Los peatones ''asaltan'' la Gran Vía madrileña

El “experimento” ideado por el Consistorio madrileño para gestionar los atascos de tráfico durante estas Navidades consiste en cerrar a la circulación privada la Gran Vía durante los domingos de diciembre. Tras la “experiencia piloto” del pasado día 7, el balance ha sido “positivo” para peatones y Ayuntamiento. Sin embargo, la oposición y los conductores discrepan.
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Los peatones ''asaltan'' la Gran Vía madrileña
Los peatones ''asaltan'' la Gran Vía madrileña

El habitual atasco que sufre la Gran Vía durante todo el año (y que aumenta considerablemente en Navidades) se transformó el domingo en un oasis para los peatones. Los carriles-bus fueron recuperados para que los viandantes pudieran pasear libremente por ellos. Los taxis, autobuses, motocicletas y vehículos de los residentes en la zona podían circular por los dos carriles centrales. Los coches particulares tenían prohibido el paso desde San Bernardo hasta la Red de San Luis. Tampoco podían transitar en sentido Cibeles entre las calles de Alcalá y Hortaleza –en sentido contrario, el paso estaba permitido a aquellos que querían acceder esta última- ni hacia la plaza de España; en sentido contrario podían cruzar aquellos que iban a aparcar en Santo Domingo.

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p> La medida, que afectó a unos 30.000 automóviles, se puso en marcha a las 10 de la mañana y se extendió hasta las 12 de la noche. Con el fin de evitar que el sempiterno atasco se trasladase a las calles adyacentes, el Consistorio puso en funcionamiento varias rutas alternativas: el tráfico fue desviado hacia las calles Princesa, Ferraz, Bailén, paseo de la Castellana, Recoletos y paseo del Prado. Sin embargo, las retenciones en estas vías fueron inevitables.

Tampoco los peatones se libraron de su particular embotellamiento. Las aceras estaban atestadas de gente: pocos se atrevieron a utilizar los carriles que se habían “robado” a los vehículos, pues la señalización de los mismos –realizada mediante vallas y unas balizas rojas y blancas- era confusa. Además, los transeúntes se aglomeraban en las paradas de autobús y en las salidas de Metro, a pesar de que hubo un 15 por ciento más de trenes en las horas punta. La EMT (Empresa Municipal de Transportes) también incrementó en un 15 por ciento la frecuencia de paso de sus líneas, pero no fue suficiente: por la tarde, el retraso de algunos autobuses llegó a la media hora.

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p> Asimismo, 60 policías municipales –que se unieron a los 450 que regulan el tráfico habitualmente- vigilaron el operativo específico para la Gran Vía. Varios paneles informativos se colocaron en la mayoría de las calles desde las que se podía acceder a la arteria madrileña y los usuarios de la M-30 fueron advertidos de la medida antes de que decidieran desviarse hacia el centro de la ciudad.

Las restricciones al tráfico privado en la capital irán más allá: desde el sábado pasado y hasta el 7 de enero, la zona centro de Madrid (delimitada por las calles de Alcalá, Gran Vía, Bailén, Mayor y la Carrera de San Jerónimo) sufrirá diversos cortes. Éstos comenzarán cuando el Centro de Control del Ayuntamiento observe que los atascos y la saturación de los aparcamientos están próximos a su límite. Será entonces cuando la Policía Municipal reciba la orden de limitar la circulación.

El concejal de Seguridad, Pedro Calvo, ha sido el impulsor de las restricciones a la circulación en la Gran Vía y, para comprobar los resultados de su disposición, optó por conocer en primera persona las consecuencias de su idea. Así, paseó todo el día a lo largo de la calle y realizó un recorrido en coche para observar los efectos de los cortes de tráfico en las zonas adyacentes.

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p> Su veredicto fue muy satisfactorio; según los responsables municipales, las restricciones a la circulación no afectaron al movimiento de coches más que en días anteriores. Calvo y José Luis Morcillo, inspector jefe de Policía, realizaron, sobre las 18:30 de la tarde, un recorrido en coche entre Callao, Cibeles, Colón, Princesa y volvieron a Callao. No les llevó más de 15 minutos, pero los conductores atrapados en los atascos de Atocha, Cibeles y Princesa vivían una realidad distinta. No hay que olvidar que los cortes de circulación obligaron a extender las limitaciones a la Puerta del Sol, que permaneció cerrada a los vehículos privados desde las 9 y hasta las 22 horas, por lo que se agravó la situación.

  • Esta disposición tiene un objetivo muy claro: facilitar las compras a los peatones y convertir la zona en un gran “centro comercial y de ocio”, donde los transeúntes puedan acceder libremente a las tiendas, los cines y teatros o los restaurantes.

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p> - En principio, esta medida sólo se aplicará durante los domingos de Navidad, aunque todo parece indicar que se ampliará a los 21 domingos en los que los comercios pueden abrir a lo largo de 2004. Con esta solución, se potenciaría la Gran Vía y toda su zona de influencia como una gran zona de ocio y comercio en el centro de la capital. En cualquier caso, el concejal de Seguridad ha anunciado que habrá que esperar a las reacciones de los comerciantes para tomar una decisión en firme. “Se trata de darles una ventaja competitiva frente a las grandes superficies”, explicó. La Asociación de Empresarios de la Gran Vía está de acuerdo, pues considera que “ése es el camino para la supervivencia del comercio tradicional”, según Florencio Delgado, presidente de la entidad.

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p> - Calvo también aseguró que las restricciones nunca se realizarán “en día laborable”, pues sería “imposible”.

Los conductores de autobuses y los taxistas han aplaudido estos cortes al tráfico privado en la Gran Vía, ya que, por un día, se han visto libres del atasco en la zona. También mostraron su aprobación peatones –unos 600.000 según los cálculos del Consistorio- y ciclistas, encantados de contar con un espacio para pasear sin preocuparse de sortear mil vehículos.

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p> Sin embargo (y como era de esperar), han surgido voces que critican el “modus operandi” del Ayuntamiento. Julio Misiego, concejal de Izquierda Unida, ha pedido al PP que aplace su “triunfalismo” hasta el próximo domingo, cuando se vean los verdaderos resultados de estas restricciones a la circulación. Las conclusiones de este fin de semana no son relevantes, pues el puente de la Constitución y el mal tiempo alejaron del centro de Madrid a no pocos vehículos particulares.

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p> También algunos propietarios de comercios en la zona han criticado la medida. Las tiendas estuvieron llenas y la gente se agolpó en los escaparates a lo largo de todo el día, pero muchos señalaron que habrá que esperar para ver los resultados: “Una cosa es venir en metro o autobús y otra emplear el transporte público para regresar a casa cargado de bultos”, explicaron.

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