Mazda3

¡Más de 4,42 metros de longitud! El Mazda3 entra en el segmento más complicado del mercado literalmente “a la grande”. Y no sólo nos referimos a sus medidas: personalidad estética, comportamiento dinámico y equipamiento competitivo se han juntado en la coctelera y se ha batido (ya se sabe) a ritmo Zoom-Zoom-Zoom.
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Mazda3
Mazda3

Su configuración, con su gran batalla (2,64 m), le ha servido para conseguir mucho aplomo en carretera. El Mazda3 está pensado para ofrecer mucha diversión al volante y, lo que es más importante, confianza al conductor. Para ello, han optado por una suspensión delantera tipo MacPherson y una suspensión trasera multibrazo. Este conjunto se muestra muy eficaz, sobre todo en la versión de dos litros, que cuenta con un tarado de muelles más duro.

Su equipo de frenos también actúa con solvencia. Opta por discos ventilados en el eje delantero (de 278 mm para la versión de 1,6 litros y de 300 mm, para la de 2 litros) y macizos en el trasero (265 mm y 280 mm). Los datos oficiales apuntan a que podrá frenar lanzado a 100 km/h en 37 metros, unas marcas muy a tener en cuenta.

Mazda quiere potenciar aún más su fama de marca de carácter deportivo y todo el trabajo de sus mecánicos va destinado a este fin. El coche se agarra bien en curvas mostrando un ligero subviraje ante excesos sobre el acelerador. Sin embargo, en la mecánica 1.6, no se puede montar (ni siquiera opcionalmente) el control de estabilidad, éste -junto con el de tracción- quedan reservados para la versión de dos litros.

A pesar de esta carencia, que consideramos muy importante, Mazda presume de la dotación de seguridad del modelo. Además, asegura que el trabajo realizado para mejorar la capacidad de torsión del vehículo le permitirá conseguir un mínimo de cuatro estrellas en las pruebas de choque EuroNCAP (el reto está echado…)

Lo presentan como su mayor abanderado, ya que afirman que será el encargado de encabezar sus ventas, sobre todo en el acabado más alto (si sigues leyendo, te explicaremos cuáles son sus diferencias).

Incorpora un motor MZR 1.6, de aleación de aluminio y admisión variable. Al igual que el 2.0, tiene doble árbol de levas en culata y cuatro cilindros en línea. Sube muy bien de vueltas y también se muestra eficaz abajo: según datos oficiales, alcanza un par máximo de 145 Nm a 4.000 rpm, acelera de 0 a 100 km/h en 11 segundos y logra una velocidad punta de 182 km/h.

En este modelo, la dirección es hidráulica (mientras que en el 2.0 se ha optado por una electrohidráulica). La diferencia entre ambas no se nota tanto en carretera como en el consumo (la electrohidráulica no resta tanta potencia al motor, ya que está regida de forma eléctrica y –para decirlo de manera coloquial- “descansa” cuando la dirección no se mueve). Ambas han resultado precisas, quizás un poco más blanda la del 1.6.

Otra de las novedades del Mazda3 es el cambio por cable, un diseño elaborado para anular las vibraciones del motor en la palanca de cambios. Se ha optado por unos desarrollos cortos, en busca de un comportamiento más dinámico. La palanca tiene buen tacto (el pomo es de cuero) y su manejo resulta muy rápido e intuitivo.

Con este motor, también se puede montar un cambio automático de cuatro velocidades, bautizado como “Activematic”. Permite un funcionamiento pseudomanual, porque nosotros podemos incrementar o reducir marchas de forma manual. Quizás sea el uso más recomendado, ya que tiene un diseño demasiado deportivo: hay que llegar casi hasta las 6.000 rpm antes de que cambie y también tarda demasiado en reducir, por lo que nos obligará a pisar constantemente el freno con el fin de que el coche "lea" nuestras intenciones y baje de marcha.

Otros fabricantes añaden a estos cambios varios programas distintos de funcionamiento: habitualmente el “normal” está orientado a una conducción más tranquila, mientras que se reservan uno “sport” para un uso más dinámico. Algunos incluso añaden uno especial para la nieve o situaciones de adherencia difícil. En el caso de Mazda, el normal ya es de por sí tan deportivo que, de incluir algún otro, sería uno destinado a ahorrar más combustible. Sin embargo, ¿para qué? El Mazda3 tiene claramente identificado a su público.

