Land Rover Freelander 2004

El Freelander es el modelo más vendido de Land Rover en nuestro país. No es un todo terreno puro –no dispone de reductora-, pero su comportamiento off-road es bastante aceptable y en carretera, notable. La nueva estética se asemeja al resto de productos de la marca, en especial a la de su hermano mayor, el Range Rover.
-
Land Rover Freelander 2004
Land Rover Freelander 2004

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El equipamiento de serie de este acabado Sport incluye reproductor de CD con seis altavoces, faros antiniebla delanteros, aire acondicionado, volante tapizado en piel con mandos del equipo de sonido, volante tapizado en piel, airbags de conductor, acompañante y reglaje de faros. Como el resto de la gama, incluye la tracción total, el ABS con control de tracción y el control de descenso.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

El espíritu deportivo de Land Rover se ha demostrado tradicionalmente con la participación de la firma en competiciones como Camel Trophy o Land Rover G4 Challenge. De hecho, el Freelander Rally Car es “Coche 0” del Campeonato Británico de Rallyes. Unas líneas más arriba, te ofrecemos las mejores imágenes de este deportivo.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

Durante la toma de contacto con la gama Freelander, tuvimos la oportunidad de conducir por asfalto y por pistas 4x4 el Freelander Sport. En él se plasma, y así lo pudimos comprobar, la máxima deportividad. En palabras de los responsables de la marca, es “el Land Rover más deportivo de la historia, el modelo más ágil producido hasta la fecha”. De hecho, incluye, como elementos de serie, para diferenciarse del resto, llantas de aleación de 18 pulgadas, una suspensión más baja, más rígida –un 30 por ciento más que la suspensión ordinaria- y más ajustada, con el objetivo de evitar balanceos, sobre todo, en asfalto, lo que se confiere mucho más seguridad al conductor. La carrocería se ha rebajado 30 mm, con lo que se hace descender el centro de gravedad y se consigue mayor estabilidad. Esta última característica se ve reforzada por unos neumáticos 235/50 sobre llantas de 18 pulgadas.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

La tapicería Black Mogul dispone de un acabado antideslizante ideal para los conductores más deportivos.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Antes de comenzar nuestro recorrido por asfalto, probamos las cualidades "off road" del Sport. Primero cogemos el que dispone de caja manual y después el equipado con transmisión automática. Comenzamos el recorrido –grandes zanjas con roderas embarradas, un paso por troncos sobre un pequeño río y un trayecto bordeando una laguna en terreno poco estable- con el Freelander manual. Entre primera y segunda marcha conseguimos sortear el recorrido establecido, la dirección responde perfectamente a nuestras órdenes y la tracción total, junto al control de descenso, funcionan de manera correcta. Sabemos, no obstante, que estamos ante un tipo de todo terreno al que no se le puede pedir una conducción ni comportamiento extremos. El trazado planeado nos permite comprobar cómo el recorrido de las suspensiones permite sortear huecos sin quedar atrancado. Los bajos del coche están bien protegidos, ya que, en algunas ocasiones, las “tripas” de nuestro Freelander quedan un tanto expuestas a golpes con piedras sueltas de nuestro camino.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Con la caja de cambios automática, es aún más fácil enfrentarnos a este mismo recorrido. En el este caso, basta con llevar engranada la primera marcha del CommandShift –modo secuencial-. La conducción en este modo es agradable y divertida, porque permite que vayamos más pendientes de la dirección y… del barro.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

Vistas las cualidades off road, nos disponemos a recorrer unos cuantos kilómetros de asfalto. Sobre carreteras viradas, el Freelander Sport mantiene el tipo, el trabajo en suspensiones –se han rebajado y se han incorporado muelles más duros- está bien hecho y permite un rápido paso por curva al conjunto. Las recuperaciones y aceleraciones, sin los datos de nuestro Centro Técnico, pues sólo se trata de una primera toma de contacto, nos parecen destacables, al menos de manera subjetiva. El confort de marcha es alto y la posición “elevada” del conductor resulta de lo más agradable. Los asientos recogen de manera correcta y todos los elementos que podemos necesitar se encuentran al alcance de la mano –regulador del aire acondicionado, botón de las luces de emergencia, elevalunas (en la puerta), mandos de la radio-. El cuentakilómetros y el velocímetro son de lectura clara y el salpicadero nos parece de lo más ordenado. El tacto de la palanca de cambios –en asfalto elegimos la versión manual- nos resulta blando. Esta característica se hace más patente cuando circulamos por caminos con grava y con pequeños baches; en esos momentos, la palanca, en nuestra unidad, vibra bastante.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

La versión Sport está especialmente destinada a quienes dan prioridad al comportamiento deportivo en carretera, según los responsables de Land Rover.

Galería relacionada

Land Rover Freelander

Te recomendamos

No hay mejor manera de conocer un producto que poder probarlo a fondo. Bridgestone y ...

Vive un día único descubriendo Madrid a los mandos de los nuevos BMW C 400 X y C 400 ...

El retrato más personal que encontrarás de mítico piloto Ayrton Senna, con hasta 25 h...

SEAT, Autopista y el Máster en Styling y Diseño de la Universidad Politécnica de Vale...

Range Rover sorprendió a todos con la llegada de su último SUV. El Range Rover Velar ...

Hablar del MINI Countryman Híbrido Enchufable es hablar de un SUV camaleónico, que aú...