Peugeot 307 CC

Comercializado hasta el momento en formato berlina (de 3 y 5 puertas) y familar (el SW y el Break), el 307 se nos presenta ahora como un coupé cabrio –una versión de carrocería muy en boga en el mercado actual- con un motor de gasolina de dos litros, potencias de 138 y 180 CV y cambio manual o automático.
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Peugeot 307 CC
Peugeot 307 CC

Sentados a los mandos de este 307 CC, la primera impresión es de que, en efecto, el puesto de conducción es bajo, aunque, si eso no gusta, se puede solventar con el reglaje pertinente. La visibilidad sobre la carretera, tanto hacia delante como hacia atrás y lateralmente, es buena, aunque los reposacabezas traseros obstaculizan algo el panorama ofrecido por el retrovisor central. Desde el asiento del conductor –algo rígido, no demasiado cómodo salvo en los tapizados de cuero- el acceso a todos los botones y mandos, así como la visualización de toda la instrumentación (cuatro relojes de fondo blanco), es igualmente correcto. Lo que menos nos ha gustado ha sido el volante, agradable en su tacto pero de grosor excesivo, mayor, precisamente, en el tramo donde más “roce” tiene (visto con las ruedas rectas, entre las ocho y veinte y las diez y diez). La palanca de cambios es agradable tanto de tacto como de manejo y el juego de pies sobre los pedales se realiza de manera óptima, con un paso de rueda apropiado y bien diseñado. Espacio amplio en las plazas delanteras y suficiente en las traseras, con la mesura propia de un coche que es coupé y cabrio pero en el que los diseñadores se han esforzado para crear un 2+2 real, no sólo sobre el papel.

En utilización de coupé, la sonoridad es correcta, aunque en el 180 CV, de espíritu presuntamente más deportivo, los desarrollos más cortos favorecen una rumorosidad mayor. El paso a cabrio se efectúa de manera limpia, fácil y completamente automática (para asombro y atracción de los peatones y automovilistas cercanos), apretando un botón hasta que el proceso ha terminado y nos avisa con una señal sonora; en ese momento, circular a velocidades no superiores a 80 km/h nos garantiza un disfrute total del coche, pues el alto parabrisas nos evitará el choque del viento y el molesto “revuelo capilar” que sí aparece cuando se acelera más; entonces, sólo el accesorio “windstop” nos puede liberar de las turbulencias del aire y de su molesto juego de remolinos con nuestro pelo –especialmente si es largo y está suelto- que puede desencadenar un molestísimo dolor de cabeza al final del día. Ventaja para los calvos y para los vendedores de gorras y pañuelos.

A velocidad de paseo, el placer de conducir es innegable. Si nos metemos en viajes de verdad, la cosa ya no pinta tan bien, porque, incluso en quinta, el desarrollo es tan corto que el motor se siente revolucionado en exceso y el conductor se pregunta si no le han robado la sexta marcha. En el motor de 180 CV, el deportivo de la gama presentada, todo esto se justifica en el afán de conseguir dicha deportividad –que, ya se sabe, en según que coches tiene que ver mucho con el ruido- pero en el de 138 CV, más pensado para el conductor medio, no se aprecia gran diferencia en este punto. El problema además se agudiza en adelantamientos, donde, en cuarta y quinta, el par máximo llega tan arriba del cuentavueltas que el conductor acaba por renunciar a encontrarlo y preferir una reducción a tercera para concluir la maniobra con éxito y en un tiempo prudentemente corto. Con las curvas de potencia y par en la mano, esto no debería ocurrir, pues parece que ese empujón necesario para rebasar a un vehículo que tenemos delante llega sin problemas si estiramos un poco más la marcha, pero, metidos en la maniobra, el comportamiento del motor en la entrega de potencia crea muchos recelos y uno prefiere asegurar reduciendo una relación. En realidad, en conducción, no se aprecia una gran diferencia entre los dos motores que, de momento, haga inclinarse la balanza hacia uno u otro, aunque sus cifras sobre el papel obviamente difieren. Habrá que confirmar esta impresión cuando traigamos el 307 CC a nuestras instalaciones para realizar la prueba de este modelo.