Sin duda, es la versión que más nos ha gustado y no sólo por la diferencia de prestaciones, también por el agrado de conducción que aporta. Tiene 150 CV de potencia y un par máximo de 19,08 Mkg a 4.500 rpm, que le permiten –siempre según datos oficiales- obtener una aceleración 0 a 100 km/h en 9 segundos y una velocidad punta de 200 km/h.

No cabe duda de que resulta mucho más despierto que sus hermanos de gama, pero –además- está mejor insonorizado. Los ruidos del motor no se filtran tanto en el habitáculo como en el caso del 1.6.

Además, esta mecánica tiene su propio acabado, el Sportive, el más alto de gama. Como ya hemos mencionado, incluye el control de tracción y el de estabilidad de serie, pero –además- incorpora airbag de cortina, sensor de lluvia y un sistema de encendido de luces automático: conecta los faros aunque detecte luz encima y oscuridad delante, ya que sobrentiende que está en un túnel, pero no lo hará si pasamos momentáneamente por zonas en sombra.

Las diferencias también son estéticas: junto a este motor, se añaden en España neumáticos más grandes (205/50 R17) con llantas de aleación de 17 pulgadas.

Su configuración, con su gran batalla (2,64 m), le ha servido para conseguir mucho aplomo en carretera. El Mazda3 está pensado para ofrecer mucha diversión al volante y, lo que es más importante, confianza al conductor. Para ello, han optado por una suspensión delantera tipo MacPherson y una suspensión trasera multibrazo. Este conjunto se muestra muy eficaz, sobre todo en la versión de dos litros, que cuenta con un tarado de muelles más duro.

Su equipo de frenos también actúa con solvencia. Opta por discos ventilados en el eje delantero (de 278 mm para la versión de 1,6 litros y de 300 mm, para la de 2 litros) y macizos en el trasero (265 mm y 280 mm). Los datos oficiales apuntan a que podrá frenar lanzado a 100 km/h en 37 metros, unas marcas muy a tener en cuenta.

Mazda quiere potenciar aún más su fama de marca de carácter deportivo y todo el trabajo de sus mecánicos va destinado a este fin. El coche se agarra bien en curvas mostrando un ligero subviraje ante excesos sobre el acelerador. Sin embargo, en la mecánica 1.6, no se puede montar (ni siquiera opcionalmente) el control de estabilidad, éste -junto con el de tracción- quedan reservados para la versión de dos litros.

A pesar de esta carencia, que consideramos muy importante, Mazda presume de la dotación de seguridad del modelo. Además, asegura que el trabajo realizado para mejorar la capacidad de torsión del vehículo le permitirá conseguir un mínimo de cuatro estrellas en las pruebas de choque EuroNCAP (el reto está echado…)

Lo presentan como su mayor abanderado, ya que afirman que será el encargado de encabezar sus ventas, sobre todo en el acabado más alto (si sigues leyendo, te explicaremos cuáles son sus diferencias).

Incorpora un motor MZR 1.6, de aleación de aluminio y admisión variable. Al igual que el 2.0, tiene doble árbol de levas en culata y cuatro cilindros en línea. Sube muy bien de vueltas y también se muestra eficaz abajo: según datos oficiales, alcanza un par máximo de 145 Nm a 4.000 rpm, acelera de 0 a 100 km/h en 11 segundos y logra una velocidad punta de 182 km/h.

En este modelo, la dirección es hidráulica (mientras que en el 2.0 se ha optado por una electrohidráulica). La diferencia entre ambas no se nota tanto en carretera como en el consumo (la electrohidráulica no resta tanta potencia al motor, ya que está regida de forma eléctrica y –para decirlo de manera coloquial- “descansa” cuando la dirección no se mueve). Ambas han resultado precisas, quizás un poco más blanda la del 1.6.

Otra de las novedades del Mazda3 es el cambio por cable, un diseño elaborado para anular las vibraciones del motor en la palanca de cambios. Se ha optado por unos desarrollos cortos, en busca de un comportamiento más dinámico. La palanca tiene buen tacto (el pomo es de cuero) y su manejo resulta muy rápido e intuitivo.

