BMW X3

Todas las ayudas electrónicas inimaginables, mecánicas de seis cilindros suaves y potentes, estética indudablemente BMW, interior lujoso, cierta capacidad off road y una agilidad en carretera casi deportiva… El nuevo X3 es la simbiosis perfecta. ¿Qué le queda?
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BMW X3
BMW X3

Si no fuera porque estamos sentados más alto, nos costaría creer que no nos encontramos al volante de un Serie 3. Su agilidad es asombrosa y su paso por curva, vertiginoso. El X3 está fabricado para dar en el asfalto lo mejor de sí, que no es poco.

El xDrive funciona. Es un sistema de tracción inteligente variable automático capaz de transferir la potencia a los distintos ejes, incluso a cada rueda, según precisemos. Podemos pensar que se trata de un elemento diseñado para la conducción off road, pero también se notan sus beneficios en carretera.

Sobre firme resbaladizo y en terreno virado, se comporta como si fuera prácticamente en una recta. El milagro se produce porque dicho sistema va unido a los sensores tradicionales que lleva el control de estabilidad y puede detectar (y corregir) subvirajes y sobrevirajes. Hasta aquí, nada nuevo, pero lo que más nos ha sorprendido es que el X3 se anticipa al terreno. Entra en la curva ya completamente colocado para salir de la manera más rápida y no necesitamos "volantear". La marca asegura que –para ello- se han valido de sistemas que se utilizan en la aviación; concretamente en el sensor de “guiñada”, como en aeronáutica llaman a los movimientos que realizan las aeronaves en horizontal. Así, si el coche patina, se desliza de un lado a otro y pierde la trayectoria que debería llevar, el xDrive lo detecta y actúa en consecuencia.

Los encantos de esta particular “caja negra” no se han quedado aquí. Al arrancar, se comporta como un tracción delantera, pero –cuando circulamos rápidamente- se muestra como un tracción trasera típicamente BMW. El xDrive reparte el par según detecte. Sin embargo, esta función se hace automáticamente. Al conductor sólo le queda la opción de desconectar el control de estabilidad.

La dirección se muestra a la altura de las circunstancias: precisa y ágil. Eso sí, con todas estas ayudas electrónicas hay que “forzar” excesivamente para ponerla a prueba. También nos ha gustado el tacto de los frenos y su eficacia.

En nuestra toma de contacto, nos pusimos al volante de la variante de gasolina 3.0i equipada con cambio automático Steptronic. Nada más arrancar, el coche se muestra “muy dispuesto”, sube de vueltas con soltura y de forma muy lineal. No hemos notado que en ningún momento pierda “fuelle” y se estira, se estira, se estira… Sin embargo, el cambio no nos ha dejado disfrutar al máximo de este propulsor. Es mejor elegir la forma secuencial e introducir las marchas nosotros mismos, ya que de forma automática los saltos se “sienten” demasiado y no reacciona con la rapidez que quisiéramos. Pero tiene fácil arreglo: de serie va unido a una caja manual de seis relaciones (el Steptronic cuesta 2.500 euros).

El X3 cuenta –de momento- con dos mecánicas de 6 cilindros y tres litros que, según la marca, se han adaptado específicamente para este modelo.

La versión gasolina, el 3.0i (la que hemos probado), alcanza una velocidad punta de 210 km/h y rinde 231 CV de potencia máxima y 300 Nm de par, según datos oficiales. Los ingenieros de la firma se han esforzado para que cumpla los estándares anticontaminantes dictados por la normativa Euro IV (que no entrará en vigor hasta el año 2005).

El turbodiésel de seis cilindros e inyección directa common rail –el 3.0d- rinde 204 CV y 410 Nm de par. BMW asegura que han decidido reducir la potencia para conseguir más par. Tanto la versión Diesel como la gasolina se comercializan al mismo precio: 45.600 euros. Más adelante se incorporarán otros motores, entre ellos un 2.5i de 192 CV y 245 Nm.

Si no fuera porque estamos sentados más alto, nos costaría creer que no nos encontramos al volante de un Serie 3. Su agilidad es asombrosa y su paso por curva, vertiginoso. El X3 está fabricado para dar en el asfalto lo mejor de sí, que no es poco.

El xDrive funciona. Es un sistema de tracción inteligente variable automático capaz de transferir la potencia a los distintos ejes, incluso a cada rueda, según precisemos. Podemos pensar que se trata de un elemento diseñado para la conducción off road, pero también se notan sus beneficios en carretera.

Sobre firme resbaladizo y en terreno virado, se comporta como si fuera prácticamente en una recta. El milagro se produce porque dicho sistema va unido a los sensores tradicionales que lleva el control de estabilidad y puede detectar (y corregir) subvirajes y sobrevirajes. Hasta aquí, nada nuevo, pero lo que más nos ha sorprendido es que el X3 se anticipa al terreno. Entra en la curva ya completamente colocado para salir de la manera más rápida y no necesitamos "volantear". La marca asegura que –para ello- se han valido de sistemas que se utilizan en la aviación; concretamente en el sensor de “guiñada”, como en aeronáutica llaman a los movimientos que realizan las aeronaves en horizontal. Así, si el coche patina, se desliza de un lado a otro y pierde la trayectoria que debería llevar, el xDrive lo detecta y actúa en consecuencia.