Sentados a los mandos de este 307 CC, la primera impresión es de que, en efecto, el puesto de conducción es bajo, aunque, si eso no gusta, se puede solventar con el reglaje pertinente. La visibilidad sobre la carretera, tanto hacia delante como hacia atrás y lateralmente, es buena, aunque los reposacabezas traseros obstaculizan algo el panorama ofrecido por el retrovisor central. Desde el asiento del conductor –algo rígido, no demasiado cómodo salvo en los tapizados de cuero- el acceso a todos los botones y mandos, así como la visualización de toda la instrumentación (cuatro relojes de fondo blanco), es igualmente correcto. Lo que menos nos ha gustado ha sido el volante, agradable en su tacto pero de grosor excesivo, mayor, precisamente, en el tramo donde más “roce” tiene (visto con las ruedas rectas, entre las ocho y veinte y las diez y diez). La palanca de cambios es agradable tanto de tacto como de manejo y el juego de pies sobre los pedales se realiza de manera óptima, con un paso de rueda apropiado y bien diseñado. Espacio amplio en las plazas delanteras y suficiente en las traseras, con la mesura propia de un coche que es coupé y cabrio pero en el que los diseñadores se han esforzado para crear un 2+2 real, no sólo sobre el papel.

En utilización de coupé, la sonoridad es correcta, aunque en el 180 CV, de espíritu presuntamente más deportivo, los desarrollos más cortos favorecen una rumorosidad mayor. El paso a cabrio se efectúa de manera limpia, fácil y completamente automática (para asombro y atracción de los peatones y automovilistas cercanos), apretando un botón hasta que el proceso ha terminado y nos avisa con una señal sonora; en ese momento, circular a velocidades no superiores a 80 km/h nos garantiza un disfrute total del coche, pues el alto parabrisas nos evitará el choque del viento y el molesto “revuelo capilar” que sí aparece cuando se acelera más; entonces, sólo el accesorio “windstop” nos puede liberar de las turbulencias del aire y de su molesto juego de remolinos con nuestro pelo –especialmente si es largo y está suelto- que puede desencadenar un molestísimo dolor de cabeza al final del día. Ventaja para los calvos y para los vendedores de gorras y pañuelos.

A velocidad de paseo, el placer de conducir es innegable. Si nos metemos en viajes de verdad, la cosa ya no pinta tan bien, porque, incluso en quinta, el desarrollo es tan corto que el motor se siente revolucionado en exceso y el conductor se pregunta si no le han robado la sexta marcha. En el motor de 180 CV, el deportivo de la gama presentada, todo esto se justifica en el afán de conseguir dicha deportividad –que, ya se sabe, en según que coches tiene que ver mucho con el ruido- pero en el de 138 CV, más pensado para el conductor medio, no se aprecia gran diferencia en este punto. El problema además se agudiza en adelantamientos, donde, en cuarta y quinta, el par máximo llega tan arriba del cuentavueltas que el conductor acaba por renunciar a encontrarlo y preferir una reducción a tercera para concluir la maniobra con éxito y en un tiempo prudentemente corto. Con las curvas de potencia y par en la mano, esto no debería ocurrir, pues parece que ese empujón necesario para rebasar a un vehículo que tenemos delante llega sin problemas si estiramos un poco más la marcha, pero, metidos en la maniobra, el comportamiento del motor en la entrega de potencia crea muchos recelos y uno prefiere asegurar reduciendo una relación. En realidad, en conducción, no se aprecia una gran diferencia entre los dos motores que, de momento, haga inclinarse la balanza hacia uno u otro, aunque sus cifras sobre el papel obviamente difieren. Habrá que confirmar esta impresión cuando traigamos el 307 CC a nuestras instalaciones para realizar la prueba de este modelo.

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