Con este motor, también se puede montar un cambio automático de cuatro velocidades, bautizado como “Activematic”. Permite un funcionamiento pseudomanual, porque nosotros podemos incrementar o reducir marchas de forma manual. Quizás sea el uso más recomendado, ya que tiene un diseño demasiado deportivo: hay que llegar casi hasta las 6.000 rpm antes de que cambie y también tarda demasiado en reducir, por lo que nos obligará a pisar constantemente el freno con el fin de que el coche "lea" nuestras intenciones y baje de marcha.

Otros fabricantes añaden a estos cambios varios programas distintos de funcionamiento: habitualmente el “normal” está orientado a una conducción más tranquila, mientras que se reservan uno “sport” para un uso más dinámico. Algunos incluso añaden uno especial para la nieve o situaciones de adherencia difícil. En el caso de Mazda, el normal ya es de por sí tan deportivo que, de incluir algún otro, sería uno destinado a ahorrar más combustible. Sin embargo, ¿para qué? El Mazda3 tiene claramente identificado a su público.

Sin duda, es la versión que más nos ha gustado y no sólo por la diferencia de prestaciones, también por el agrado de conducción que aporta. Tiene 150 CV de potencia y un par máximo de 19,08 Mkg a 4.500 rpm, que le permiten –siempre según datos oficiales- obtener una aceleración 0 a 100 km/h en 9 segundos y una velocidad punta de 200 km/h.

No cabe duda de que resulta mucho más despierto que sus hermanos de gama, pero –además- está mejor insonorizado. Los ruidos del motor no se filtran tanto en el habitáculo como en el caso del 1.6.

Además, esta mecánica tiene su propio acabado, el Sportive, el más alto de gama. Como ya hemos mencionado, incluye el control de tracción y el de estabilidad de serie, pero –además- incorpora airbag de cortina, sensor de lluvia y un sistema de encendido de luces automático: conecta los faros aunque detecte luz encima y oscuridad delante, ya que sobrentiende que está en un túnel, pero no lo hará si pasamos momentáneamente por zonas en sombra.

Las diferencias también son estéticas: junto a este motor, se añaden en España neumáticos más grandes (205/50 R17) con llantas de aleación de 17 pulgadas.

Su configuración, con su gran batalla (2,64 m), le ha servido para conseguir mucho aplomo en carretera. El Mazda3 está pensado para ofrecer mucha diversión al volante y, lo que es más importante, confianza al conductor. Para ello, han optado por una suspensión delantera tipo MacPherson y una suspensión trasera multibrazo. Este conjunto se muestra muy eficaz, sobre todo en la versión de dos litros, que cuenta con un tarado de muelles más duro.

Su equipo de frenos también actúa con solvencia. Opta por discos ventilados en el eje delantero (de 278 mm para la versión de 1,6 litros y de 300 mm, para la de 2 litros) y macizos en el trasero (265 mm y 280 mm). Los datos oficiales apuntan a que podrá frenar lanzado a 100 km/h en 37 metros, unas marcas muy a tener en cuenta.

Mazda quiere potenciar aún más su fama de marca de carácter deportivo y todo el trabajo de sus mecánicos va destinado a este fin. El coche se agarra bien en curvas mostrando un ligero subviraje ante excesos sobre el acelerador. Sin embargo, en la mecánica 1.6, no se puede montar (ni siquiera opcionalmente) el control de estabilidad, éste -junto con el de tracción- quedan reservados para la versión de dos litros.

A pesar de esta carencia, que consideramos muy importante, Mazda presume de la dotación de seguridad del modelo. Además, asegura que el trabajo realizado para mejorar la capacidad de torsión del vehículo le permitirá conseguir un mínimo de cuatro estrellas en las pruebas de choque EuroNCAP (el reto está echado…)

Lo presentan como su mayor abanderado, ya que afirman que será el encargado de encabezar sus ventas, sobre todo en el acabado más alto (si sigues leyendo, te explicaremos cuáles son sus diferencias).

