Bruselas se vuelca a medias con el hidrógeno

Un cierto sabor a decepción recorrió ayer los ambientes de la Unión Europea familiarizados con la energía y los transportes. Se reunían la Comisión Europea y un grupo de expertos en el uso del hidrógeno como fuente energética para impulsar esta alternativa en el continente. Los buenos propósitos resultantes no fueron acompañados de promesas económicas.
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Bruselas se vuelca a medias con el hidrógeno
Bruselas se vuelca a medias con el hidrógeno

Loyola de Palacio, comisaria europea de Energía y Transportes, encabezó la representación comunitaria en el encuentro con el comité de sabios y expertos convocado por Bruselas. De Palacio recibió de manos de estos especialistas una propuesta de programa que supone el trazado de un plan de acción a corto plazo que terminaría en 2010, pero tendría repercusiones sobre un programa mucho más amplio, a dos o tres décadas vista.
El objetivo final es abandonar la dependencia del carbón y el petróleo que todavía sufre Europa. En ese basto programa debería haber un marco político que abarque coherentemente el transporte, la energía y el medio ambiente.

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p> Las leyes deberán prever importantes aumentos en el dinero que se destina a la investigación y el desarrollo de estas técnicas, además de su progresiva implantación en la sociedad. Desde la iluminación de las calles hasta la propulsión de coches o autobuses, todo debe ser revisado y replanificado en Europa para que el hidrógeno se haga cargo de su alimentación.

De Palacio ha valorado muy positivamente este plan y ha asegurado que el objetivo de la Unión Europea debe ser conseguir un hidrógeno libre de dióxido de carbono a un precio competitivo, fácil de almacenar y que ayude a estabilizar la naturaleza intermitente de las fuentes de energía renovables.

Emplear hidrógeno como combustible es una vieja y muy costosa idea. Es un elemento que no se encuentra aislado en la naturaleza, con lo que es necesario someterlo a procesos físico-químicos para separarlo y poder emplearlo como fuente de energía. En el caso de la automoción hay varias alternativas. La más conocida y con más futuro es la de células de combustible. Una célula no es más que una membrana donde se mezclan el hidrógeno y el oxígeno de la atmósfera. La mezcla produce una reacción química que da lugar a una corriente eléctrica. Esta electricidad sirve para mover un motor eléctrico de mayores o menores dimensiones, además de abastecer cualquier otro dispositivo eléctrico o electrónico del vehículo. Lo mejor es que el residuo es simplemente agua.
La industria todavía se plantea muchos inconvenientes, como la dificultad de embarcar el hidrógeno (muy inestable) en los coches. También es complicada la creación de una red de “hidrogeneras” que de servicio a estos motores.
También aparecen nubarrones: los ecologistas apuntan que la electrólisis, proceso de aislamiento del hidrógeno, consume tanta energía y, por tanto, contamina tanto, que no se sabe hasta qué punto llega a compensar. Si quieres saber más, no te pierdas nuestro reportaje sobre este tema.

La comisaria española reconoce que hacen falta “miles de millones de euros” para darle a la nueva tecnología la dimensión que el futuro le reclama. Tanto ella como Romano Prodi, presidente de la Comisión, incidieron en la necesidad de aumentar la investigación y alcanzar los niveles necesarios de competitividad económica y seguridad de esta energía. Sin embargo, ninguno de los dos aventuró una cantidad de dinero para financiar los trabajos necesarios.

Los representantes de la Comisión celebraron el plan de lo expertos, lo festonearon de buenas palabras y, a la hora de la verdad, no supieron ponerle precio. El comisario europeo de Investigación, Phililppe Busquin, explicó que es muy difícil determinar el presupuesto de la Unión en este campo, porque “al montante comunitario hay que sumarle los esfuerzos nacionales”.

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p> El hecho es que la Unión, en el periodo 2002-2006 destinará sólo 300 millones de euros a la investigación en hidrógeno y pilas de combustible, mientras que Estados Unidos, por ejemplo, dedicará hasta 1.700 millones para el mismo quinquenio. Busquin habló de “ambiciones” similares a las de Estados Unidos y Japón, la otra gran “hidropotencia”, pero escurrió el bulto a la hora de precisar cifras, con lo que la prensa y los especialistas presentes en Bruselas se fueron de vacío.

Para dar contenido a las cifras, César Dopazo, director del Centro Español de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat), ha sugerido utilizar el presupuesto militar.
Según Dopazo, la Comisión Europea, los gobiernos que la componen y sus respectivos departamentos de Defensa deben coordinarse para que no vaya cada uno “por libre”.

Sin embargo, sí hubo concreciones ayer en la sede del gobierno europeo. La Unión suscribió un convenio con Estados Unidos para cofinanciar proyectos de investigación en pilas de combustible. En virtud de este acuerdo, europeos y americanos participarán en el desarrollo de nuevos prototipos de transportes propulsados por hidrógeno, así como en la unificación de códigos y estándares comunes.

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p> Ahora, la Comisión Europea es la encargada de discutir con Washington qué proyectos se financian. La idea es conocer la mejor forma de ahorrar costes y mejorar el rendimiento y la duración de las pilas.

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