Los encantos de esta particular “caja negra” no se han quedado aquí. Al arrancar, se comporta como un tracción delantera, pero –cuando circulamos rápidamente- se muestra como un tracción trasera típicamente BMW. El xDrive reparte el par según detecte. Sin embargo, esta función se hace automáticamente. Al conductor sólo le queda la opción de desconectar el control de estabilidad.

La dirección se muestra a la altura de las circunstancias: precisa y ágil. Eso sí, con todas estas ayudas electrónicas hay que “forzar” excesivamente para ponerla a prueba. También nos ha gustado el tacto de los frenos y su eficacia.

En nuestra toma de contacto, nos pusimos al volante de la variante de gasolina 3.0i equipada con cambio automático Steptronic. Nada más arrancar, el coche se muestra “muy dispuesto”, sube de vueltas con soltura y de forma muy lineal. No hemos notado que en ningún momento pierda “fuelle” y se estira, se estira, se estira… Sin embargo, el cambio no nos ha dejado disfrutar al máximo de este propulsor. Es mejor elegir la forma secuencial e introducir las marchas nosotros mismos, ya que de forma automática los saltos se “sienten” demasiado y no reacciona con la rapidez que quisiéramos. Pero tiene fácil arreglo: de serie va unido a una caja manual de seis relaciones (el Steptronic cuesta 2.500 euros).

El X3 cuenta –de momento- con dos mecánicas de 6 cilindros y tres litros que, según la marca, se han adaptado específicamente para este modelo.

La versión gasolina, el 3.0i (la que hemos probado), alcanza una velocidad punta de 210 km/h y rinde 231 CV de potencia máxima y 300 Nm de par, según datos oficiales. Los ingenieros de la firma se han esforzado para que cumpla los estándares anticontaminantes dictados por la normativa Euro IV (que no entrará en vigor hasta el año 2005).

El turbodiésel de seis cilindros e inyección directa common rail –el 3.0d- rinde 204 CV y 410 Nm de par. BMW asegura que han decidido reducir la potencia para conseguir más par. Tanto la versión Diesel como la gasolina se comercializan al mismo precio: 45.600 euros. Más adelante se incorporarán otros motores, entre ellos un 2.5i de 192 CV y 245 Nm.

Si no fuera porque estamos sentados más alto, nos costaría creer que no nos encontramos al volante de un Serie 3. Su agilidad es asombrosa y su paso por curva, vertiginoso. El X3 está fabricado para dar en el asfalto lo mejor de sí, que no es poco.

El xDrive funciona. Es un sistema de tracción inteligente variable automático capaz de transferir la potencia a los distintos ejes, incluso a cada rueda, según precisemos. Podemos pensar que se trata de un elemento diseñado para la conducción off road, pero también se notan sus beneficios en carretera.

Sobre firme resbaladizo y en terreno virado, se comporta como si fuera prácticamente en una recta. El milagro se produce porque dicho sistema va unido a los sensores tradicionales que lleva el control de estabilidad y puede detectar (y corregir) subvirajes y sobrevirajes. Hasta aquí, nada nuevo, pero lo que más nos ha sorprendido es que el X3 se anticipa al terreno. Entra en la curva ya completamente colocado para salir de la manera más rápida y no necesitamos "volantear". La marca asegura que –para ello- se han valido de sistemas que se utilizan en la aviación; concretamente en el sensor de “guiñada”, como en aeronáutica llaman a los movimientos que realizan las aeronaves en horizontal. Así, si el coche patina, se desliza de un lado a otro y pierde la trayectoria que debería llevar, el xDrive lo detecta y actúa en consecuencia.

Los encantos de esta particular “caja negra” no se han quedado aquí. Al arrancar, se comporta como un tracción delantera, pero –cuando circulamos rápidamente- se muestra como un tracción trasera típicamente BMW. El xDrive reparte el par según detecte. Sin embargo, esta función se hace automáticamente. Al conductor sólo le queda la opción de desconectar el control de estabilidad.

La dirección se muestra a la altura de las circunstancias: precisa y ágil. Eso sí, con todas estas ayudas electrónicas hay que “forzar” excesivamente para ponerla a prueba. También nos ha gustado el tacto de los frenos y su eficacia.