Incorpora un motor MZR 1.6, de aleación de aluminio y admisión variable. Al igual que el 2.0, tiene doble árbol de levas en culata y cuatro cilindros en línea. Sube muy bien de vueltas y también se muestra eficaz abajo: según datos oficiales, alcanza un par máximo de 145 Nm a 4.000 rpm, acelera de 0 a 100 km/h en 11 segundos y logra una velocidad punta de 182 km/h.

En este modelo, la dirección es hidráulica (mientras que en el 2.0 se ha optado por una electrohidráulica). La diferencia entre ambas no se nota tanto en carretera como en el consumo (la electrohidráulica no resta tanta potencia al motor, ya que está regida de forma eléctrica y –para decirlo de manera coloquial- “descansa” cuando la dirección no se mueve). Ambas han resultado precisas, quizás un poco más blanda la del 1.6.

Otra de las novedades del Mazda3 es el cambio por cable, un diseño elaborado para anular las vibraciones del motor en la palanca de cambios. Se ha optado por unos desarrollos cortos, en busca de un comportamiento más dinámico. La palanca tiene buen tacto (el pomo es de cuero) y su manejo resulta muy rápido e intuitivo.

Con este motor, también se puede montar un cambio automático de cuatro velocidades, bautizado como “Activematic”. Permite un funcionamiento pseudomanual, porque nosotros podemos incrementar o reducir marchas de forma manual. Quizás sea el uso más recomendado, ya que tiene un diseño demasiado deportivo: hay que llegar casi hasta las 6.000 rpm antes de que cambie y también tarda demasiado en reducir, por lo que nos obligará a pisar constantemente el freno con el fin de que el coche "lea" nuestras intenciones y baje de marcha.

Otros fabricantes añaden a estos cambios varios programas distintos de funcionamiento: habitualmente el “normal” está orientado a una conducción más tranquila, mientras que se reservan uno “sport” para un uso más dinámico. Algunos incluso añaden uno especial para la nieve o situaciones de adherencia difícil. En el caso de Mazda, el normal ya es de por sí tan deportivo que, de incluir algún otro, sería uno destinado a ahorrar más combustible. Sin embargo, ¿para qué? El Mazda3 tiene claramente identificado a su público.

Sin duda, es la versión que más nos ha gustado y no sólo por la diferencia de prestaciones, también por el agrado de conducción que aporta. Tiene 150 CV de potencia y un par máximo de 19,08 Mkg a 4.500 rpm, que le permiten –siempre según datos oficiales- obtener una aceleración 0 a 100 km/h en 9 segundos y una velocidad punta de 200 km/h.

No cabe duda de que resulta mucho más despierto que sus hermanos de gama, pero –además- está mejor insonorizado. Los ruidos del motor no se filtran tanto en el habitáculo como en el caso del 1.6.

Además, esta mecánica tiene su propio acabado, el Sportive, el más alto de gama. Como ya hemos mencionado, incluye el control de tracción y el de estabilidad de serie, pero –además- incorpora airbag de cortina, sensor de lluvia y un sistema de encendido de luces automático: conecta los faros aunque detecte luz encima y oscuridad delante, ya que sobrentiende que está en un túnel, pero no lo hará si pasamos momentáneamente por zonas en sombra.

Las diferencias también son estéticas: junto a este motor, se añaden en España neumáticos más grandes (205/50 R17) con llantas de aleación de 17 pulgadas.

Su configuración, con su gran batalla (2,64 m), le ha servido para conseguir mucho aplomo en carretera. El Mazda3 está pensado para ofrecer mucha diversión al volante y, lo que es más importante, confianza al conductor. Para ello, han optado por una suspensión delantera tipo MacPherson y una suspensión trasera multibrazo. Este conjunto se muestra muy eficaz, sobre todo en la versión de dos litros, que cuenta con un tarado de muelles más duro.

Su equipo de frenos también actúa con solvencia. Opta por discos ventilados en el eje delantero (de 278 mm para la versión de 1,6 litros y de 300 mm, para la de 2 litros) y macizos en el trasero (265 mm y 280 mm). Los datos oficiales apuntan a que podrá frenar lanzado a 100 km/h en 37 metros, unas marcas muy a tener en cuenta.

