impulsar con suficiencia el monovolumen de Seat, aunque dudamos de que su capacidad prestacional sea elevada.

Una vez analizada la parte práctica de este monovolumen, que es bastante amplia, debemos centrarnos en la más lúdica. El Altea es un coche excitante en todos los sentidos. Por su diseño y, especialmente, por su comportamiento dinámico.

Tuvimos la oportunidad de ponernos al volante de tres de las cuatro versiones que se comenzarán a vender en el mes de abril. Sólo se nos “escapó” la más básica, el 1.6 de gasolina y 102 CV, pero sí manejamos el 1.9 TDI de 105 CV, el 2.0 TDI de 140 CV (con cambio de doble embrague DSG, por cierto) y el tope de gama, el 2.0 FSI de gasolina y 150 CV.

Común a todos ellos, en niveles de equipamiento que no eran los básicos, es una percepción de calidad interior notable. Hace unos días, el presidente de Audi y responsable de Seat (la marca española está integrada en la alemana), Martin Winterkorn, señalaba que el Altea podía ser un Audi por los niveles de perfección que poseía. Nosotros no vamos a ir tan lejos, pues existe algún plástico, como el del cajón de la guantera, que no nos termina de convencer, pero sí hemos de reconocer que es el mejor Seat que conocemos en cuanto a acabado interior y supera, incluso, a un estandarte en el segmento como es el Touran. Hay diseño, calidad en los plásticos y sensación de durabilidad. Estéticamente destaca el volante, de reducido tamaño, grosor notable y no totalmente circular, y la configuración de los relojes, muy del estilo de los que monta Alfa Romeo.

Hay más detalles que aportan frescura a este interior: salidas del aire acondicionado circulares (herencia del Audi TT), barras protectoras junto a la palanca de cambios y variados espacios para depositar objetos (cajón bajo los asientos delanteros, portagafas en el lado izquierdo, huecos grandes en los paneles de las puertas y así , según la marca, hasta 30 soluciones). La guantera promete más de lo que ofrece, posee una puerta grande que nos hace creer que su capacidad va a ser superior, pero ésta queda limitada por el sistema de desconexión del airbag delantero.

El Altea cumple de sobra con las tres motorizaciones que hemos cogido, aunque cada uno de estos motores tiene sus particularidades. El 1.9 TDI de 105 CV, un veterano dentro del mundo de la automoción, nos ha parecido que es un viejo rockero… que nunca muere. Se muestra capaz de mover con soltura el Altea, aunque nos parece ruidoso y algo brusco. El 2.0 TDI de 140 CV es una delicia, primordialmente en el medio y en el alto régimen. Responde de manera veloz a nuestras demandas y asociado al cambio automático de doble embrague DSG, se muestra como una de las mejores y más avanzadas opciones de compra del mercado.

El tercer motor, el 2.0 FSI de 150 CV, es el más potente, por el momento, de la gama. No hemos tenido muchos kilómetros para probarlo a conciencia, si bien nos ha transmitido buenas sensaciones, sobre todo en la zona alta de cuentavueltas. Si seguimos la información del ordenador de a bordo, también podemos señalar que tiene un consumo elevado, del orden de 13 litros. En su descargo, hay que decir que las cifras se obtuvieron en recorridos en los que no se ahorró esfuerzo sobre el acelerador y en desplazamientos por ciudad.

Nos quedamos con las ganas de “catar” el más básico de todos los propulsores, el 1.6 de 102 CV. Pensamos, sin embargo, que será capaz de impulsar con suficiencia el monovolumen de Seat, aunque dudamos de que su capacidad prestacional sea elevada.

Una vez analizada la parte práctica de este monovolumen, que es bastante amplia, debemos centrarnos en la más lúdica. El Altea es un coche excitante en todos los sentidos. Por su diseño y, especialmente, por su comportamiento dinámico.

Tuvimos la oportunidad de ponernos al volante de tres de las cuatro versiones que se comenzarán a vender en el mes de abril. Sólo se nos “escapó” la más básica, el 1.6 de gasolina y 102 CV, pero sí manejamos el 1.9 TDI de 105 CV, el 2.0 TDI de 140 CV (con cambio de doble embrague DSG, por cierto) y el tope de gama, el 2.0 FSI de gasolina y 150 CV.

Común a todos ellos, en niveles de equipamiento que no eran los básicos, es una percepción de calidad interior notable. Hace unos días, el presidente de Audi y responsable de Seat (la marca española está integrada en la alemana), Martin Winterkorn, señalaba que el Altea podía ser un Audi por los niveles de perfección que poseía. Nosotros no vamos a ir tan lejos, pues existe algún plástico, como el del cajón de la guantera, que no nos termina de convencer, pero sí hemos de reconocer que es el mejor Seat que conocemos en cuanto a acabado interior y supera, incluso, a un estandarte en el segmento como es el Touran. Hay diseño, calidad en los plásticos y sensación de durabilidad. Estéticamente destaca el volante, de reducido tamaño, grosor notable y no totalmente circular, y la configuración de los relojes, muy del estilo de los que monta Alfa Romeo.

