RACE examina los “controles inteligentes de velocidad”

No son un elemento muy extendido. En realidad, pocos fabricantes los ofrecen y –de hacerlo- son parte del equipamiento opcional. Sin embargo, RACE ha decidido analizar su funcionamiento: ¿son útiles los denominados controles inteligentes de velocidad?
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RACE examina los “controles inteligentes de velocidad”
RACE examina los “controles inteligentes de velocidad”

Pueden detectar si un coche va delante y adaptar nuestro ritmo a él. Incluso se estudia la posibilidad de que lleguen a frenar los vehículos si nos excedemos con el acelerador. Son los denominados “controles inteligentes de velocidad”.

No hay que confundirlos con los controles de crucero. Estos últimos –que se ofrecen en casi todas las marcas- sólo mantienen el ritmo del coche según lo programemos (90 km/h, por ejemplo) y se desconectan cuando pegamos un frenazo o aceleramos.

El “control inteligente de velocidad” mide mediante sensores la distancia que nos separa de los coches que nos preceden y actúa de manera independiente. Él decide si acelera o frena nuestro vehículo, aunque –eso sí- el conductor puede volver “a tomar las riendas” cuando lo desee.

El Real Automóvil Club de España (RACE) ha decidido analizar su funcionamiento en tres vehículos distintos: BMW, Mercedes y Nissan. En realidad, hay más fabricantes que los poseen o que se encuentran desarrollándolos en la actualidad (Fiat, Honda, Volvo…).

El RACE recomienda su aplicación, pero hace advertencias sobre su uso. “No es un radar anticolisión”, anuncian, por lo que “nunca deben servir para disminuir la atención”. Según puntúan, tienen que ser considerados como un elemento de confort más que de seguridad. No hay que bajar la guardia, porque no reaccionarán con la misma rapidez que el conductor cuando se precise una frenada de emergencia.

Han observado que tanto la velocidad deseada como la distancia de seguridad se mantienen satisfactoriamente en condiciones de circulación normales: carretera de trazado principalmente recto, sin cambios de rasante y con firme seco. Además, en estas circunstancias y a pesar de sincronizar nuestra marcha con la del resto del tráfico, el consumo no se dispara.

Sin embargo, no deben utilizarse en niebla, lluvia intensa, superficie deslizante, atascos, carreteras sinuosas o con muchos cambios de rasante, vehículos de dos ruedas circulando alrededor… En definitiva, cuando sus radares no se muestren demasiado efectivos.

Para el RACE, estos controles todavía tienen que mejorar bastante. Entre los frentes que tienen abiertos, se incluye su uso a bajas velocidades (por debajo de 30 km/h) y en atascos. Para ello, sería preciso que fueran capaces detener completamente el vehículo y volver a ponerlo en marcha y –lo que es más importante- que sus radares tuvieran un ángulo de barrido mucho mayor.

Como hemos dicho, la mayoría de los fabricantes todavía no han terminado de desarrollar estos sistemas. Sin embargo, el estudio del RACE llega en un momento muy preciso: el nuevo Plan de Seguridad Vial promete mano dura para todos aquellos conductores que circulen a una velocidad “temeraria”.

En muchos países, ya están implantando sistemas que –mediante GPS- controlen la velocidad de los coches según la velocidad que marque la vía. En Cataluña se realizará un experimento similar a principios de año.

En Suiza han llegado más lejos y han aprobado una ley por la que en 2010 todos los coches que se vendan en su territorio tendrán que llevar instalados estos sistemas.

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