Mazda quiere potenciar aún más su fama de marca de carácter deportivo y todo el trabajo de sus mecánicos va destinado a este fin. El coche se agarra bien en curvas mostrando un ligero subviraje ante excesos sobre el acelerador. Sin embargo, en la mecánica 1.6, no se puede montar (ni siquiera opcionalmente) el control de estabilidad, éste -junto con el de tracción- quedan reservados para la versión de dos litros.

A pesar de esta carencia, que consideramos muy importante, Mazda presume de la dotación de seguridad del modelo. Además, asegura que el trabajo realizado para mejorar la capacidad de torsión del vehículo le permitirá conseguir un mínimo de cuatro estrellas en las pruebas de choque EuroNCAP (el reto está echado…)

Lo presentan como su mayor abanderado, ya que afirman que será el encargado de encabezar sus ventas, sobre todo en el acabado más alto (si sigues leyendo, te explicaremos cuáles son sus diferencias).

Incorpora un motor MZR 1.6, de aleación de aluminio y admisión variable. Al igual que el 2.0, tiene doble árbol de levas en culata y cuatro cilindros en línea. Sube muy bien de vueltas y también se muestra eficaz abajo: según datos oficiales, alcanza un par máximo de 145 Nm a 4.000 rpm, acelera de 0 a 100 km/h en 11 segundos y logra una velocidad punta de 182 km/h.

En este modelo, la dirección es hidráulica (mientras que en el 2.0 se ha optado por una electrohidráulica). La diferencia entre ambas no se nota tanto en carretera como en el consumo (la electrohidráulica no resta tanta potencia al motor, ya que está regida de forma eléctrica y –para decirlo de manera coloquial- “descansa” cuando la dirección no se mueve). Ambas han resultado precisas, quizás un poco más blanda la del 1.6.

Otra de las novedades del Mazda3 es el cambio por cable, un diseño elaborado para anular las vibraciones del motor en la palanca de cambios. Se ha optado por unos desarrollos cortos, en busca de un comportamiento más dinámico. La palanca tiene buen tacto (el pomo es de cuero) y su manejo resulta muy rápido e intuitivo.

Con este motor, también se puede montar un cambio automático de cuatro velocidades, bautizado como “Activematic”. Permite un funcionamiento pseudomanual, porque nosotros podemos incrementar o reducir marchas de forma manual. Quizás sea el uso más recomendado, ya que tiene un diseño demasiado deportivo: hay que llegar casi hasta las 6.000 rpm antes de que cambie y también tarda demasiado en reducir, por lo que nos obligará a pisar constantemente el freno con el fin de que el coche "lea" nuestras intenciones y baje de marcha.

Otros fabricantes añaden a estos cambios varios programas distintos de funcionamiento: habitualmente el “normal” está orientado a una conducción más tranquila, mientras que se reservan uno “sport” para un uso más dinámico. Algunos incluso añaden uno especial para la nieve o situaciones de adherencia difícil. En el caso de Mazda, el normal ya es de por sí tan deportivo que, de incluir algún otro, sería uno destinado a ahorrar más combustible. Sin embargo, ¿para qué? El Mazda3 tiene claramente identificado a su público.

Sin duda, es la versión que más nos ha gustado y no sólo por la diferencia de prestaciones, también por el agrado de conducción que aporta. Tiene 150 CV de potencia y un par máximo de 19,08 Mkg a 4.500 rpm, que le permiten –siempre según datos oficiales- obtener una aceleración 0 a 100 km/h en 9 segundos y una velocidad punta de 200 km/h.

No cabe duda de que resulta mucho más despierto que sus hermanos de gama, pero –además- está mejor insonorizado. Los ruidos del motor no se filtran tanto en el habitáculo como en el caso del 1.6.

Además, esta mecánica tiene su propio acabado, el Sportive, el más alto de gama. Como ya hemos mencionado, incluye el control de tracción y el de estabilidad de serie, pero –además- incorpora airbag de cortina, sensor de lluvia y un sistema de encendido de luces automático: conecta los faros aunque detecte luz encima y oscuridad delante, ya que sobrentiende que está en un túnel, pero no lo hará si pasamos momentáneamente por zonas en sombra.

Las diferencias también son estéticas: junto a este motor, se añaden en España neumáticos más grandes (205/50 R17) con llantas de aleación de 17 pulgadas.

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