En nuestra toma de contacto, nos pusimos al volante de la variante de gasolina 3.0i equipada con cambio automático Steptronic. Nada más arrancar, el coche se muestra “muy dispuesto”, sube de vueltas con soltura y de forma muy lineal. No hemos notado que en ningún momento pierda “fuelle” y se estira, se estira, se estira… Sin embargo, el cambio no nos ha dejado disfrutar al máximo de este propulsor. Es mejor elegir la forma secuencial e introducir las marchas nosotros mismos, ya que de forma automática los saltos se “sienten” demasiado y no reacciona con la rapidez que quisiéramos. Pero tiene fácil arreglo: de serie va unido a una caja manual de seis relaciones (el Steptronic cuesta 2.500 euros).

El X3 cuenta –de momento- con dos mecánicas de 6 cilindros y tres litros que, según la marca, se han adaptado específicamente para este modelo.

La versión gasolina, el 3.0i (la que hemos probado), alcanza una velocidad punta de 210 km/h y rinde 231 CV de potencia máxima y 300 Nm de par, según datos oficiales. Los ingenieros de la firma se han esforzado para que cumpla los estándares anticontaminantes dictados por la normativa Euro IV (que no entrará en vigor hasta el año 2005).

El turbodiésel de seis cilindros e inyección directa common rail –el 3.0d- rinde 204 CV y 410 Nm de par. BMW asegura que han decidido reducir la potencia para conseguir más par. Tanto la versión Diesel como la gasolina se comercializan al mismo precio: 45.600 euros. Más adelante se incorporarán otros motores, entre ellos un 2.5i de 192 CV y 245 Nm.

Si no fuera porque estamos sentados más alto, nos costaría creer que no nos encontramos al volante de un Serie 3. Su agilidad es asombrosa y su paso por curva, vertiginoso. El X3 está fabricado para dar en el asfalto lo mejor de sí, que no es poco.

El xDrive funciona. Es un sistema de tracción inteligente variable automático capaz de transferir la potencia a los distintos ejes, incluso a cada rueda, según precisemos. Podemos pensar que se trata de un elemento diseñado para la conducción off road, pero también se notan sus beneficios en carretera.

Sobre firme resbaladizo y en terreno virado, se comporta como si fuera prácticamente en una recta. El milagro se produce porque dicho sistema va unido a los sensores tradicionales que lleva el control de estabilidad y puede detectar (y corregir) subvirajes y sobrevirajes. Hasta aquí, nada nuevo, pero lo que más nos ha sorprendido es que el X3 se anticipa al terreno. Entra en la curva ya completamente colocado para salir de la manera más rápida y no necesitamos "volantear". La marca asegura que –para ello- se han valido de sistemas que se utilizan en la aviación; concretamente en el sensor de “guiñada”, como en aeronáutica llaman a los movimientos que realizan las aeronaves en horizontal. Así, si el coche patina, se desliza de un lado a otro y pierde la trayectoria que debería llevar, el xDrive lo detecta y actúa en consecuencia.

Los encantos de esta particular “caja negra” no se han quedado aquí. Al arrancar, se comporta como un tracción delantera, pero –cuando circulamos rápidamente- se muestra como un tracción trasera típicamente BMW. El xDrive reparte el par según detecte. Sin embargo, esta función se hace automáticamente. Al conductor sólo le queda la opción de desconectar el control de estabilidad.

La dirección se muestra a la altura de las circunstancias: precisa y ágil. Eso sí, con todas estas ayudas electrónicas hay que “forzar” excesivamente para ponerla a prueba. También nos ha gustado el tacto de los frenos y su eficacia.

En nuestra toma de contacto, nos pusimos al volante de la variante de gasolina 3.0i equipada con cambio automático Steptronic. Nada más arrancar, el coche se muestra “muy dispuesto”, sube de vueltas con soltura y de forma muy lineal. No hemos notado que en ningún momento pierda “fuelle” y se estira, se estira, se estira… Sin embargo, el cambio no nos ha dejado disfrutar al máximo de este propulsor. Es mejor elegir la forma secuencial e introducir las marchas nosotros mismos, ya que de forma automática los saltos se “sienten” demasiado y no reacciona con la rapidez que quisiéramos. Pero tiene fácil arreglo: de serie va unido a una caja manual de seis relaciones (el Steptronic cuesta 2.500 euros).

El X3 cuenta –de momento- con dos mecánicas de 6 cilindros y tres litros que, según la marca, se han adaptado específicamente para este modelo.

La versión gasolina, el 3.0i (la que hemos probado), alcanza una velocidad punta de 210 km/h y rinde 231 CV de potencia máxima y 300 Nm de par, según datos oficiales. Los ingenieros de la firma se han esforzado para que cumpla los estándares anticontaminantes dictados por la normativa Euro IV (que no entrará en vigor hasta el año 2005).

El turbodiésel de seis cilindros e inyección directa common rail –el 3.0d- rinde 204 CV y 410 Nm de par. BMW asegura que han decidido reducir la potencia para conseguir más par. Tanto la versión Diesel como la gasolina se comercializan al mismo precio: 45.600 euros. Más adelante se incorporarán otros motores, entre ellos un 2.5i de 192 CV y 245 Nm.

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