Ford cumple 100 años

Un día como hoy, 16 de junio, de 1903, un avispado comerciante de origen irlandés fundaba una pequeña empresa llamada a cambiar para siempre el mundo. Era la Ford Motor Company, una firma revolucionaria que cumple su primer siglo de vida aupada al segundo puesto en el escalafón mundial de los fabricantes de coches.
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Ford cumple 100 años
Ford cumple 100 años

Por aquel entonces, Henry Ford ya tenía 40 años y las ideas muy claras. Se había criado en los mejores momentos del capitalismo americano y creía en el Taylorismo como forma fundamental de organizar el trabajo. La automoción de aquellos tiempos era todavía cosa de herreros metidos a ingenieros. Ford sólo tenía la segunda mitad del binomio y desterró para siempre la idea del artesano. Implantó en su fábrica las cadenas de montaje y cambió radicalmente la concepción de la industria y, por ósmosis, del resto de industrias.

A Henry Ford y sus métodos de organización debe la sociedad actual una nueva filosofía del trabajo, el fordismo. Se trata de una serie de normas regularizadoras del trabajo, que se desarrolló concentrando la producción en grandes establecimientos, produciendo en series largas productos homogéneos a fin de lograr economías a escala. La definición en sentido estricto del fordismo se ha ampliado para abarcar una serie de normas que no sólo tratan de la organización de los procesos productivos (sobre todo de la organización del factor trabajo), sino que también analizan los objetivos productivos y los métodos para resolver conflictos laborales.

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p> El método de producción fordista implica la combinación del taylorismo con la creciente mecanización de grandes empresas con muchas líneas productivas, asociadas con la aplicación de la cadena de montaje, la selección uniforme de los componentes y de los productos finales.
Una idea principal del fordismo es que los medios de trabajo requieren para funcionar correctamente que las piezas o partes estén fabricadas con precisión y uniformidad para que sean intercambiables. Esto se logra con la ayuda de la cadena de montaje y de una racionalización en cuanto a la provisión de stocks.
Las mejoras se consiguen también con el mejoramiento en máquinas y en técnicas de producción. La complejidad del equipamiento exige mayor formación en el personal, y por lo tanto mayor especialización del mismo; o sea, exigen un menor esfuerzo físico muscular pero implican una mayor carga mental. El proceso de trabajo fordista, requiere también de la existencia de trabajadores altamente calificados, situados fuera de la línea de montaje, encargados del diseño de productos, de la programación de la producción, de tareas de mantenimiento y reparaciones.

Un siglo después, Ford es un gigante que opera a escala planetaria, vede casi siete millones de vehículos por año, financia más de cuatro millones y alquila vehículos por valor de 5.000 millones de dólares. Todo esto se logra a través de un tejido de marcas y compañías menores que incluye nombres de la solera de Lincoln, Mercury, Mazda, Jaguar, Volvo, Land Rover o la elitista Aston Martin.

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p> Pero no todo es brillo. En los últimos años la compañía se ha tambaleado seriamente y ha tenido que hacer un esfuerzo enorme para reducir sus gastos y afrontar el segundo siglo de vida con garantías. Dirigida por William Clay Ford, bisnieto del fundador, la empresa afronta el cierre de cinco factorías, el despido de varios miles de empleados y una crisis de ventas en Estados Unidos que amenaza con socavar sus cimientos.
Pero, por encima del día a día, hoy es una fecha para recordar y celebrar. Los aficionados y amantes de Ford tienen una larga historia para contar y escuchar.

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El primer coche de Henry Ford fue el Ford A, un rudimentario automóvil que se movía con un motor de gasolina y que empezó a venderse en octubre de 1903 en las calles de Detroit, una ciudad bendecida por la automoción. Ford sorprendió al mundo fabricando 25 coches al día, unas cifras desconocidas en aquella época.

Poco a poco fue haciéndose fuerte hasta que en 1908 dio el salto definitivo. Ese año diseñó el Ford T, un coche indestructible, barato (850 dólares), con un cambio fácil de utilizar y, lo mejor, producido completamente en cadena. El éxito se estudia hoy en los libros de Historia y Economía. El Ford T puso ruedas a la sociedad de su tiempo y alcanzó unas ventas de 10.660 unidades en su primer año de vida, con lo que se convirtió en el primer coche popular y asequible. Cuando dejó de producirse, en 1927, había más de 15 millones de unidades rodando por todo el mundo. Ford ya era un coloso. Sin embargo, para esa época, otra marca le disputaba el liderazgo en ventas: General Motors, otro gigante que, copiando los métodos de producción de Ford, había sabido captar mejor los gustos de los americanos de entreguerras.

Espoleado, Ford modernizó la empresa y su gestión. Los nuevos nombres apostaron fuerte por el diseño, la ingeniería y los precios bajos. Modelos como el Ford 1949 ,con suspensión delantera independiente, fueron el principio de la recuperación y la entrada a unos esplendorosos años 50. En dura lucha con General Motors por el liderazgo, Ford lanzó al mercado coches de leyenda, como el Thunderbild y, en 1965, el Mustang, uno de los iconos del siglo XX.

Ya en los 70, Ford da el salto mundial. Con la empresa en manos de Henry Ford II, se abren fábricas en todo el mundo y se presenta la primera política de bastidores, buscando el coche global. Los superventas Escort y Fiesta son los mejores ejemplos de este cambio de orientación.

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p> Los 80 fueron los años de la compra de marcas históricas venidas a menos o metidas en problemas, como Jaguar, a la que se unieron en los 90 Volvo y Aston Martin y, más recientemente, Mazda y Land Rover.

En los últimos tiempos, Ford ha avanzado en tres frentes bien diferenciados. Continúa con su política de coches asequibles y piezas compartidas.

Rescata modelos históricos y los pone al día, como el GT 40 y, sobre todo, avanza en las nuevas tecnologías, con la llegada de la telemática y los más revolucionarios métodos de propulsión, como el motor de hidrógeno.

Un siglo después, Ford sigue a la cabeza de la automoción mundial.
Su viejo logotipo ovalado es reconocido a la primera en todo el planeta y, si William Clay Ford y su gente acaban de enderezar el rumbo, como así parece, la marca afronta su segundo siglo con muy buenas perspectivas.
El sueño de un visionario se ha cumplido con 300 millones de coches vendidos en un siglo.

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En un siglo se producen muchos fallos. El más sangrante de la historia de Ford se produjo en 2000, cuando estalló el escándalo de los neumáticos Firestone. Los todo terreno Explorer de Ford equipados con ruedas de esta firma sufrieron una plaga de accidentes que ocasionó varios muertos. Las gomas reventaban sin motivo aparente, lo que llevó en un primer momento a culpar a los neumáticos de los percances. Sin embargo, Firestone-Bridgestone reaccionó y acusó a Ford de diseñar mal los Explorer. El caso, todavía en los tribunales, acabó con la casi centenaria cooperación entre ambas marcas y con la sustitución de 13 millones de neumáticos.

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