La lluvia paraliza Madrid

Aunque algunos medios de comunicación han hablado, de manera optimista, de “cuatro gotas”, lo cierto es que la lluvia que cayó ayer en Madrid ocasionó tantos problemas como un diluvio. Balsas de agua en las carreteras, túneles cortados por las inundaciones, accidentes y, sobre todo, los sempiternos atascos –indisolublemente ligados a este fenómeno meteorológico- colapsaron la capital.
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La lluvia paraliza Madrid
La lluvia paraliza Madrid

Las primeras lluvias en Madrid tras la ola de calor sufrida este verano pillaron por sorpresa a la mayoría de los conductores, que se vieron atrapados en interminables atascos. El resultado: más de 176 kilómetros de retenciones, 404 accidentes en la región (60 de ellos en la capital), un muerto y 87 heridos, cuatro de ellos de gravedad.

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p> La hora punta se alargó hasta las 12 de la mañana y la peor parte se la llevaron los conductores encerrados en la N-VI –carretera de La Coruña-. Dos autobuses interurbanos chocaron en el carril reservado al transporte colectivo y ocasionaron lesiones a 28 personas, que tuvieron que ser atendidas por el SAMUR. El embotellamiento que se provocó fue tal, que los usuarios, desesperados, optaron por bajar de los vehículos y trasladarse andando hasta la capital. Además, dos mujeres resultaron arrolladas al salir de su coche en la carretera de Andalucía, mientras que un hombre perdió la vida en la N-501, cuando su furgoneta se salió de la vía. La lluvia, que afectó a la mayoría del país, provocó 20 muertos en una sola jornada. El accidente más grave se produjo en Burgos, donde un monovolumen se saltó la mediana de la ronda de circunvalación y cayó sobre un turismo, ocasionando el fallecimiento de cinco personas.

Estos siniestros, unidos a los “toques” que se fueron repitiendo a lo largo de todo el día, dificultaron aún más el tráfico. Cada entrada a Madrid acumulaba una media de 20 kilómetros de atasco, que se extendía por las principales arterias de la capital: Argüelles, la cuesta de San Vicente, Conde de Casal, Delicias, José Abascal, Callao, Princesa, Plaza de España… Por no hablar de los cinturones como la M-40 o la M-30, en la que el mal estado de la calzada originaba balsas de agua que complicaban la conducción. La situación no mejoró por la tarde: a las 9 de la noche, la carretera de Barcelona aún mostraba embotellamientos.

Las escenas se han repetido, aunque con menor intensidad, esta mañana. La lluvia ha vuelto a ocasionar retenciones, aunque las más importantes se han registrado en uno de los accesos a la Ciudad Condal. A las 7:00 horas, una colisión múltiple, en la que se han visto implicados un camión y ocho turismos, ha provocado seis heridos leves y 13 kilómetros de atasco en la vía C-58. Esta carretera, una de las más empleadas para acceder a Barcelona, ha visto cortados varios de sus carriles, aunque ha normalizado su situación poco a poco.

Emplear el transporte público en superficie tampoco fue una solución; los conductores de la EMT (Empresa Municipal de Transportes) tuvieron que alterar parte de su recorrido al no poder continuar por las vías habituales. Los usuarios, sorprendidos, esperaban horas hasta que llegaban los autobuses y, cuando al fin lo hacían, tenían que sortear inmensos charcos para acceder a ellos. Desde la Federación de Transportes de la UGT aseguran que, si se llevara a cabo el plan de delimitación de los carriles-bus, estos problemas se paliarían.

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p> No es el único remedio apuntado, aunque la mayoría de los organismos reconoce que la solución tiene que llegar desde varios frentes, pues no hay un solo responsable en estas situaciones. Además de la lluvia –que ralentiza la marcha y provoca accidentes-, existen factores estructurales, como el crecimiento del parque automovilístico (que ha aumentado un 32,58 por ciento en seis años, según los datos de la Asociación Europea de la Carretera). Las previsiones de Fomento, que calculó que, en 2006, habría 550.000 vehículos más en Madrid, han quedado superadas en dos años. Cada día, 800.000 coches acceden a la capital y deben compartir el espacio existente con los 1,5 millones de automóviles que “viven” allí.

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p> Aunque los grupos políticos de la oposición han culpado del caos que se vivió ayer a la escasa política de movilidad del Ayuntamiento madrileño, lo cierto es que la mayoría de los expertos han coincido en señalar que todos somos responsables. Los conductores que tienen a su disposición servicios de Metro o Cercanías deberían emplearlos, con el fin de no complicar más el tráfico en superficie, mientras que la Administración tendría que mejorar las infraestructuras.

Hasta la fecha, sólo existe un estudio que haya cuantificado el impacto económico que supone un atasco. Se trata del trabajo realizado en 1994 por la Universidad Politécnica de Madrid, citado por el diario “El Mundo” y en el que se indica que el coste estimado es de 4 millones de euros diarios. Esta cifra representaría, al cabo de un año, la friolera de 1.400 millones de euros.

La situación es más grave aún si extrapolamos los datos al conjunto de la Unión Europea, que ha anunciado que podría aumentar un 2 por ciento su PIB (Producto Interior Bruto) si dejaran de producirse embotellamientos.

Para efectuar el cálculo no hay que tener en cuenta únicamente los gastos de mantenimiento o el tiempo de trabajo perdido (las empresas, en estos casos, reducen sus niveles de competitividad), sino también el carburante utilizado o la contaminación registrada.

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p> El incremento en el consumo de gasolina sube de forma espectacular, pues, cada vez que insertamos primera (la marcha más frecuente en un atasco), el gasto medio llega a los 15-20 l/100 km. También aumentan las emisiones de CO2 a la atmósfera. Esta contaminación es producida, en gran parte, por el transporte público, por lo que los expertos han considerado impulsar la fabricación de vehículos propulsados mediante energías “limpias”.

Estados Unidos es otro de los países preocupados por la congestión vial, que ha aumentado en 75 áreas urbanas y ocasiona gastos anuales de 69.500 millones de dólares (60.000 millones de euros). Además, se desperdician 20.000 millones de litros de combustible y 3.500 millones de horas laborales.

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