Hay más detalles que aportan frescura a este interior: salidas del aire acondicionado circulares (herencia del Audi TT), barras protectoras junto a la palanca de cambios y variados espacios para depositar objetos (cajón bajo los asientos delanteros, portagafas en el lado izquierdo, huecos grandes en los paneles de las puertas y así , según la marca, hasta 30 soluciones). La guantera promete más de lo que ofrece, posee una puerta grande que nos hace creer que su capacidad va a ser superior, pero ésta queda limitada por el sistema de desconexión del airbag delantero.

El Altea cumple de sobra con las tres motorizaciones que hemos cogido, aunque cada uno de estos motores tiene sus particularidades. El 1.9 TDI de 105 CV, un veterano dentro del mundo de la automoción, nos ha parecido que es un viejo rockero… que nunca muere. Se muestra capaz de mover con soltura el Altea, aunque nos parece ruidoso y algo brusco. El 2.0 TDI de 140 CV es una delicia, primordialmente en el medio y en el alto régimen. Responde de manera veloz a nuestras demandas y asociado al cambio automático de doble embrague DSG, se muestra como una de las mejores y más avanzadas opciones de compra del mercado.

El tercer motor, el 2.0 FSI de 150 CV, es el más potente, por el momento, de la gama. No hemos tenido muchos kilómetros para probarlo a conciencia, si bien nos ha transmitido buenas sensaciones, sobre todo en la zona alta de cuentavueltas. Si seguimos la información del ordenador de a bordo, también podemos señalar que tiene un consumo elevado, del orden de 13 litros. En su descargo, hay que decir que las cifras se obtuvieron en recorridos en los que no se ahorró esfuerzo sobre el acelerador y en desplazamientos por ciudad.

Nos quedamos con las ganas de “catar” el más básico de todos los propulsores, el 1.6 de 102 CV. Pensamos, sin embargo, que será capaz de impulsar con suficiencia el monovolumen de Seat, aunque dudamos de que su capacidad prestacional sea elevada.

Una vez analizada la parte práctica de este monovolumen, que es bastante amplia, debemos centrarnos en la más lúdica. El Altea es un coche excitante en todos los sentidos. Por su diseño y, especialmente, por su comportamiento dinámico.

Tuvimos la oportunidad de ponernos al volante de tres de las cuatro versiones que se comenzarán a vender en el mes de abril. Sólo se nos “escapó” la más básica, el 1.6 de gasolina y 102 CV, pero sí manejamos el 1.9 TDI de 105 CV, el 2.0 TDI de 140 CV (con cambio de doble embrague DSG, por cierto) y el tope de gama, el 2.0 FSI de gasolina y 150 CV.

Común a todos ellos, en niveles de equipamiento que no eran los básicos, es una percepción de calidad interior notable. Hace unos días, el presidente de Audi y responsable de Seat (la marca española está integrada en la alemana), Martin Winterkorn, señalaba que el Altea podía ser un Audi por los niveles de perfección que poseía. Nosotros no vamos a ir tan lejos, pues existe algún plástico, como el del cajón de la guantera, que no nos termina de convencer, pero sí hemos de reconocer que es el mejor Seat que conocemos en cuanto a acabado interior y supera, incluso, a un estandarte en el segmento como es el Touran. Hay diseño, calidad en los plásticos y sensación de durabilidad. Estéticamente destaca el volante, de reducido tamaño, grosor notable y no totalmente circular, y la configuración de los relojes, muy del estilo de los que monta Alfa Romeo.

Hay más detalles que aportan frescura a este interior: salidas del aire acondicionado circulares (herencia del Audi TT), barras protectoras junto a la palanca de cambios y variados espacios para depositar objetos (cajón bajo los asientos delanteros, portagafas en el lado izquierdo, huecos grandes en los paneles de las puertas y así , según la marca, hasta 30 soluciones). La guantera promete más de lo que ofrece, posee una puerta grande que nos hace creer que su capacidad va a ser superior, pero ésta queda limitada por el sistema de desconexión del airbag delantero.

