La UE confía en el hidrógeno

La Unión Europea es un organismo pesado y lento que toma decisiones con excesiva calma. Sin embargo, cuando las toma son definitivas y cambian radicalmente el panorama de aquello a lo que afecten. Esta vez, la UE se ha puesto seria con la propulsión de hidrógeno, una técnica en la que ya ha invertido mucho dinero pero que ahora quiere promocionar de forma definitiva.
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La UE confía en el hidrógeno

Un comité de sabios y expertos en el hidrógeno y las pilas de combustible se reúne hoy en Bruselas para analizar lo que se hace en Europa en este campo y orientar las políticas que llevarán a la Unión a competir con Estados Unidos y Japón, líderes en esta nueva tecnología.

En Bruselas quieren recortar la ventaja que llevan americanos y asiáticos, por lo que no han dudado en citar a los mejores especialistas del mundo. De este encuentro deberá salir una serie de indicaciones y directrices que los legisladores habrán de tener en cuenta a la hora de redactar las directivas y reglamentos que impulsen esta tecnología en Europa.

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p> En su propuesta de partida, los expertos dibujan un plan de acción a corto plazo que terminaría en 2010, pero tendría repercusiones sobre un programa mucho más amplio, a dos o tres décadas vista. El objetivo final es abandonar la dependencia del carbón y el petróleo que todavía sufre Europa. En ese basto programa debería haber un marco político que abarque coherentemente el transporte, la energía y el medio ambiente.
Las leyes deberán prever importantes aumentos en el dinero que se destina a la investigación y el desarrollo de estas técnicas, además de su progresiva implantación en la sociedad. Desde la iluminación de las calles hasta la propulsión de coches o autobuses, todo debe ser revisado y replanificado en Europa para que el hidrógeno se haga cargo de su alimentación.
En los próximos días sabremos qué decisiones toman estos expertos y, en consecuencia, qué dirección toma la Unión Europea para seguir la estela de Estados Unidos, un país que destinará 1.700 millones de dólares a impulsar el hidrógeno durante los cinco años venideros.

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Emplear hidrógeno como combustible es una vieja y muy costosa idea. Es un elemento que no se encuentra aislado en la naturaleza, con lo que es necesario someterlo a procesos físico-químicos para separarlo y poder emplearlo como fuente de energía.
En el caso de la automoción hay varias alternativas. La más conocida y con más futuro es la de células de combustible. Una célula no es más que una membrana donde se mezclan el hidrógeno y el oxígeno de la atmósfera. La mezcla produce una reacción química que da lugar a una corriente eléctrica. Esta electricidad sirve para mover un motor eléctrico de mayores o menores dimensiones, además de abastecer cualquier otro dispositivo eléctrico o electrónico del vehículo. Lo mejor es que el residuo es simplemente agua.
La industria todavía se plantea muchos inconvenientes, como la dificultad de embarcar el hidrógeno (muy inestable) en los coches. También es complicada la creación de una red de “hidrogeneras” que de servicio a estos motores.
También aparecen nubarrones: los ecologistas apuntan que la electrólisis, proceso de aislamiento del hidrógeno, consume tanta energía y, por tanto, contamina tanto, que no se sabe hasta qué punto llega a compensar. Si quieres saber más, no te pierdas nuestro reportaje sobre este tema.

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