El Altea cumple de sobra con las tres motorizaciones que hemos cogido, aunque cada uno de estos motores tiene sus particularidades. El 1.9 TDI de 105 CV, un veterano dentro del mundo de la automoción, nos ha parecido que es un viejo rockero… que nunca muere. Se muestra capaz de mover con soltura el Altea, aunque nos parece ruidoso y algo brusco. El 2.0 TDI de 140 CV es una delicia, primordialmente en el medio y en el alto régimen. Responde de manera veloz a nuestras demandas y asociado al cambio automático de doble embrague DSG, se muestra como una de las mejores y más avanzadas opciones de compra del mercado.

El tercer motor, el 2.0 FSI de 150 CV, es el más potente, por el momento, de la gama. No hemos tenido muchos kilómetros para probarlo a conciencia, si bien nos ha transmitido buenas sensaciones, sobre todo en la zona alta de cuentavueltas. Si seguimos la información del ordenador de a bordo, también podemos señalar que tiene un consumo elevado, del orden de 13 litros. En su descargo, hay que decir que las cifras se obtuvieron en recorridos en los que no se ahorró esfuerzo sobre el acelerador y en desplazamientos por ciudad.

Nos quedamos con las ganas de “catar” el más básico de todos los propulsores, el 1.6 de 102 CV. Pensamos, sin embargo, que será capaz de impulsar con suficiencia el monovolumen de Seat, aunque dudamos de que su capacidad prestacional sea elevada.

Una vez analizada la parte práctica de este monovolumen, que es bastante amplia, debemos centrarnos en la más lúdica. El Altea es un coche excitante en todos los sentidos. Por su diseño y, especialmente, por su comportamiento dinámico.

Tuvimos la oportunidad de ponernos al volante de tres de las cuatro versiones que se comenzarán a vender en el mes de abril. Sólo se nos “escapó” la más básica, el 1.6 de gasolina y 102 CV, pero sí manejamos el 1.9 TDI de 105 CV, el 2.0 TDI de 140 CV (con cambio de doble embrague DSG, por cierto) y el tope de gama, el 2.0 FSI de gasolina y 150 CV.

Común a todos ellos, en niveles de equipamiento que no eran los básicos, es una percepción de calidad interior notable. Hace unos días, el presidente de Audi y responsable de Seat (la marca española está integrada en la alemana), Martin Winterkorn, señalaba que el Altea podía ser un Audi por los niveles de perfección que poseía. Nosotros no vamos a ir tan lejos, pues existe algún plástico, como el del cajón de la guantera, que no nos termina de convencer, pero sí hemos de reconocer que es el mejor Seat que conocemos en cuanto a acabado interior y supera, incluso, a un estandarte en el segmento como es el Touran. Hay diseño, calidad en los plásticos y sensación de durabilidad. Estéticamente destaca el volante, de reducido tamaño, grosor notable y no totalmente circular, y la configuración de los relojes, muy del estilo de los que monta Alfa Romeo.

Hay más detalles que aportan frescura a este interior: salidas del aire acondicionado circulares (herencia del Audi TT), barras protectoras junto a la palanca de cambios y variados espacios para depositar objetos (cajón bajo los asientos delanteros, portagafas en el lado izquierdo, huecos grandes en los paneles de las puertas y así , según la marca, hasta 30 soluciones). La guantera promete más de lo que ofrece, posee una puerta grande que nos hace creer que su capacidad va a ser superior, pero ésta queda limitada por el sistema de desconexión del airbag delantero.

El Altea cumple de sobra con las tres motorizaciones que hemos cogido, aunque cada uno de estos motores tiene sus particularidades. El 1.9 TDI de 105 CV, un veterano dentro del mundo de la automoción, nos ha parecido que es un viejo rockero… que nunca muere. Se muestra capaz de mover con soltura el Altea, aunque nos parece ruidoso y algo brusco. El 2.0 TDI de 140 CV es una delicia, primordialmente en el medio y en el alto régimen. Responde de manera veloz a nuestras demandas y asociado al cambio automático de doble embrague DSG, se muestra como una de las mejores y más avanzadas opciones de compra del mercado.

El tercer motor, el 2.0 FSI de 150 CV, es el más potente, por el momento, de la gama. No hemos tenido muchos kilómetros para probarlo a conciencia, si bien nos ha transmitido buenas sensaciones, sobre todo en la zona alta de cuentavueltas. Si seguimos la información del ordenador de a bordo, también podemos señalar que tiene un consumo elevado, del orden de 13 litros. En su descargo, hay que decir que las cifras se obtuvieron en recorridos en los que no se ahorró esfuerzo sobre el acelerador y en desplazamientos por ciudad.

Nos quedamos con las ganas de “catar” el más básico de todos los propulsores, el 1.6 de 102 CV. Pensamos, sin embargo, que será capaz de impulsar con suficiencia el monovolumen de Seat, aunque dudamos de que su capacidad prestacional sea elevada.

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